Huesca
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"Si tenemos que sacrificar nuestro tiempo, que sea para intentar salvar a los demás"

Deray Sarrasí Puyuelo es estudiante de primer curso de bachillerato humanístico en el IES Ramón y Cajal de Huesca relata cómo ha vivido durante 2020 al cumplirse el aniversario de la pandemia.  

Deray Sarrasí, junto a la barandilla del estanque de las gradas en el parque Miguel Servet de Huesca.
Deray Sarrasí, junto a la barandilla del estanque de las gradas en el parque Miguel Servet de Huesca.
Rafael Gobantes

Llega vestida de rojo. También es de ese color la mascarilla de la SD Huesca que oculta su adolescente sonrisa, revelada después en las fotografías. Deray Sarrasí cumplirá 17 años en abril y espera celebrarlo de manera distinta a cómo lo hizo en 2020, cuando cumplió 16, aunque reconoce que aquel día fue "emocionante" porque se dio cuenta de a cuánta gente le importaba y eso la hizo feliz. Estudia primero de bachillerato humanístico en el IES Ramón y Cajal de Huesca y quiere ser periodista porque, desde pequeña, le gusta el mundo de las noticias, escribir y leer. "Creo que sería el trabajo perfecto para mí", dice.

De las noticias sobre el coronavirus y sus consecuencias estaba muy pendiente a mediados de marzo del año pasado. Recuerda que aquel jueves, en la Escuela de Idiomas, donde estudia inglés e italiano, un compañero miraba el teléfono para saber qué se había dicho en el Consejo de Ministros. "El viernes tuvimos clases y lo que hicimos fue hablar de lo que estaba pasando, cómo sería el confinamiento, cómo lo íbamos a sobrellevar... Todos, los profesores y nosotros, estábamos impactados", recuerda.

Los momentos de flaqueza llegaron muy pronto. "Me gusta estar en la calle, con mis amigos o ir con mi familia a ver cualquier cosa y no sabía cómo iba a aguantar la cuarentena", relata al tiempo que recuerda que se asomaba a la ventana y se decía a sí misma: "No puedo salir, no puedo salir". Fue triste, reconoce. Pero luego, "cuando cogí la rutina todo fue un poco más fácil". Mantener los hábitos diarios le ayudó a superar la situación. Cuenta que intentaba levantarse a la misma hora que cuando iba al instituto y que durante la mañana hacía los deberes que les mandaban por el Classroom (un servicio web educativo).

Por la tarde, estudiaba y, si le daba tiempo, leía un rato. La familia (ella, sus padres y su hermano, un año menor) marcó un horario para hacer deporte y a las 20.00 todos salían a la ventana a aplaudir. Confiesa que los primeros días se emocionó mucho al ver que un momento tan duro unía a tanta gente... Ahora, cuando ya no hay aplausos desde los balcones, le gustaría creer que esa unión se mantiene, pero no puede evitar pensar que "siempre intentamos ir cada uno a nuestro aire".

Entre unas cosas y otras aprendió a sobrellevar el encierro. Mucho tuvo que ver la buena relación con su hermano. "Me llevo bien con él desde siempre, que es algo que a la gente le choca bastante", dice. Intentaban ayudarse, compartían actividades, descubrieron el Tik Tok, bailaron juntos y jugaron al jazz-dance. Además, el contacto electrónico con sus amigos fue diario para hablar sobre los deberes o el encierro y, una vez a la semana, hacían una llamada por Zoom o el Classroom para verse las caras y compartir experiencias. "Creo que apoyarse en la gente era lo mejor que podíamos hacer, si alguien tenía un día malo o se agobiaba entre todos se le consolaba», recuerda. Por ello, cuando a principios de este curso se reencontraron «sabíamos que íbamos a estar unidos pasara lo que pasara".

Estar con los colegas es el plan principal cuando se tienen 16 años, pero el pasado verano Deray y su familia tenían pensado hacer, por fin, un viaje. También estaba ahí el de fin de curso al terminar la ESO. "No fue posible, y cuando ya pudimos salir nos fuimos a Lalueza y a Jaca", indica. La suspensión de las fiestas de San Lorenzo le dolió en la medida en que no pudo reunirse con los suyos ni comprobar cómo sería repetir la experiencia de salir sin padres. "Este 2021 tampoco habrá, pero ya buscaremos otras alternativas", aventura.

La pandemia también le impidió seguir con la natación. Compite con el Zoiti 89 y su entrenador intentaba subir la moral del equipo enviando tablas de ejercicios que hacían todos juntos mediante videollamada, pero no era lo mismo. Una chispa con reflejos rojizos le baila en los ojos cuando explica que aprendió a nadar con dos años y que es algo que le encanta, y ahora más".

"Hay que disfrutar la vida, porque solo tenemos una y en cualquier momento podemos desaparecer"

Buscando la parte positiva de un época que está siendo dura para todas las generaciones, esta estudiante habla de su familia, del hecho de poder estar juntos: "En un día normal, nos vemos poco porque uno va aquí, otro allí y escasamente nos reunimos para comer y esto nos permitió compartir más tiempo y jugar muchísimo, algo que habíamos dejado de hacer". Las semanas de confinamiento en casa las entretuvo también aprendiendo a tocar el ukelele con vídeos tutoriales, y pensando. La covid no se le ha llevado a ningún ser querido, pero Deray ha reflexionado sobre la muerte y ha concluido que "hay que disfrutar la vida, porque solo tenemos una y en cualquier momento podemos desaparecer".

Tal vez por eso no le pone fecha al final de la pandemia. "Intento ir día a día, poco a poco, escuchando los avances que hay, pero creo que no podremos quitarnos las mascarillas y abrazarnos como antes hasta que pase bastante tiempo", asegura. Mantiene la esperanza y trata de vivir lo mejor posible con las restricciones impuestas, que no valora pero entiende porque lo que ocurre es un pandemia. "Está muriendo muchísima gente, es una situación muy dura y si tenemos que sacrificar nuestro tiempo de alguna manera que sea para intentar salvar a los demás". Dice esto con vehemencia y convencimiento porque a lo largo del último año, aunque ella no sabe si ha madurado, piensa mucho en los pequeños detalles que antes parecían insignificantes, como ir al instituto, juntarte con la gente… "Son cosas que ahora valoro más", afirma.

Es muy joven pero, al igual que muchos, se pregunta cómo "puede ser que algo tan pequeño como un virus esté causando tanto destrozo". En su opinión, esta experiencia "nos tendría que dar una lección para que aprendamos a valorar lo que tenemos y donde vivimos". No se conforma, pero tampoco siente que la vida le deba algo por lo que está sucediendo y cree que lo mejor es asumir lo que nos toca vivir porque "ha habido situaciones mucho peores a lo largo de la historia". "Hago lo posible para superar esta racha como buenamente pueda", dice que serenidad.

Cuando el tiempo pase y Deray Sarrasí hable de esta pandemia entre sus recuerdos más nítidos estarán los ratos con la familia y aquel día en el que sus amigas la entretuvieron con una yincana virtual, los vecinos salieron al balcón con una pancarta gigante que llevaba su nombre y el DJ que animaba el momento de los aplausos puso la canción de ‘Cumpleaños feliz’.

HERALDO publicará el próximo día 15 un suplemento especial en el que se repasa cómo ha sido el año de pandemia en muy diferentes ámbitos. También se ofrecerá información, reportajes, testimonios y mesas redondas con personalidades aragonesas.

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