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La vuelta del lobo a Aragón: "He estado meses sin subir el ganado a la sierra por miedo"

La especie volvió hace cuatro años a Aragón para quedarse. Los ganaderos de Monegros víctimas de los ataques aseguran que la convivencia resulta imposible, mientras el Gobierno reconoce que puede haber otros ejemplares, además de los dos ya identificados. No hay noticias de ellos desde abril del 2020.

En el centro, Agustín Martínez, junto a otros dos trabajadores de la explotación, frente a su rebaño en el monte de Tardienta.
En el centro, Agustín Martínez, junto a otros dos trabajadores de la explotación, frente a su rebaño en el monte de Tardienta.
Patricia Puértolas

"Tenemos constancia fehaciente de dos lobos asentados, uno en los Monegros y otro en la Ribagorza, pero no podemos asegurar que, por la expansión natural de la especie, no haya más". Estas palabras del departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente, constatan que la especie, presente en Aragón desde hace cuatro años, ha llegado para quedarse y con perspectivas de crecer.

La afirmación llega tras el polémico voto del director general de Medio Natural, Diego Bayona, apoyando la protección de la especie en la Comisión Estatal para el Patrimonio Natural, que ha despertado los ancestrales miedos en torno a un animal cargado de leyenda negra. Una fiera destructiva, según los ganaderos, y un patrimonio natural para los ecologistas, que lo valoran como un depredador útil contra las plagas de corzos, conejos o jabalíes.

En la Comunidad solo se han identificado dos ejemplares, de los que no se tienen noticias desde hace casi un año. En España, la población se calcula en 2.000 o 2.500. El último estudio nacional, realizado entre 2012 y 2014, estimó 297 manadas, repartidas por Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, La Rioja, Castilla y León, Madrid, Castilla-La Mancha y Andalucía. Ninguno en Aragón entonces. Fue el 25 de marzo de 2017, en Pina de Ebro, cuando se tuvo la primera prueba del regreso de la especie, después de extinguirse hace un siglo, aunque en realidad nunca se fue: existen referencias de avistamientos en Monte Perdido y el valle de Tena en 1930 y un ataque certificado en 1996 en la Canal de Berdún.

Los análisis de los excrementos revelaron su origen: no es un lobo ibérico, subespecie endémica del norte del Duero, sino de raza itálica, que cruzó desde Cataluña, donde existe una población de 15 animales procedentes de los Alpes. Meses después se constató por casualidad la presencia del segundo lobo, con el mismo origen, al revisar las cámaras de fototrampeo instaladas en la comarca de la Ribagorza para registrar el paso de la osa Sarousse.

"Solo hay constancia fehaciente de estos dos", insisten desde la consejería de Agricultura, sin ocultar, como sospechan ganaderos y ecologistas, la probable presencia de más. "El lobo ha venido para quedarse, tendremos que aprender a convivir con él", repiten los responsables políticos, conscientes de la presión en las comunidades vecinas. No en vano, la estrategia del Ministerio de Transición Ecológica para su conservación plantea alcanzar las 350 manadas en el 2030, al reducir la persecución y aumentar entre un 10 y un 20% el área de distribución actual.

El lobo de la Ribagorza no ha protagonizado ningún ataque. El de Monegros, no ha dejado de ser una preocupación para los ganaderos de Leciñena, Tardienta o Perdiguera, que se han manifestado para exigir su retirada. Entre marzo y julio de 2017 se le atribuyeron 23 incidentes con 354 ovejas muertas, aunque luego se supo que una parte eran culpa de perros asilvestrados.

En 2019 y 2020, solo constan oficialmente 13 ataques a ganado: nueve del lobo (Castilla y León contabilizó el año pasado 1.835), otros dos por cimarrones y dos de origen desconocido. "Hay más ataques de perros que no están contabilizados", aseguran desde la consejería, pero no aparecen en las estadísticas porque los daños los cubre el seguro privado y si hay sospechas de esta causa no se notifican para ser investigados.

Más bajas que el oso

En proporción, superan a los incidentes con los osos, si tenemos en cuenta que cuatro ejemplares de esta especie mataron en 2019 a 23 ovejas; y en 2020, a 16. "El oso mata una oveja para comer, el lobo juega a matar", afirma el secretario regional del sindicato agrario Asaja, Ángel Samper.

Hace casi un año que no se sabe nada de los ‘canis lupus italicus’ de Aragón. El último incidente sospechoso data del 30 del abril de 2020 con 21 ovejas muertas en Tardienta. La necropsia confirmó que fueron perros, aunque el lobo sí había aparecido una semana antes en Leciñena.

