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Ordesa examina aforos de vehículos y zonas de aparcamiento para mejorar su movilidad

El Parque, que recibió 175.880 visitantes menos en 2020, ultima el diagnóstico para un futuro plan de accesos.

Pradera de Ordesa, Coches y excursionistas / 20-06-202 / Foto Rafael Gobantes [[[FOTOGRAFOS]]][[[HA ARCHIVO]]]
Excursionistas en el Parque Nacional de Ordesa
Rafael Gobantes

La pandemia pasó factura a las cifras de visitantes del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, que redujo los 589.450 turistas registrados en 2019 a 422.570 el año pasado, una caída del 28% (175.880). Las restricciones de movilidad se notaron en el computo global, pero además la pandemia hizo que el público se alejara de los espacios comunes, lo que provocó una caída en el número de usuarios de los centros de visitantes y en las cifras de viajeros del servicio de autobús, con un 20% menos.

"Los visitantes prefirieron moverse en su coche y evitaron los espacios cerrados", comenta la directora del Parque Nacional, Elena Villagrasa, que dice que las cifras de 2020 no son comparables con las de ningún año, dadas las limitaciones de movilidad entre marzo y diciembre y teniendo en cuenta que enero y febrero son dos meses sin apenas visitas a Ordesa.

La caída global no impidió que durante varias jornadas, fuera del periodo de transporte público, se colapsara el parquin de la Pradera. Precisamente, para afrontar este y otros problemas, el Parque Nacional encargó un diagnóstico de movilidad que ahora se está ultimando. Se adjudicó a una empresa madrileña por 15.000 euros. La consultora visitó los distintos sectores de Ordesa en octubre y marzo y este lunes mantendrá una primera reunión en Torla con la dirección para presentar un avance, a la espera del informe final previsto para mayo.

El estudio ha recopilado aforos de vehículos, peatones y bicicletas y analizado el uso de los párquines y la señalización; antes de identificar los periodos y viales de acceso con saturación, los aparcamientos colmatados y con mala señalización o los problemas con el transporte público y las empresas turísticas (rutas de 4 por 4 o bici de montaña...); para finalmente plantear estrategias de gestión. "El diagnóstico nos dirá si hay aparcamientos desbordados, tramos de carretera colapsados y cuándo y dónde se producen", señala la directora.

Un plan "pionero"

El objetivo es contar con una radiografía de la accesibilidad, de cara a la redacción de un plan de movilidad sostenible que exigirá un proceso de participación de todos los afectados: entidades locales, fuerzas de seguridad o responsables de carreteras. De forma complementaria se debe redactar un plan de autoprotección. Según Villagrasa, será "pionero". "No es frecuente hacer un plan de movilidad en un espacio natural protegido, lo normal es hacerlo en las ciudades".

El diagnóstico debe concretar los puntos débiles de la movilidad en el Parque. Algunos son evidentes y los hay en todos los sectores, empezando por el valle de Ordesa, el más frecuentado. El parquin de la Pradera carece de un sistema de reservas. El conductor no sabe si está lleno hasta que no llega a la barrera que cierra la carretera. Al completar su aforo, el tráfico se desvía a Bujaruelo, trasladando el problema de saturación a este otro valle. "Los coches no se pueden eliminar, llegan al Parque y debemos intentar organizarlos", indica Elena Villagrasa.

En Pineta también se produce una elevada concentración. Ahora se aparca en una llanura inundable junto al Cinca, aunque en periodo de máxima afluencia existe una regulación con un estacionamiento de pago, a la espera de construir los nuevos equipamientos proyectados.

En el cañón de Añisclo los coches estacionan en la cuneta de la carretera, pese a estar prohibido, dadas las escasas 15 plazas, llegando a concentrarse más de 200 vehículos. "Cualquier furgoneta o caravana que aparque mal puede cerrar el paso al resto del tráfico y generar una cola kilométrica, a pesar de ser en una única dirección", indica Villagrasa. Incluso en Escuaín, el sector con menos visitas, apenas hay aparcamientos, y se usa una finca de un particular que permite dejar allí los coches.

Otra asignatura pendiente es la pista de las Cutas, en los municipios de Torla y Fanlo. En 1996 se hizo un plan de uso turístico para el tránsito de taxis y autobuses turísticos autorizados. Era experimental, pero lleva 20 años y ni se ha revisado ni actualizado. Esta es una vía estratégica que acerca la ascensión a Monte Perdido y conduce hasta los miradores.

"Lo lógico sería hacer un tratamiento global para resolver todos los problemas de los accesos, pero la solución pasa por un acuerdo entre las partes, incluyendo a los ayuntamientos. Estamos en el siglo XXI y debemos ir en la línea de una movilidad sostenible que priorice el transporte público", indica la directora.

Otra cuestión es la capacidad de acogida de visitantes en cada sector, definida en el Plan Rector de Uso y Gestión, que el futuro plan de movilidad podría proponer revisar. Hace más de 20 años que se fijaron las cifras: un máximo de 1.800 personas simultáneamente en Ordesa, 900 en Pineta, 650 en Añisclo y 300 en Escuaín, pero estos aforos, sobre todo los tres últimos, resultan difíciles de controlar.

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