Huesca
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"Vamos mucho más lentos de lo que nos exige el cambio climático"

El educador y divulgador ambiental Pablo Vallés acaba de publicar un libro sobre las grullas que invernan en la alberca de Alboré de Montmesa (Huesca), cuyo centro de interpretación dirige.

Pablo Vallés junto al mosaico de la Casita de Blancanieves del parque de Huesca que hizo su padre.
Pablo Vallés junto al mosaico de la Casita de Blancanieves del parque de Huesca que hizo su padre.
Pablo Segura

¿Quién es Gudrs y por qué se ha merecido este libro?

Gurds es el nombre de una grulla que significa 'inteligente y audaz' en letón. Y a la vez es onomatopéyico con el sonido que hacen estas aves. Hace tres años constaté que de todas las grullas que pasan el invierno en la alberca de Alboré había una con GPS y marcas de anilla que procedía de Letonia. Y de allí surgió la idea de que contar la historia de una grulla que pasa su primera invierno en este humedal de la Hoya de Huesca.

¿Está dirigido a niños?

Como lleva ilustraciones de Luis Miguel Bradineras, la gente se pensaba que era un libro infantil, pero no, es un libro de divulgación. Tiene conceptos técnicos y científicos pero está escrito con un lenguaje muy sencillo para que todo el mundo lo pueda entender.

¿Qué le tiene tan enamorado de la alberca de Alboré?

Desde pequeño llevo yendo a ver a las grullas a la alberca de Alboré, en Montmesa, durante el período de migración porque antes no pasaban los inviernos como ahora, sino que íbamos solo las tres semanas de finales de febrero. Y cuando me hice cargo del centro de interpretación descubrí que las grullas son un foco de atracción. Con ellas es muy fácil practicar no solo una educación ambiental sino una seducción ambiental.

¿Los humanos podemos aprender algo de las grullas?

A la gente le llama mucho la atención lo que en ecología se conoce como convergencia evolutiva entre las dos especies. Las grullas y los seres humanos somos muy sociables y tenemos una serie de pautas que compartimos como vivir en familia o en grupos de amigos. También tenemos un lenguaje muy complejo con el que podemos transmitir mucha información e incluso cultura.

Lleva más de 30 años como educador y divulgador ambiental. ¿Dónde nació esta pasión?

Desde la adolescencia me encantaba llevar a la gente al monte como guía, porque ya lo hacía con mis amigos. Y de hecho, empecé como guía de barrancos y de media montaña. Pero la naturaleza siempre me ha interesado porque en casa mi padre tenía una gran biblioteca de libros y enciclopedias de naturaleza y las devoré todas. Y tengo que reconocer que soy uno de esos naturalistas hijos de Félix Rodríguez de la Fuente, que influyó en toda una generación.

¿Ha merecido la pena tanto años de esfuerzo educativo?

Es una labor durísima. Ha habido momentos en que me apetecía abandonarlo todo porque veía que iba en contra de la sociedad. Pero a la vez te das cuenta de que es importantísimo el trabajo que haces. Además, ahora mismo estamos en un momento en que los educadores vamos a ser indispensables. Es importantísimo cambiar el pensamiento social hacia una forma de vida mucho más sostenible y cada vez se nos demanda más.

¿Y está viendo frutos en la lucha contra el cambio climático?

A veces soy muy pesimista porque, incluso olvidándome de los negacionistas, hasta entre la gente que estamos concienciada de que esto es inevitable cuesta mucho cambiar una serie de actitudes cotidianas. Vamos mucho más lentos de lo que nos exige el problema. Yo voy a intentar por todos los medios aportar mi granito de arena para dejar este planeta lo mejor posible a mis hijos.

¿Es optimista con los humedales como lo de Alboré?

En el siglo XX se destruyeron el 80% de los humedales en la península pero nos hemos dado cuenta de que son los reservorios de biodiversidad y aquí sí que soy muy optimista, porque en toda Europa vamos a ir en la línea de recuperar humedales por la vía rápida.

¿Cuál es su paisaje preferido de Aragón?

Es muy difícil elegir ya que si Aragón tiene algo es la variedad de paisajes. Pero yo me quedo con la Sierra de Guara porque para mí sigue siendo una escuela de naturaleza. He pasado allí tantas horas solo que lo considero mi hogar y siempre que puedo, vuelvo.

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