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PANTANOS

La presa de Biscarrués sigue atascada, después de 32 años de estudios y 5 alternativas

Los regantes decidirán mañana si emprenden movilizaciones para desbloquear la Declaración de Impacto Ambiental.

Puente de Santa Eulalia
La ministra tranquiliza a los regantes y dice que «Aragón necesita Biscarrués»
RAFAEL GOBANTES

Todo estaba preparado el 21 de julio de 2005 para que los regantes se manifestaran en el paseo de la Independencia de Zaragoza reclamando la construcción del embalse de Biscarrués. Era un año de sequía y no había agua suficiente para aliviar la sed de las más de 100.000 hectáreas del sistema Gállego-Cinca. Se llegaron a estampar las camisetas reivindicativas, pero la marcha se desconvocó in extremis para dar otra oportunidad a la negociación.

Seis años después, el embalse sigue pendiente de la Declaración de Impacto Ambiental, pese a que de la presa de 192 hm3 se pasó a la de 35 hm3. Mañana los regantes de Riegos del Alto Aragón decidirán en asamblea si ahora sí ha acabado la hora de los despachos y llega la de la protesta.

El ambiente se ha calentado esta semana tras la publicación de unos informes del Centro de Estudio y Experimentación de Obras Públicas (Cedex) que alertan de los «severos» efectos ambientales de la obra. La polémica subió de tono hasta el punto de que la propia ministra de Medio Ambiente, Rosa Aguilar, tuvo que tranquilizar a los regantes y comprometer una «pronta» solución. Presiones políticas al más alto nivel ante la amenaza de la movilización forzaron su intervención.

 

Una obra adjudicada y parada

Algunos de los 10.000 regantes representados mañana en la asamblea eran solo unos niños cuando hace 32 años Riegos del Alto Aragón pidió formalmente a la Confederación Hidrográfica del Ebro la realización de un estudio de regulación del Gállego. Desde entonces, se han barajado hasta cinco alternativas distintas -el actual anteproyecto recoge cuatro- y aún se espera el visto bueno a la solución final. Incluso se llegaron a licitar y a adjudicar las obras de la presa de Biscarrués, pero la negociación en la Comisión del Agua para evitar inundar Erés paró el avance de las máquinas.

El sistema Gállego-Cinca, la zona regable más grande Europa, ha visto cómo en 40 años se triplicaba su superficie, de 45.000 a 127.000 hectáreas, sin hacer nuevos pantanos. Y hay otras 50.000 a la espera de que aumente el agua regulada para llegar a las 170.000 previstas en el plan de regadíos autorizado por el Gobierno en 1915, hace casi un siglo.

Las demandas actuales son de 1.400 hm3, pero para llegar a toda la superficie se necesitan 1.900 hm3. Biscarrués se proyectó precisamente para introducir agua en el sistema aprovechando las avenidas ordinarias y desde aquí derivarlo al embalse de Ardisa, pequeño en volumen pero de gran capacidad de derivación, hacia el pantano de la Sotonera. El estudio de impacto ambiental del anteproyecto considera «evidente» la necesidad de nuevos elementos de regulación ya que el sistema es deficitario, lo que en los últimos años ha provocado restricciones.

 

«No vemos respuestas»

«Hemos tenido mucha paciencia, pero se agota. Cedimos en la Comisión del Agua para que se hiciera el embalse pequeño, hemos invertido en modernizar las fincas esperando el agua, pero no vemos respuestas», afirma José Manuel Penella, secretario de UAGA-Aragón y presidente de la comunidad de regantes de Huerto (5.200 hectáreas), en los Monegros. Según Penella, si no ha habido más presión es porque los últimos cinco años han sido húmedos. «No queríamos inmiscuirnos en una campaña electoral, pero el calendario es el que es y Medio Ambiente ha tenido tiempo».

José Víctor Nogués, presidente de dos comunidades con 6.000 hectáreas donde se han invertido 25 millones de euros en modernización, cree que los regantes están «desanimados y desconcertados». «Desde las comunidades de base no entendemos lo que está pasando. ¿Por qué con el AVE o con las estaciones de esquí no hay tantos problemas?».

Este interés general choca con otro, el de los municipios de la ribera del Gállego, que han basado buena parte de su desarrollo en los deportes de aguas bravas y el turismo. Según Gustavo Ortas, presidente de la asociación Gállego Activo, «del río dependen un centenar de empleos directos». Eso sin contar con que transformará un tramo fluvial de gran valor ambiental y anegará tierras de cultivo.

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