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CONVERSACIONES DE DOMINGO

Javier Sierra: «Aragón se ha transformado con el AVE, pero debe luchar contra la despoblación»

Javier Sierra, el escritor español más internacional, es un turolense devoto de su ciudad natal. Cuando acaba de publicar una nueva novela, 'El ángel perdido', pide que Aragón afronte su futuro con más imaginación.

Javier Sierra, el pasado viernes, en la sede madrileña de Planeta. Ese día llegaron 200.000 ejemplares de su novela a las librerías.
Javier Sierra: «Aragón se ha transformado con el AVE, pero debe luchar contra la despoblación»
ENRIQUE CIDONCHA

En la sede madrileña de la editorial Planeta reinaba el viernes por la mañana un ambiente extraño. No se había perdido la atmósfera silenciosa y casi británica que suele marcar el latido del edificio, pero en torno a Javier Sierra (Teruel, 1971) bailaba la agitación, casi el frenesí. Esa misma mañana habían llegado a las librerías españolas los 200.000 ejemplares de su última novela, 'El ángel perdido', que llega acompañada de un gran bombardeo publicitario; aplicaciones Ipad e Iphone con anotaciones del autor; y una cuidada promoción en internet y redes sociales como Facebook. Durante dos meses, Javier Sierra va a estar como en una campaña electoral 'a la americana': en un autobús especial va a recorrer 10.000 kilómetros y va a presentar su libro en 35 ciudades. Luego llegará la 'campaña' en Estados Unidos, Alemania, Italia... Nunca una editorial española había apostado tan fuerte por un autor.

Vivió en Teruel hasta los 15 años, luego se trasladó a Castellón, tiene casa en Málaga, vive en Madrid, recorre el mundo de punta a punta... Pero Javier Sierra no renuncia a su origen aragonés...

Yo siempre he sido 'un chico de Teruel'. Fue allí donde empecé a escribir y a jugar a ser periodista, para horror de mi familia. Recuerdo mucho la Glorieta, donde se celebraban las ferias del libro viejo; y la Casa Blanca, donde acabé participando en mi primera mesa redonda.... Recuerdo también la carretera de Castralvo, que me le recorría en bicicleta y andando. Con unos amigos nos inventamos un periódico, el 'Diario de Castralvo', que hacíamos en hojas de libreta y repartíamos por los buzones... Y recuerdo con mucho cariño Albarracín, adonde iba de campamento en verano. Quiero mucho a Teruel. Mire, hoy (por el viernes) es un día muy importante para mi, porque ha salido a la venta una novela en la que he trabajado durante años. Pues lo primero que he hecho ha sido ir personalmente a Correos para enviar un libro a la Biblioteca de Teruel. En los últimos años les he enviado un ejemplar de cada una de mis obras en cada uno de los idiomas en que se han publicado. Quiero que mi fondo documental esté allí.

Siendo tan de Teruel, pero viviendo fuera, ¿cómo vio en su día el nacimiento de Teruel Existe?

Me pareció una idea genial. Gracias a Teruel Existe mucha gente sabe precisamente eso, que Teruel existe. Y está muy bien. Mire usted, Teruel tiene problemas, por supuesto que sí, pero posee algo muy valioso: al ser una ciudad pequeña y en parte aislada, el carácter de los turolenses se ha ido fortaleciendo a lo largo de los siglos. Y ahora resulta que cuando quieren algo de verdad es imposible pararlos. Los turolenses no somos pusilánimes.

Quizá por eso ha cambiado tanto la ciudad.

La transformación de los últimos años ha sido espectacular, increíble. Mi padre era cartero y yo le acompañaba de pequeño por las calles del centro histórico de Teruel. Todo estaba bastante mal, había incluso decrepitud. No digo que hoy no existan problemas, pero es que no se puede ni comparar con lo de entonces. Ahora es una maravilla.

Usted se acabó marchando. Si se hubiera quedado... ¿hubiera sido Javier Sierra?

¡Pero es que yo no me fui! Me obligaron. Lloré mucho cuando abandoné Teruel. Pero mi familia se trasladó a Vinaroz y no había solución. Y si me hubiera quedado... pues igual estaba de periodista en la delegación de HERALDO en Teruel. Porque yo nunca he querido ser ni abogado ni astronauta. Yo siempre he querido ser periodista.

Fue en la ciudad aragonesa donde se despertó su pasión por los temas ocultos y esotéricos...

Sí. Hubo dos momentos clave. El primero fue un día en que no fui al colegio, que hoy es el Atarazanas, pero que entonces se llamaba 'Francisco Franco'. Un día, con 9 años o así, decidí, no sé por qué, subir al cementerio. Y fue algo muy impactante ver aquellas lápidas con los mismos apellidos de los chicos de clase o de gente que yo conocía. Me hice muchas preguntas aquel día. Y el segundo momento clave fue cuando me contaron el descubrimiento del artesonado de la catedral de Teruel, que estaba oculto. Me dio la sensación de que Teruel estaba lleno de techos de escayola y paredes falsas, y recorría las calles un día, y otro, y otro, intentando encontrarlas. En el fondo soy el mismo niño curioso de entonces.

