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Hacia un Pirineo sin hielo: los glaciares pierden en una década hasta 20 metros de espesor

Las últimas mediciones realizadas por el IPE confirman el imparable retroceso: de 24 se ha pasado a 21 masas de hielo y el glaciar más grande, el Aneto, se ha partido en dos cuerpos.   

El deshielo de los glaciares del Pirineo es imparable.
El deshielo de los glaciares del Pirineo es imparable. Esta es una imagen captada en septiembre de 2020 en el frente del glaciar del Aneto.
Ixeia Vidaller

Cada nuevo estudio sobre los glaciares pirenaicos constata el imparable retroceso del hielo en la cordillera, sin que nada ni nadie pueda frenar este efecto del cambio climático. La última investigación del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE), hecha pública este viernes, concluye que el área se ha reducido un 23,2% en apenas una década, entre 2011 y 2020, y su espesor, una media de 6,3 metros, aunque en algunos puntos sobrepasan incluso los 20 metros.  

El estudio internacional, titulado "Hacia una montaña libre de hielo: los cambios en los glaciares pirenaicos entre 2011-2020", publicado en la revista 'Geophysical Research Letters, ha estado liderado por los investigadores del IPE Ixeia Vidaller y Jesús Revuelto y en el han participado centros de España y Francia. "El retroceso es continuo, al mismo ritmo desde la década de 1980", resume la primera. Aunque se sabe que tienen fecha de caducidad, no hay cálculos precisos al respecto, confirma Vidaller. "No es lo mismo el glaciar del Aneto o el de Monte Perdido que el de Barrancs, de 3,5 hectáreas, que según cómo sean los veranos en los próximos años ya no se considerará un glaciar sino un helero (sin movimiento)", precisa. 

Este gráfico evidencia la pérdida de espesor.
Este gráfico evidencia la pérdida de espesor.
IPE

La investigación parte de los datos recopilados por el Instituto Geográfico Nacional en 2011, a partir de los vuelos realizados con tecnología Lidar, que utilizaba un emisor láser para calcular el volumen. Los 24 cuerpos glaciares (la mayor parte en Aragón) sumaban 293'9 hectáreas. En 2020, el IPE utilizó drones para constatar que ya solo quedan 21 cuerpos y la superficie se ha reducido a 229,2 ha. Los de Coronas, Pailla y Maupás ya no se consideran ni siquiera glaciares.

Los cambios son muy significativos en el glaciar del Aneto cuyas pérdidas se estiman en un 24,3% en cuanto a su área y una media de 8,5 metros de espesor, registrándose disminuciones de hasta 21 metros en algunas zonas. Esta emblemática masa de hielo, la más grande del Pirineo, está ya partida en dos cuerpos, uno mayor en la zona del Collado Coronas (43,6 ha) y uno más pequeño justo debajo de la cumbre (3,7 ha). Según explica la investigadora, esta división acelerará su deshielo, ya que las rocas que afloran irradian calor, "de forma que la fusión será más rápida". Desde 2011 ha perdido 15,2 de sus 62,6 hectáreas.

Entre las masas de hielo más afectadas se encuentran el glaciar de Ossoue, en el macizo de Vignemale, que ha sufrido una disminución del 25,7% de su área (de casi 42 hectáreas a 31) y pérdidas de espesor medio de 10 metros; o el glaciar de Taillón, que en promedio ha perdido 11,6 metros de espesor, superando los 23 metros en su zona central

Los científicos explican que, pese a que las condiciones climáticas han variado de forma semejante en todo el Pirineo, la evolución del hielo sí que ha sido dispar en la última década. Se nota sobre todo en los glaciares pirenaicos más pequeños, con un área inferior a 10 hectáreas como el de Barrancs, en el macizo de la Maladeta, o el Llardana, en el macizo de Posets. Los más grandes, como Aneto, Maladeta, Ossoue y Monte Perdido, evolucionan de forma similar con pérdidas de área y espesor equivalentes.

Para calcular las variaciones en hectáreas se han utilizado imágenes captadas por satélites, mientras que los cambios de espesor se han determinado comparando las superficies 3D generadas con vuelos de drones. Esta tecnología tiene un enorme potencial, pero su aplicación es compleja dadas las características de las zonas monitorizadas. Tal y como explica el investigador Jesús Revuelto, “es importante preparar las campañas de observación con mucho detalle: diseñando la zona de vuelo, revisando la previsión meteorológica y coordinando a todo el equipo”.

Ixeia Vidaller resalta la importancia de estas nuevas herramientas, ya que “gracias a la precisión y la elevada resolución de las observaciones de los drones, hemos podido determinar con gran detalle el estado actual de la superficie de los glaciares”. 

Los autores del estudio inciden en la importancia de disponer de cartografías que muestren con detalle las pérdidas para así monitorizar y comprender las razones por las que los glaciares se están quedando progresivamente más circunscritos a las zonas protegidas (menor radiación solar y mayor acumulación de nieve). Según pronostican, aquí podrán tener una degradación más lenta, pero en todos los casos estarán abocados a una progresiva desaparición.

El trabajo ha sido subvencionado en parte por el Observatorio Pirenaico del Cambio Climático con fondos europeos y el proyecto Hidroibernieve del Ministerio de Economía y Competitividad. En él han colaborado investigadores de distintos centros de España y Francia, como la Universidad del País Vasco, dos instituciones de Toulouse, la asociación Moraine de Glaciología, las universidades de Zaragoza y Valladolid. Y recientemente, el estudio ha sido seleccionado por la revista Nature Climate Change para su sección de artículos destacados.

El Pirineo se considera un gran laboratorio del cambio climático y sus glaciares son los últimos al sur del continente. Por eso los resultados obtenidos en este trabajo son, según destaca el IPE, "un anticipo de lo que puede ocurrir en otras cordilleras de Europa más septentrionales como los Alpes, en las que los glaciares también muestran un claro retroceso".

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