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DELITOS EN INTERNET

Aumenta la ciberdelincuencia, con casi 400 casos al año

Las estafas se han convertido en el delito más habitual a través de internet y provocan cientos de investigaciones en la Comunidad. La Fiscalía cree que los jueces aún archivan muchas denuncias por desconocimiento.

La ciberextorsión está creciendo.
Aumenta la ciberdelincuencia, con casi 400 casos al año
ANTONIO GARCÍA

Apenas 24 horas tardó la Policía Local de Zaragoza la semana pasada en identificar a un conductor temerario que grabó sus imprudencias al volante y las colgó después en un portal de internet. No lo tuvo difícil, porque el joven firmó el vídeo que difundió a través de Youtube y en su página web se encontraron decenas de fotografías que permitieron ponerle nombre y apellidos. Sin embargo, esto no es lo habitual. Los ciberdelincuentes actúan con mucha más cautela y las investigaciones más sencillas no duran menos de dos meses. El Grupo de Delitos Tecnológicos de la Jefatura Superior de Policía de Aragón lleva ya siete años siguiéndoles el rastro a través de la red. Y durante este tiempo, el número de denuncias no ha hecho más que aumentar. Solo durante el año pasado, sus especialistas iniciaron cerca de 400 investigaciones, la mayoría de ellas tuteladas por juzgados de la capital aragonesa. A estos casos hay que sumar los que tramitan los equipos de delitos tecnológicos de las tres comandancias de la Guardia Civil en la Comunidad, que también desarrollan una importante actividad.

Entre la amplia amalgama de delitos que se perpetran a través de internet, las estafas y timos se han convertido en los más habituales. «Los hay incluso de temporada», explica el responsable del Grupo de Delitos Tecnológicos de la Jefatura (cuyo nombre se omite, por seguridad). «Por ejemplo, en cuanto llega la época de verano o la de esquí, se multiplican las denuncias por estafas relacionadas con alquileres», explica.

En ocasiones, el perjudicado ni siquiera tiene un papel activo. De hecho, basta con que los ciberdelincuentes le copien los datos de una tarjeta de crédito para utilizarla después en comercios 'on line'. Una investigación iniciada en Zaragoza permitió arrestar a finales del año pasado a ocho nigerianos por una macro estafa de estas características. Aunque los afectados presentaron denuncias en muchas comisarías españolas, fueron los especialistas de la Jefatura Superior de Aragón quienes desarticularon el entramado.

Las bandas organizadas dan muchos quebraderos de cabeza a la Policía, porque sus tentáculos traspasan fronteras. Pero hay muchos perfiles de ciberestafador, y muchos tienen nacionalidad española. «Se piensa que son siempre gente joven, pero no es así. No detenemos a gente de 80 años, pero sí de 50 o 60. La tecnología no es un inconveniente», explica el responsable del Grupo de Delitos Tecnológicos.

Sin fiscales especiales en Aragón

Los expertos de la Policía Nacional y la Guardia Civil trabajan siempre bajo el paraguas legal de los juzgados y de la mano de los fiscales. Sin embargo, y pese a la proliferación de la ciberdelincuencia, todavía no hay fiscales especiales para esta materia en Aragón -sí los hay para Delitos Económicos, Seguridad Vial o Medio Ambiente-. El encargado de coordinar las pautas de actuación a nivel nacional es el Fiscal de Sala Delegado en materia de Delitos Informáticos, quien reconoce en su última memoria la dificultad de cuantificar el número de delitos que se perpetran a través de la red. Y lo hace porque no existe todavía una estadística fiable, ya que a la hora de contar delitos se hace por su naturaleza -contra las personas, contra la propiedad...-, pero no por el medio utilizado.

El fiscal delegado hace también una reflexión importante: «El Ministerio Fiscal ha podido observar cómo en muchas ocasiones los juzgados, que no se hallan especializados en este tipo de delincuencia, sobreseen directamente los procedimientos por desconocimiento de que se pueden investigar hasta descubrir la autoría».

La colaboración de los administradores de portales y páginas web y de las compañías telefónicas es fundamental a la hora de echar el guante a quienes delinquen 'on line'. «Lo primero que hacemos es pedir autorización al juez para que los dueños de esas páginas consulten sus registros y nos identifiquen la dirección IP con la que se ha cometido el delito», explican desde la Policía. Con esta denominación, que viene de las palabras inglesas Internet Protocol, se conoce a la etiqueta numérica que identifica a una conexión a la red.

«Cuando ya tenemos la IP, hacemos otra gestión con los proveedores de internet para que nos den el nombre y apellidos de la persona que tiene contratada la línea», comenta el jefe de Delitos Tecnológicos. Pero no siempre es el titular el único que usa el ordenador, lo que obliga a averiguar qué personas tienen acceso.

La descarga de material pedófilo desde la red da también mucho trabajo a los equipos especializados de Policía y Guardia Civil. Sobre todo, porque el rastreo es complejo e exige colaboración internacional. «Además, siempre tratamos de ir más allá, llegar hasta la cabeza de la organización», comentan los expertos. Recuerdan también que entre los pedófilos hay personas «de todo tipo y condición». «Quien usa un programa como Emule tiene que saber que comparte, así que no valen excusas», dicen.

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