"Posiblemente haya otros, y vendrán más. La expansión se ve favorecida por la extensión de las masas boscosas asociada al abandono del mundo rural y la superpoblación de conejos, jabalíes y corzos"

Esta ausencia de noticias, apunta el naturalista Eduardo Viñuales, se debe a la mayor protección de los rebaños de Monegros por las ayudas a los ganaderos y la abundancia de presas silvestres. "Posiblemente haya otros, y vendrán más", asegura. La expansión se ve favorecida por la extensión de las masas boscosas asociada al abandono del mundo rural y la superpoblación de conejos, jabalíes y corzos. Cree que el lobo es víctima de "una guerra política" y no entienden la polémica en Aragón, donde es una especie protegida por la Directiva Hábitats y no se puede cazar.

La DGA sacará una cuarta convocatoria de ayudas para las zonas con presencia de lobos y osos dotadas con 550.000 euros. Desde 2018, suman 1,4 millones. Los ganaderos pueden acogerse a ellas tanto si han sufrido un ataque como si no, por el mero hecho de estar en una zona donde viven esas especies. En 2019, se beneficiaron 133 y en 2020, 128.

"La cuestión no son los dos ejemplares actuales sino que vendrán más si se protege. Ya se habla de otro en Teruel. Y el ganadero al que le toca deja de ser dueño de su vida"

"La cuestión no son los dos ejemplares actuales sino que vendrán más si se protege. Ya se habla de otro en Teruel. Y para el ganadero que le toca es un problema porque deja de ser dueño de su vida", afirma Samper. Y así lo certifican los afectados. 

La voz de los afectados

A los ganaderos de ovino de Los Monegros, les chirría la asociación de las palabras lobo y protección. Y se muestran en contra de cualquier medida que favorezca su presencia y expansión. "La convivencia entre el lobo y la ganadería extensiva es imposible", insiste Carlos Seral, de Leciñena, uno de los más afectados por la presencia del cánido detectado en esta zona en 2017. De hecho, su rebaño ha sufrido hasta cinco ataques.

Los ganaderos del territorio se oponen a la consideración del lobo como especie de protección especial. Y lo hacen con varios argumentos. Para empezar, consideran que se trata de una especie "fuera de lugar, ajena a este territorio, en el que solo causa estragos", dice Seral. Además, insisten en que supone una amenaza para el futuro del sector y además, trastoca su modo de vida. 

Los ganaderos monegrinos han tenido que cambiar su forma de pastorear. Antes, los rebaños se quedaban en amplias zonas de monte, donde podían permanecer varios días, sin necesidad de vigilancia o continuos traslados. Ahora, hay que sacarlos a diario, ya que solo se pueden encerrar en pequeños cercados o directamente en las parideras, en las que el terreno es más húmedo y está más machacado. Y eso tiene consecuencias: "mis ovejas están encerradas, sucias y cojas; y yo he perdido calidad de vida, ya que tengo que pasar mucho más tiempo con el ganado y por lo tanto, dispongo de menos horas para realizar otros trabajos o disfrutar de mi familia", explica Seral, contrariado con la posibilidad de que se decida aplicar una nueva figura de protección del lobo.

Foto de archivo de una manifestación de junio de 2019 contra la presencia del lobo y del oso en Aragón.
Foto de archivo de una manifestación de junio de 2019 contra la presencia del lobo y del oso en Aragón.
Rafael Gobantes

Pedro Pérez, vecino de Tardienta, también comparte la misma opinión. De hecho, considera que su aplicación acabaría de "hundir" al sector de la ganadería extensiva, en el que "cada vez quedamos menos", recuerda. El ganadero, que también ha sufrido el ataque del lobo, no entiende cómo la administración puede apostar por medidas que favorezcan su expansión y cómo este tipo de decisiones se toman sin consultar a los afectados. "Hay que escuchar a la gente del territorio", señala. También critica la ineficacia de las medidas de protección recomendadas, ya que considera que "ni son la solución ni resultan sencillas de mantener". "Los perros mastines causan problemas en el día a día y los vallados de más altura tampoco persuaden al lobo", señala.

Agustín Martínez, vecino también de Tardienta, corrobora su afirmación. De hecho, su rebaño fue objeto de uno de los últimos ataques del cánido, que lleva sin aparecer desde la pasada primavera, y lo fue a pesar de encontrarse protegido por un pastor eléctrico de 1,80 metros. "No sabemos cómo lo hizo, pero se coló y mató una oveja", recordó el ganadero, que de abril a mayo de 2019 llegó a sufrir hasta tres ataques. Insiste en que es imposible la convivencia y critica cualquier medida a favor de su presencia.

Durante varios meses, el ganadero ha optado por mantener sus ovejas lejos de las zonas frecuentadas por el cánido. No obstante, esta misma semana ha regresado a la sierra, aunque con temor. "A ver cómo nos va. Hemos estado meses sin subir el ganado por temor a otro ataque", dice, sabedor de que le costará conciliar el sueño. Y es que, tal y como señala, aunque lleve tiempo sin aparecer, "aquí nadie se fía del lobo", concluye.

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