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Cómo actuar ante la presencia de un oso: ni gritos ni aspavientos

Las campañas divulgativas para prevenir incidentes aconsejan hacerse notar, pero sin correr ni dar voces, y nunca interponerse entre la osa y la crías.

Los osos evitan el contacto con los humanos.
Los osos evitan el contacto con los humanos.
Eugenio Sánchez Silvela

Toparse con un oso en la montaña es bastante improbable, pero no imposible. El incidente ocurrido hace una semana en el Pirineo francés, cuando un oso atacó a un cazador, que acabó matándolo de un disparo, o hace un año en el valle de Bardají, donde murió otro ejemplar, demuestran que, aunque el riesgo es ínfimo, puede producirse un desagradable encuentro porque de hecho el hombre y el animal salvaje comparten un mismo espacio. 

Para saber qué hacer en esos casos, la Fundación Oso Pardo difunde material divulgativo con recomendaciones. "El incremento de la población de osos pardos durante los últimos años aumenta la probabilidad de encuentros con personas, sobre todo porque cada vez nos aventuramos más en la naturaleza para disfrutar de ella", señala. 

Uno de los consejos habla de ser observadores prudentes, "y no aventureros imprudentes", es decir, no seguir huellas ni otros indicios, ni acercarse a las carroñas. "Si él nos evita, nosotros también", ya que el animal suele huir del contacto y con su excelente oído y sentido del olfato se aleja del lugar. Y más si va con crías, ha sido hostigado por perros o se le sorprende comiendo. "Lo ideal es retirarse despacio y sin hacer ruido". 

Y es que en caso de un encuentro fortuito, conviene hacerse notar, pero sin aspavientos ni voces, en contra de la literatura que circula al respecto o de los mensajes equívocos que transmite el cine. "Hay que impedir que nos vea como un peligro, por lo que no se debe correr ni gritar, y mucho menos amenazarle y hacerle frente".  

Los decálogos difundidos al respecto incluso detallan qué hacer cuando el oso ataca, "algo muy excepcional": tumbarse boca abajo o en posición fetal, con la cara y la cabeza protegida con las manos y permanecer inmóvil. 

Al contrario que los osos grizzlies americanos, los osos cantábricos o pirenaicos, y en general los osos europeos, no son agresivos, señala la Fundación. Después de muchos siglos de convivencia con las actividades humanas, han aprendido a evitar contactos con la gente y, con su excelente sentido del olfato y del oído, suelen detectar con bastante antelación el acercamiento de un caminante y se alejan discretamente del lugar, sin que en la mayor parte de los casos la persona llegue a darse cuenta. A su juicio, en los pocos ataques registrados, el factor desencadenante ha sido la presencia muy próxima o el comportamiento imprudente de los humanos, que motivó la respuesta defensiva del oso consistente en un ataque breve para hacer frente al peligro y una huida inmediata. 

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