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EL PROCESO JUDICIAL DEL JUCIO DE FAGO

Las diez claves de un sumario de 4.328 folios

1. El fatídico kilómetro 11,100. El cadáver del alcalde de Fago fue hallado en la cuneta de la carretera que une la localidad con Majones.
Las diez claves de un sumario de 4.328 folios
HERALDO

El 13 de enero de 2007, a las 8.30, la mujer del alcalde de Fago llamó a la Guardia Civil para denunciar su desaparición. Desde la tarde anterior, Miguel Grima no había contestado a sus llamadas y estaba muy preocupada. Unas horas después, se confirmaba el peor de sus presagios. El cadáver de su marido había aparecido tirado en una cuneta, con el pecho destrozado por las postas. Desde entonces, hasta ahora, el sumario del crimen ha ido sumando folios hasta alcanzar los 4.328. Son informes policiales y forenses, declaraciones, actas de registros... Material del que se dará sobrada cuenta durante las dos próximas semanas en el juicio que se celebrará en la Audiencia de Huesca contra Santiago Mainar. Estas serán algunas de las claves:

 

1. El cadáver no rodó por la ladera y quedó a dos metros de la cuneta. El cuerpo sin vida de Miguel Grima se encontró a 11 kilómetros de Fago. Sobre las dos de la tarde, el presidente de la comarca de la Jacetania, Alfredo Terrén, daba con el cadáver. Primero se percató de la presencia de un zapato y unas gafas. Pero un poco más abajo, sujeto por unas ramas, se hallaba el cuerpo del alcalde de Fago. Posiblemente, el asesino lo empujó para que rodara por la ladera, lo que hubiera retrasado bastante el hallazgo. Pero le fallaron los cálculos. Al encontrar tan pronto al fallecido, el cadáver apenas sufrió daños que dificultaran la investigación. Se examinaron algunas fibras halladas en su ropa por si el homicida había dejado algún rastro, pero no fue así. Sin embargo, a través de las lesiones que presentaba la víctima en el pecho se pudo determinar la distancia a la que le dispararon: 7 metros.

 

2. EL LABORATORIO CONFIRMÓ LA PRESENCIA DE ADN DE MAINAR EN EL COCHE DE LA VÍCTIMA. Para localizar el coche del alcalde de Fago hubo que esperar hasta el domingo, 14 de enero, pero el hallazgo resultó trascendental para la investigación. Sobre las 10.15, un grupo de cazadores se topó con el Mercedes a unos tres kilómetros de Berdún y a unos doce kilómetros del punto donde se halló el cadáver de Grima.

El Servicio de Criminalística de la Guardia Civil tomó 50 muestras del vehículo. Y el perfil genético de Santiago Mainar apareció en la denominada "Zona 1" o del conductor: concretamente, en la parte superior del volante, la palanca de cambios y el freno de mano. Los resultados provisionales del análisis de estos restos biológicos dieron pie a la inmediata detención del guarda forestal. Ahora, serán utilizados por la fiscalía y las acusaciones como una de las principales pruebas de cargo contra el procesado. Aunque en un primer momento Mainar dijo que no había subido en el coche de Grima desde hacía meses, luego rectificó y aseguró que lo había hecho para apartarlo del camino. De esta forma, intentaría justificar la presencia de sus células epiteliales en el turismo.

 

3. la escopeta no ha aparecido, pero se hallaron restos de pólvora en las manos del presunto asesino. El Instituto de Ciencias Forenses de Madrid elaboró un completo estudio sobre las heridas del cadáver de Grima: siete impactos de postas a la altura del corazón. El informe determinó que el disparo se hizo con una escopeta de caza cargada con un cartucho que contenía nueve postas de plomo. Solo una de ellas quedó alojada en el cuerpo de la víctima. El resto le atravesaron, como revelaron los seis orificios de la espalda.

 

Aunque se obligó a entregar sus escopetas a todos los cazadores de la zona, el arma homicida nunca ha aparecido. Esta circunstancia no ha impedido que el fiscal y las acusaciones imputen al presunto asesino un delito de tenencia ilícita de armas. En su primera declaración ante la Guardia Civil, Santiago Mainar dijo que se encontró la escopeta en el monte -cerca de sus naves- y que después de matar al alcalde la escondió en un camión con matrícula extranjera aparcado junto a un restaurante de Puente la Reina. Sobre este asunto se han hecho muchas especulaciones y se ha llegado a barajar la posibilidad de que una tercera persona ayudara al forestal a deshacerse del arma. Lo que resultó concluyente fue la conocida como prueba de la parafina, que permite hallar restos de disparos en el cabello y las manos de una persona. Tras elegir un primer grupo de posibles enemigos del alcalde, los investigadores les sometieron al análisis. El resultado solo fue positivo en el caso de Santiago Mainar, quien, paradójicamente, había declarado que tenía un rifle pero no lo había disparado desde hacía siete meses. Los dos microscopios electrónicos de barrido usados por Criminalística detectaron partículas de plomo, antimonio y bario en la mano izquierda del forestal. Luego lo justificó diciendo que cuando iba por el monte tocaba los árboles y en ellos hay restos de disparos de las cacerías.

