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La huella del oso en Aragón: 25 años de reintroducción y un conflicto por resolver

Las primeras sueltas de ejemplares de Eslovenia se realizaron en 1996, cuando la población autóctona agonizaba. Hoy el censo de osos reintroducidos crece, pero la coexistencia con la ganadería sigue siendo una asignatura pendiente. 

Algunos de los osos que están o han merodeado por Aragón: huellas de Rodri, Canelito, traslado de Sorita (reintroducida en Francia en 2018) y Goiat (soltado en Cataluña en 2016).
Algunos de los osos que están o han merodeado por Aragón: huellas de Rodri, Canelito, Sorita (su traslado para ser reintroducida en Francia en 2018) y Goiat (soltado en Cataluña en 2016).
FIEP-Heraldo

El oso ha llegado para quedarse. Han pasado 25 años desde la reintroducción de los primeros ejemplares de Eslovenia (similares genéticamente a los pirenaicos) con el objetivo de reforzar a la población autóctona y el conflicto social crece en paralelo al aumento de su población. El año pasado se contabilizaron 64 individuos, nueve de los cuales dejaron su huella en Aragón, una Comunidad que siempre se ha opuesto al programa de suelta, lo que no la ha librado de sus consecuencias.

Francia liberó en 1996 en el Pirineo central a los primeros ejemplares, dos hembras que llegaron preñadas, y en 1997, a un macho. Mientras, la población autóctona estaba recluida en la zona occidental y en clara regresión. En 2006 solo quedaban dos machos. La última hembra, Cannelle, había sido abatida por un cazador en Urdós, a pocos kilómetros de la frontera de Somport, tras dar a luz a Canelito, fruto de su unión con Neré, un macho reintroducido. Esa cría sigue frecuentando Aragón y es el único oso con genes autóctonos.

La especie reintroducida inició una lenta reconquista. La curva de población crece a un ritmo de un 10% en los últimos años. Los 64 individuos del último recuento, y sobre todo las 14 crías, son una esperanza para la estrategia de conservación del oso pardo, apoyada por los gobiernos de Francia y España.

En los últimos años, según el departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente, hay presencia continuada en Aragón de 2-3 ejemplares. Tras la muerte de Sarousse en una cacería queda Claverina, que desde su liberación en 2018 circula por la muga entre Navarra, Francia y Aragón. Neré, por su parte, suele frecuentar los Valles Occidentales, si bien en 2020 no hay localizaciones conocidas suyas.

De manera "muy ocasional", asegura la consejería, en 2020 existen evidencias en territorio aragonés de la incursiones de otros 6-7 ejemplares más. Sorita y otro no identificado en la Jacetania; y en Ribagorza y Sobrarbe, Goiat y Canelito (desplazado como Neré desde el Pirineo Occidental). Además, hay rastros de un oso joven y de uno o dos más adultos sin identificar. Estas incursiones se han detectado por huellas o algún avistamiento muy esporádico en zonas fronterizas con Francia.

Los sucesivos gobiernos de Aragón han mantenido en estos 25 años un rechazo frontal a la reintroducción. El consejero Joaquín Olona reitera su disconformidad con una política que "de manera unilateral vienen realizando Francia y Cataluña". Él cuestiona que se haya acreditado "que los beneficios de la reintroducción, que en todo caso revierten sobre el conjunto de la sociedad, compensen los costes que supone para la ganadería y el territorio, que, en ningún caso deben asumir a su costa". Entiende sus quejas y dice que la respuesta del Gobierno son las ayudas habilitadas, "pioneras en su enfoque", para tratar de compensarles los costes económicos por la mera presencia de estos grandes carnívoros. 

"No se ha acreditado que los beneficios de la reintroducción, que en todo caso revierten sobre el conjunto de la sociedad, compensen los costes que supone para la ganadería y el territorio"

Para los ecologistas, el oso representa la biodiversidad, para los ganaderos, una fuente de conflicto. Ya sea una oportunidad o un problema, cada vez irá a más en Aragón, apunta Guillermo Palomero, presidente de la Fundación del Oso Pardo, porque "el núcleo del valle de Arán y de la comarca catalana del Pallars va a empujar más ejemplares hacia la zona aragonesa limítrofe, lo mismo que la parte francesa, y en la Ribagorza y el Sobrarbe hay buen hábitat para la especie".

"No se puede esconder la cabeza, los osos van a seguir estando y cada vez habrá más, sobre todo en las dos comarcas cercanas a Cataluña", reitera, lo que, a su juicio, debería forzar una política proactiva para reducir al máximo los incidentes, generalizar las medidas de prevención en la ganadería y la apicultura y regular los usos vinculados al ocio.

Uno de ellos sería la caza, "no para prohibirla, ni muchísimo menos, sino para mejorarla y hacerla más compatible", señala Palomero, en alusión a la muerte de Sarousse en una partida de caza en el municipio de Valle de Bardají. Su fundación está personada en el proceso judicial. "Hay osos en un territorio y se debe informar a los cazadores y a los senderistas para que sepan qué hacer". Es partidario de dejar "la guerra de trincheras, el debate de si osos sí u osos no, están y van a seguir", porque además, añade, su conservación es "una obligación de las administraciones".

"Hay que dejar la guerra de trincheras, el debate de si osos sí u osos no, están y van a seguir, y su conservación es una obligación de las administraciones" 

Ecologistas y ganaderos no han acercado posturas en estos 25 años. El propio programa Piros-Life para la consolidación de osos en el macizo central reconocía que la coexistencia entre esta especie y el sector primario "es la parte más débil, donde se nota un cierto fracaso, y la situación social no es estable en ningún territorio de los Pirineos".

La oposición de los ganaderos se volverá a evidenciar el día 15 en la movilización convocada por los sindicatos agrarios, aunque el objetivo principal es protestar contra la PAC. La presencia del oso y el lobo forma parte "del ataque frontal" al sector, afirma Ángel Samper, secretario regional de Asaja. 

"La convivencia es imposible, los espacios no pueden ser compartidos. Es un insulto a la inteligencia pensar que podemos convivir con animales que depredan nuestros ganados"

"Con la actual política, cada vez hay más presión en Aragón, teniendo en cuenta que ahora la población ya es de 64 osos. La convivencia es imposible, los espacios no pueden ser compartidos. Es un insulto a la inteligencia pensar que podemos convivir con animales que depredan nuestros ganados". Él denuncia la situación de "incomprensión total de la sociedad hacia el medio rural" y el "sinvivir" en que están sumidos los ganaderos de las áreas con presencia de esos grandes mamíferos.

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