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Aragón
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RADIOGRAFÍA DE LA COMUNIDAD

La manifestación de 2001 consolidó la coalición

En estos once años ha descendido la preocupación por el trasvase, pero aumenta la económica.

Cuando en 1999, Marcelino Iglesias, hombre prudente, accedió al sillón del Pignatelli, gracias a un giro del PAR, nadie podía imaginar que esa coalición iba a durar tres legislaturas. La anterior y única historia de la autonomía, que se ganó el ranquin de inestabilidad, no era ninguna garantía para la coalición PSOE-PAR. La sociedad se preguntaba cómo se podían entender dos formaciones cuando 6 años antes -septiembre de 1993-, los aragonesistas habían sufrido una de las mayores vejaciones con la humillante moción de censura conquistada gracias a la compra de un tránsfuga del PP, Emilio Gomáriz, que le costó el sillón a Eiroa.

Tras las elecciones, los analistas políticos no acertaron ni una. Apostaron por un gobierno del PP en solitario o un gobierno PP-PAR. Pero Iglesias, que hizo partido desde la Diputación de Huesca, ya había dado órdenes antes de atacar al PP y salvar al PAR. El pacto se gestó en Adahuesca. En la reunión estuvo el propio Iglesias y un hombre pragmático y maniobrero, José María Mur. De padrino, el ex embajador Eduardo Foncillas. El incombustible Biel, al acecho. Los votos otorgaron al PP 28 diputados, a seis de la mayoría absoluta. El PAR, con 10, veía cómo se reducía casi a la mitad su techo alcanzado en 1987 (19). Si seguían así coligados con una formación de su mismo espectro temían desaparecer. Lo mejor era probar a conseguir más cotas de poder y, de esta forma, tener una herramienta para seguir haciendo partido. Con los 23 del PSOE y uno de IU, mayoría absoluta. El PSOE ha resultado finalmente el más beneficiado al pasar de 23 a 30 en 2007, frente a los 23 del PP. En 2003, Iglesias pudo gobernar con CHA, pero prefirió conservar su alianza con el PAR.

La masiva manifestación del 23 de abril de 2001 (400.000 asistentes) consolidó la coalición frente a un PP desorientado por el trasvasismo de Aznar. Lo demás, una gestión sin sobresaltos y un buen suministro de comunicación a través de una legión de profesionales. "El error de Iglesias -dice el profesor Carmelo Romero- fue anunciar tan pronto su retirada. Se han perdido energías y referentes".

Iglesias deja de sucesora a una fiel Almunia, tras prepararle el terreno con la salida de su marido Carlos Esco, cerebro de muchos planes estratégicos. A un año de las elecciones, el barómetro de opinión de la DGA presenta esta foto: los problemas económicos y políticos apenas existían hace una década, sin embargo en la actualidad ocupan los primeros lugares. Desciende mucho la preocupación por el trasvase, la despoblación, el déficit de comunicaciones y transportes, la falta de infraestructuras y la falta de empresas. La sanidad se queda como está.

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