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Aragón

COOPERACIÓN TRANSFRONTERIZA

Las regiones francesas del sur miran cada vez más a Portbou e Irún

Abrirse al sur de Francia ha sido una constante de las fuerzas políticas y sociales aragonesas. Pero Aragón choca con el centralismo francés, mientras los habitantes de Burdeos y Toulouse miran más a los extremos: Portbou y Hendaya. El efecto de atracción de Zaragoza con la Expo se ha disuelto.

Acopio de materiales ferroviarios, traviesas y raíles en la estación de Santa María y La Peña
Las regiones francesas del sur miran cada vez más a Portbou e Irún
RAFAEL GOBANTES

Si hoy, último día de febrero, un ciudadano pirenaico de Bedous echa en el buzón un paquete con destino a Canfranc, a 36 kilómetros, el envío romperá todas las leyes del sentido común de la logística. Lo que podría ser un jornada de trasiego se convertirá en una semana. El paquete en cuestión irá primero a Olorón, después a Pau. De allí llegará hasta París, de donde se remitirá a Madrid para llegar hasta el Alto Aragón. Esta imagen, que ilustra el artista aragonés afincado en el Valle del Aspe, Pepe Cerdá, muestra cómo son de irracionales las relaciones entre Aragón y el sur de Francia.

Cerdá vive en Bedous, junto a la estrecha carretera N-234, que es surcada por vehículos y camiones de maíz en dirección a un túnel que en España se conecta con la autovía Mudéjar. En Francia no deja de ser un cuello de botella con más de 15 km por acondicionar y con más de seis puntos negros. "Yo soy ya casi el único político que defiende unas comunicaciones dignas con España", dice René Rose, alcalde del pequeño municipio de Borces y presidente de la comarca del Aspe. Ya no existe oposición medioambiental como la protagonizada en la década de los 90 el mítico alternativo Petetin, pero el problema es que "estamos muy lejos de París donde se decide todo".

Rose está satisfecho con los avances en la autovía Pau-Burdeos, que estará en funcionamiento en dos años, pero teme aún más los perjuicios del aumento del tráfico en el valle. Cerdá, por su parte, es tajante: "Hasta que Sarkozy y Zapatero no se empeñen aquí no se hará ni el Canfranc, ni la Travesía Central ni ninguna otra mejora".

Y es que las comunicaciones han marcado las relaciones entre los dos territorios a un lado y otro de la cadena montañosa. Son un total de 135 kilómetros, con dos regiones francesas (Midi Pyrénées y Aquitania) y tres pasos fronterizos: Somport, Portalet y Bielsa. El papel de París y Madrid es decisivo. "El reto está -insiste Manuel Teruel, presidente de las Cámara de Comercio de Zaragoza- en que el Gobierno central de Francia y la UE también lo vean así". "Francia y España deben liderar una apuesta estratégica por el sur del Mediterráneo", insiste Teruel.

Algo, en todo caso, está fallando, al margen de las deficientes comunicaciones, si se tiene en cuenta que el avión entre Toulouse y Zaragoza que se puso en marcha en abril de 2007 se tuviera que suspender a los cinco meses ante la escasa demanda.

En el siglo XIX, fueron los franceses, como Louis François Ramond de Carbonnière o más tarde Lucien Briet, quienes enseñaron al mundo los prodigios de la montaña pirenaica. Mientras, miles de aragoneses pasaban la frontera a pie para ir a la vendimia francesa o instalarse en ciudades como Beziers, Saint Gaudens Lannemezan, Tarbes o Pau. "Y es que en Francia se comía pizca", como relata Juana Cosculluela en su libro 'A Lueca'. Después, en el XX, al exilio económico se uniría el político, tras la Guerra civil.

En el siglo XXI se va poco a Francia. Nuestros vecinos nos visitan algo más. Aragón sigue teniendo encanto entre los franceses que vienen a caminar, practicar ciclismo, estudiar el clima. Así lo entiende Véronique Fourcade, periodista de 'Sud Ouest' natural de Pau y que ahora trabaja en Bayona. Fourcade destaca, sin embargo, que "cruzar el Portalet, el Somport o Bielsa siempre es sinónimo de viaje largo, sinuoso". Pero el turismo urbano es otra cosa. Thierry Proud-homme, también de Pau, y profesor de enseñanza profesional retirado, es claro: "Cuando se trata de turismo urbano, pensamos en Bilbao o en Barcelona. Zaragoza no es un destino de primer plato, ni siquiera de segundo".

"Falta de curiosidad"

Al escritor francés Santiago Mendieta siempre le ha sorprendido "la falta de curiosidad mutua entre ambas partes de la vertiente pirenaica". "Salvo para hablar de turismo o vender una imagen de cooperación por parte de las instituciones, los proyectos solo existen en los discursos. Me duele decirlo, ya que soy hijo de españoles". La relación comercial tampoco obedece a la cercanía existente. "La realidad es que todavía estamos lejos y no dejamos de tener la sensación de que se podría hacer mucho más, de que la cooperación entre empresas podría ser mucho más estrecha", dice Manuel Teruel.

El periodista de Toulouse Pascal Jalabert tampoco es muy optimista y destaca que no se puede hablar de relaciones destacables en investigación ni de carácter económico. Tanto Jalabert como Fourcade coinciden al afirmar que " Zaragoza tenía una imagen muy dinámica antes y durante la Expo, pero que el freno económico de la crisis ha cortado las alas durante el despegue". Y otra razón destacable que subrayan todos los entrevistados en Francia: "Toulouse y Burdeos miran ahora a Barcelona y Irún por donde están proyectados los ejes de la alta velocidad".

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