 

4. la confesión del guarda forestal tras su detención, una prueba fundamental. Tanto para la juez del caso como para la fiscalía y las acusaciones, la confesión que Mainar hizo el 2 de febrero de 2007 admitiendo que él era el autor del asesinato de Grima es una pieza fundamental del caso. La autoinculpación no llegó sola, sino que fue producto de una investigación previa de Guardia Civil y que permitió reunir pruebas objetivas: el ADN de Mainar hallado en el coche de la víctima y los restos de disparos encontrados en sus manos.

 

Con el peso de estas dos claves y tras analizar testimonios y coartadas, los agentes decidieron ese día detener al forestal como sospechoso del crimen. Apenas unas horas después, asistido por un abogado y con la presencia del secretario judicial, Santiago Mainar comenzaba un pormenorizado relato de cómo planeó y ejecutó el asesinato de Miguel Grima y aportaba un móvil del crimen: "Estaba harto de tantas barbaridades". Su confesión está plagada de detalles que, según argumentan las acusaciones, solo el autor podía conocer. Sin embargo, Mainar diría en su posterior retractación que todo lo que dijo lo sabía porque se había publicado en la prensa.

 

El forestal contó que el 12 de enero había oído a Grima que tenía una reunión en Jaca. Se acordó del "desastre del arreglo de la pista de San Juan" (un camino que llega hasta su granja y que estaba intransitable en ese tramo) y pensó que era "la gota que colmaba el vaso". Recordó que tenía una escopeta guardada en el monte y que "sintió un impulso raro", que le hizo coger el arma, la cual describió al detalle: una escopeta de dos cañones paralelos completos (de las que no expulsan el cartucho). Sobre las 19.00, salió de su casa con un cartucho en el bolsillo y, caminanado en sentido a Majones, empezó a pensar en un sitio que conocía "desde el que se controla todo el valle" y "en el que siempre caen piedras a la carretera". Al llegar ese lugar, dos horas y cuarto después de haber salido de Fago, dijo que había "unas pocas piedras" en el asfalto y que decidió poner "algunas más y de mayor grosor". Después, esperó a que pasara el coche del alcalde. Contó que sabía que tenía que detenerse allí, ya que "toda la gente lo hace por prudencia y para no dañar los bajos del vehículo". El primero que llegó a ese punto fue otro conductor que, efectivamente, paró y quitó las piedras. Mainar se apartó para que no le viera y luego las volvió a poner. Cuando llegó Grima, observó cómo se detenía y bajaba a retirarlas. En ese momento, se acercó por detrás y, cuando el alcalde estaba junto a su coche, de pié y junto a la ventana del conductor, y a unos cinco metros de distancia, le disparó. Dijo que una de las postas rompió el cristal de la ventanilla. Cuando los agentes le preguntaron si Miguel Grima murió al instante, Mainar respondió que sí. Luego cogió el cadáver por una muñeca, lo arrastró y lo arrojó a la cuneta.

 

5. La guardia civil estudió metro a metro la carretera y dijo que la emboscada se hizo en el lugar perfecto. La Unidad Central Operativa elaboró un pormenorizado estudio de la carretera que une la N-240 con Fago, y llegó a la conclusión de que el asesino planificó perfectamente la emboscada y eligió el mejor punto posible para ejecutarla con éxito. El crimen se perpetró en el que se llamó "punto 12". Y de todos los enclaves analizados, este fue el mejor valorado, con un total de 30 puntos. Los especialistas entienden que era un lugar "único" y "especialmente idóneo" para acabar con la vida del alcalde de Fago.

 

La cobertura del móvil era perfecta (3 puntos). Aunque, en teoría, el asesino no esperaba la llamada de ningún cómplice, el teléfono podía servirle de coartada (manteniendo una conversación con cualquiera a esa hora).

