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Borda, la cerveza ecológica del Pirineo que tiene su propio bar en Jaca

La fábrica está en Aineto, una aldea de 40 habitantes en el valle de la Guarguera, y la pusieron en marcha en 2015 Felipe Esteban y Menchu Ríos.

De izquierda a derecha, Felipe, Luis y Menchu en la fábrica cervecera de Aineto.
De izquierda a derecha, Felipe, Luis y Menchu en la fábrica cervecera de Aineto.
Heraldo

Con ganas de cambiar de sector y también empujados por las circunstancias, en 2015, Menchu Ríos y Felipe Esteban se embarcaron en la aventura de montar una fábrica de cerveza en una borda del Pirineo. En mayo de 2016, las primeras Cervezas Borda (el nombre no podía ser otro) salieron al mercado. Para ello, previamente tuvieron que restaurar la borda. Actualmente mantiene la estética de este tipo de construcciones propias de las zonas de pasto de la montaña, pero se sometió a cambios, tanto de mejora como de acondicionamiento para su nuevo uso.

A Felipe, que antes era titiritero, siempre le ha gustado la cerveza. Cuando llegó la crisis de 2008, cada vez tenía menos trabajo de aquello y, al mismo tiempo, conoció a una persona que hacía cerveza y le comentó que no era algo difícil. Así, se juntó con un vecino y, conforme veía que no se le daba mal, se lo planteó como una oportunidad de negocio. De esta forma, se convirtió en el maestro cervecero de su propia fábrica en el pueblo. En la aventura le acompaña su pareja, Menchu, que anteriormente había trabajado en el ámbito social. Pero su pasión también era la cocina, así que en aquella época inició un grado superior de Hostelería y en 2010 empieza a trabajar en distintas cocinas. Desde 2015 ambos están cien por cien centrados en Cervezas Borda, que no sería una realidad sin la tercera pata del negocio, su amigo Luis, que es socio cooperativista del negocio.

Durante los primeros años, la venta de cerveza en la página web, en la propia fábrica así como en tiendas gourmet sobre todo de Zaragoza y Huesca era su fuente de ingresos. Ahora, las cervezas Borda también se pueden probar en un bar en Jaca (Cervecería Borda) que Menchu y Felipe abrieron apenas 15 días antes de la pandemia. En junio de este año, cuando vieron que el negocio daba de sí en una situación de normalidad, se han trasladado a un sitio más céntrico y donde pueden ofrecer comida caliente. Menchu está en la cocina, Felipe la ayuda en barra y tienen a una persona contratada a media jornada. El establecimiento abre solo los fines de semana, mientras el resto de días están en la fábrica, donde también cuentan con un empleado.

La única cerveza ecológica en producción de Aragón

“Borda es la única cerveza ecológica en producción de Aragón y de las pocas de España”, sostienen, orgullosos sus creadores. Detrás de esta frase, que se dice pronto, hay todo un laborioso proceso que lleva a no usar herbicidas ni ningún otro producto modificado genéticamente. Y no solo eso. Para esta pareja, su trabajo forma parte de una filosofía de vida donde cuidar su pueblo y su entorno es prioritario. “Intentamos que la cervecería sea muy sostenible y todas las modificaciones que hacemos van encaminadas a la sostenibilidad”, apunta Menchu. En este sentido, con el cambio climático están notando que, en la bodega de la borda, donde se almacena la cerveza porque la temperatura siempre es muy buena, ya ha subido algunos grados. “En lugar de poner un aire acondicionado, que hubiera sido lo más sencillo, hemos puesto una cámara que sirve tanto para guardar cosas como para aislar la bodega del sol y del calor que entra del exterior. Hay soluciones que a veces cuestan más dinero pero ecológicamente son más rentables”, añade.

El entorno en el que se fabrica esta cerveza única en Aragón también es singular. Aineto es una aldea que pertenece a Sabiñánigo y que durante muchos años estuvo deshabitada. Cuando se abandonó, en los 50 del siglo pasado, pasó a manos del Gobierno de Aragón. Varias décadas después, un grupo de jóvenes se empeñó en darle vida de nuevo al pueblo y, tras muchas dificultades, la Administración tramitó la cesión en 1987. Desde entonces, Aineto es un núcleo poblacional de unos 40 habitantes donde las decisiones que afectan al pueblo se toman asambleariamente entre sus habitantes. Las viviendas y tierras no tienen propiedad privada, se pueden utilizar y arreglar mientras uno vive allí y es la asamblea la que asigna las casas a las personas. Todos los cultivos que se realizan son ecológicos y no se pueden construir edificios nuevos mientras se puedan aprovechar los recursos existentes.

En este contexto, Felipe y Menchu arreglaron una borda de 1857 de 50 metros de planta para instalar allí su microcervecería. “Mantuvimos la estructura, así como el tejado de losa, pero tuvimos que desmontarlo para cambiar las vigas de madera y también dividimos el interior en dos alturas para disponer de más espacio”, explican. Tras varios años de trabajo duro para habilitar la borda, las cervezas Borda están en el mercado desde 2016. Desde la apertura del bar hay dos tipos, una que es ahumada y otra con pocos grados de alcohol, que solo se pueden consumir en el establecimiento, ya que las hacen en barril. El resto se pueden comprar para consumir en casa y tienen una negra, una tostada Brown Ale, una IPA, una clásica de trigo, una Golden Ale, una con jengibre y especias, otra con zumo de limón que no lleva azúcares añadido, y una sin gluten.

"No queremos crear cervezas nuevas continuamente, sino mejorar las que ya tenemos"

“Tenemos una receta marco que es la que guía el proceso de elaboración, pero al no ser una gran cervecera y no tener laboratorios, nos guíamos por lo que vamos viendo y tenemos en cuenta las opiniones de los clientes para mejorar”, explica Felipe. Esto hace que su cerveza sea un producto vivo que siempre están perfeccionando. “No queremos crear cervezas nuevas continuamente, sino mejorar las que ya tenemos”, añade Menchu.

Según su experiencia, el invierno es una época de bajada de consumo de cerveza por lo que la producción en estas fechas tiende también a ser menor. Además, ya están notando cómo la crisis energética y la subida de precios está afectando a sus ventas. “Venimos de varios años un poco duros y ahora estamos a la expectativa”, apuntan. Y es que antes de ponerse a producir, para ellos es muy importante poder prever con la mayor precisión posible la cantidad de cerveza que van a vender a corto plazo. “La pandemia nos pilló con mucho stock, porque justo habíamos abierto el bar”, lamentan. Esto, para ellos que no disponen de demasiado espacio de almacenaje en la borda, es un problema, como también lo sería quedarse sin género. Cada vez que fabrican cerveza de un tipo, sacan 500 litros y desde que comienza el proceso hasta que se puede beber pasan en torno a un mes y medio o dos. “De momento estamos en stand by y tratando de entender la tendencia del mercado para poder hacer nuestras previsiones”, señalan. Pero que nadie se asuste, por ahora hay Cervezas Borda para rato.

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