¿Qué imagen tiene de Aragón desde la distancia?

La impresión que tengo es que está inmerso en un gran proceso de transformación, pero que se ve obligado a luchar mucho en el día a día para salir adelante. Creo que el cambio trascendental de los últimos años ha sido el AVE, más que la Expo. El AVE sí que nos 'ha puesto en el mapa'. Y me parece gravísimo, atroz, el problema de la despoblación rural. Creo que tenemos que echar mano de toda nuestra imaginación, ser más atrevidos, hacer cosas que a nadie más se le hayan ocurrido. Mire usted, Dinópolis es una idea maravillosa, fantástica... ¡pues da la sensación de que no hemos sabido 'venderla' bien fuera! Y cuando digo lo de la imaginación no me estoy refiriendo solo a los grandes proyectos. También a los más modestos pero que nos pueden sacar de la atonía. Por ejemplo: solo hay un pueblo en toda España que se llame 'Libros'. ¿No podemos hacer algo con eso?

Imagino que no se le habrá ocurrido a nadie.

Es lo que hay que hacer, tener ideas que no se le hayan ocurrido a nadie. A mi me dio mucha pena que se desmontara todo lo que se había construido en Loarre para el rodaje de 'El reino de los cielos'. Se podía haber aprovechado.

Pida un deseo para su ciudad.

Se me ocurren muchas cosas, pero voy a ser corporativo: me gustaría que hubiera más librerías, y más grandes, en Teruel. Cuando voy allí a firmar ejemplares de mis obras lo hago en Perruca, y me encuentro fenomenal, entre otras razones porque de pequeño iba allí a comprar los libros de texto. Pero tendría que haber más. Entiendo que pueda ser difícil vender libros en Teruel, pero las instituciones deberían ayudar. Yo colaboraría en lo que fuera. Porque en Teruel, a diferencia de ciudades como Madrid, o incluso Zaragoza, hay más tiempo para leer. Porque llegas a casa enseguida.

Del Aragón mágico, oculto, esotérico, ¿qué le interesa?

Muchas cosas. El caso que debería reabrirse e investigar a fondo, como si fuera un CSI, es el del Milagro de Calanda. Lo que ocurre es que... con la Iglesia hemos topado. La Iglesia habitualmente no da facilidades para este tipo de investigaciones, y cuando las ha dado, como ocurrió con la Sábana Santa, se ha montado siempre un buen lío. Luego está todo el asunto de las psicofonías de Belchite, que nació en los años 80 a raíz de una grabación que se dio a conocer en un programa de Radio Heraldo que dirigía Carlos Bogdanich, Cuarta Dimensión. La verdad es que el tema no me atraía especialmente, hasta que hace unos años estuve en Belchite con un equipo de Telemadrid. Y en los 'brutos' que grabamos allí se oían disparos.

A lo mejor un día escribe un libro sobre estos temas 'aragoneses'.

Quizá..

¿Qué ingredientes debe tener, a su juicio, una buena novela?

Lo fundamental es que sea capaz de sorprender al lector, de enseñarle cosas nuevas, de llevarlo de viaje a sitios en los que no ha estado. Y todo eso se tiene que armar con una estructura que no le dé tregua ni respiro. Ha cambiado mucho la forma de contar las cosas. El ser humano se ha vuelto adicto a la adrenalina, incluso en las noticias. Y eso lo tienen que endenter todavía algunos compañeros. Un escritor no es otra cosa que un contador de historias, y en estos tiempos hay que aprender a contarlas en todo tipo de soportes: prensa, televisión, novela...

¿'El ángel perdido' es una buena novela?

Eso lo tienen que decir los lectores. Yo soy el peor juez posible de mi obra. Lo que sí pienso es que el libro es muy 'actual', y no solo porque esté ambientado en nuestros días. La novela se desenvuelve en torno a un arquetipo, el de la extinción de la civilización, que es justo lo que estamos viviendo hoy en día.

¿Verdaderamente cree que estamos ante un cambio sustancial en la historia de la humanidad?

Creo que sí, sin duda -afirma, rotundo, el escritor-. Estamos asistiendo al fin del capitalismo tal y como lo hemos entendido hasta ahora, aunque a lo mejor lo que viene ahora es un supercapitalismo. Lo que vivimos lo ha generado internet. Cuando se inventó la imprenta el mundo cambió para siempre: no se entiende la Revolución Francesa si no hubiera existido la imprenta. Y era muy ingenuo pensar que internet no iba a producir cambios similares. Pueblos que se hallaban sometidos desde hace décadas se han llenado en los últimos años de cibercafés y han conocido otras realidades. No hay que olvidar que la mecha de todo lo que está pasando la prendió la difusión de WikiLeak de los cables diplomáticos sobre la familia de Ben Alí.

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