 

La Guardia Civil valoró también la existencia de caminos cercanos para ocultar el coche del homicida (2 puntos). Pero la lista de elementos puntuables fue larga: la anchura del lugar, bastante grande (4 puntos); el espacio para maniobrar, suficiente (3); la visibilidad, muy buena (4); la frecuencia de desprendimientos, baja (2); la posibilidad de ocultación de una persona, adecuada (4); la capacidad de sorpresa, el autor controlaba la llegada de coches (4); distancia del escondite a la trampa, poca (3); detección del disparo, inaudible desde Majones (2).

 

6. Un conductor se cruzó con el asesino en la carretera y habló con él. Miguel Grima fue asesinado tras una emboscada y el asesino se amparó en la oscuridad de la noche. Sin embargo, un testigo se cruzó con él. Este fue el médico Iñaki Bidegain, residente en San Sebastián y con casa en Fago. Apenas unos instantes después de que el alcalde hubiera sido abatido de un certero disparo, el médico llegó con su coche al lugar. Con él iban su mujer y su hija. El asesino, que había visto aproximarse el vehículo, se montó en el de Miguel Grima y le dio la vuelta para deslumbrarle con las luces, al tiempo que escondía el cadáver tras el coche. Mainar y Bidegain se conocían perfectamente ya que eran amigos, pero el testigo explica que el criminal llevaba una linterna en la cabeza y que le fue imposible distinguirlo. Santiago Mainar, en su confesión, explicó que él sí que reconoció al médico de San Sebastián pero que "forzó la voz" cuando se dirigió a él para pedirle que se fuera y que cree que no le identificó.

 

7. La hipótesis de las dos personas y el bloque de oposición. Desde el principio, la Guardia Civil trabajó con la hipótesis de que en el crimen habían participado, al menos, dos personas, por la forma en la que se había movido el cuerpo. Sin embargo, luego dedujeron que lo podía haber hecho un hombre solo. No obstante, al profundizar en las relaciones entre los vecinos en busca de sospechosos, la Guardia Civil comprobó que existía un claro enfrentamiento entre el alcalde y lo que ellos llamaron "el bloque de oposición". Además de a Mainar, entre estos se incluyó a los dueños del bar Casa Marieta y a Alejandro Coloma, una de las personas que tuvo problemas con el alcalde por el empadronamiento. Se intervinieron los teléfonos de todos los posibles enemigos de Grima, pero, finalmente, solo se encontraron pruebas de cargo contra el guarda forestal. Ahora, muchos de ellos han sido citados como testigos en el juicio.

 

En la otra parte estará la viuda del alcalde, Celia Estalrich, quien ha guardado silencio durante todo este tiempo. Sin embargo, subirá al estrado a declarar en la segunda sesión del juicio. Será el momento de contar cuáles eran los temores de la víctima, y hasta qué punto se sentía amenazado. La defensa también ha citado a declarar a gente muy próxima al fallecido, como su sucesor al frente de la alcaldía, Enrique Barcos, el presidente de la comarca de la Jacetania, Alfredo Terrén, o su amigo Asier Gárate.

 

8. La defensa confía en las pruebas periciales y en la declaración del testigo que vio al criminal. Para Marcos García Montes, abogado defensor de Santiago Mainar, la confesión que hizo su cliente no tiene apenas trascendencia. La considera una "pseudodeclaración" sin más peso que el que luego dijo Mainar: liberar a su pueblo de la presión mediática. Para el letrado, lo realmente importante son las pruebas periciales y es el testimonio del médico Iñaki Bidegain, quien se cruzó con el asesino y la descripción que este hizo es, a su juicio, radicalmente distinta a Mainar.

 

9. La acusación exprimirá la confesión y las pruebas, como el ADN. El letrado de la familia de Miguel Grima, Enrique Trebolle, considera que la confesión de Mainar es palmaria y que, además, está apoyada por pruebas objetivas como los restos de disparo encontrados en sus manos y el ADN que fue hallado en el volante y el cambio de marchas del coche de la víctima, algo de difícil explicación dadas las malas relaciones entre el forestal y el alcalde. Para el letrado es fundamental también el atestado elaborado por la Guardia Civil.

 

10. La pelea: jurado o tribunal profesional. Para las acusaciones como la defensa, una de las cuestiones primordiales del sumario ha sido decidir quién juzgaría a Mainar. Para el abogado de este último, debía hacerlo un jurado popular, mientras que para la otra parte -entre la que se incluye el letrado José María Viladés, que representa al Partido Popular- era necesario que lo hiciera un tribunal profesional. Al final, el acusado se sentará ante tres magistrados. De cualquier modo, Marcos García Montes, defensa del procesado, todavía espera que el Tribunal Constitucional resuelva un recurso en el que plantea la nulidad de las actuaciones.

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