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Huesca

El tesoro de las parroquias aragonesas inicia el viaje de regreso más de un siglo después

El Museo de Barbastro-Monzón ya tiene todo preparado para recibir la colección, valorada en casi 8 millones de euros, con la incógnita de la fecha exacta del traslado.

Sheila Ayerbe, restauradora del Museo Diocesano Barbastro-Monzón, delante del espacio que ocupará el frontal de Buira, la pieza más antigua de la colección, que se muestra en una pequeña fotografía.
Sheila Ayerbe, restauradora del Museo Diocesano Barbastro-Monzón, delante del espacio que ocupará el frontal de Buira, la pieza más antigua de la colección, que se muestra en una pequeña fotografía.
Rafael Gobantes

La cuenta atrás ha comenzado. Las 111 obras de arte que salieron de las parroquias aragonesas con destino a Cataluña a partir de 1893 iniciarán en unos días, pasados 128 años, el viaje de retorno a Aragón. Entre ellas, la tabla de San Blas, de la iglesia de Algayón (Tamarite de Litera), que hizo el camino a Lérida el 14 de mayo de 1903, cuando un vecino que iba a esa ciudad llevó el cuadro del altar mayor por indicación del cura para entregárselo al obispo Meseguer. El mismo viaje emprendió el ostiero de Azanuy, que ingresó en el Museo Diocesano ilerdense el 25 de febrero de 1921. O el frontal de Buira, que el 5 de julio de 1902 envió el párroco al prelado, junto a las arquetas y cuatro candeleros, a cambio de un San José de cinco palmos y un frontal de madera. Es la pieza más antigua de la colección (s. XII) y la segunda más valiosa. La primera, el frontal de Treserra, entró en el entonces Museo del Seminario de Lérida en 1983 por una beneficiosa operación del obispo: lo cambió por una cruz pequeña.

Estas y otras obras tienen ya billete de vuelta a Barbastro, aunque sin día y hora. El juez que ordenó su devolución puso como límite de entrega voluntaria el 15 de febrero (una jornada después del domingo electoral en Cataluña) y en breve debe decidir si ratifica la fecha o estima la petición de Lérida de aplazarla. Esta parte alegó, a finales de diciembre, que necesitaba 16 semanas: cuatro para tramitar el contrato de traslado y 12 para el embalaje, revisión, documentación y envío de los 111 bienes (en total, 147 objetos, ya que los retablos los conforman varios elementos).

No obstante, el museo ya ha dado el primer paso, con la licitación el pasado lunes del contrato para el traslado de las obras en litigio, lo que apunta a que la sentencia se ejecutará más pronto que tarde. Por si acaso, el obispado de Barbastro-Monzón tiene un plan B. "Ya se ha hablado con una empresa de transporte por si es necesario ir a buscarlas", aclara su abogado, Joaquín Guerrero.

El tesoro expoliado ha permanecido oculto a varias generaciones de aragoneses de las comarcas de la Ribagorza, Cinca Medio, Bajo Cinca y La Litera, a cuyas parroquias pertenece. ¿Qué viajará en esas cajas? ¿Cuál es el valor artístico y económico? ¿Cuál su estado de conservación? Son algunas dudas que se despejarán cuando lleguen a su nuevo destino, el Museo Diocesano de Barbastro-Monzón. Solo existe una peritación, del 2018, aportada al litigio, hecha por Alberto Velasco, conservador del centro ilerdense. Él tasó cada pieza según de su interés cultural e histórico-artístico, estado de conservación o singularidad.

De un retablo a una campanita

El valor total alcanza los 7.749.600 euros, con obras de entre 100 y 1.200.000 euros. Cinco superan los 600.000. Destacan pinturas, retablos, esculturas o arquetas, pero también textiles procedentes en su mayor parte de la antigua catedral de Roda de Isábena: cuatro casullas y cinco capas pluviales, tasadas entre 15.000 y 50.000 euros. Y junto a estos bienes preciosos, objetos cotidianos de la liturgia como candelabros, cruces procesionales, cortadores de ostias, conchas de bautizar, campanitas, copones, cálices, sellos, sagrarios... y hasta un libro de difuntos y un sarcófago.

Del interés histórico-artístico de este tesoro da cuenta el hecho de que 25 estén declaradas Bienes de Interés Cultural de Aragón. La figura de protección abarca tablas de retablo y pinturas, pero también las mencionadas casullas (alguna de ellas es uno de los escasos ejemplos aragoneses de arte textil bajomedieval que ha llegado hasta nuestros días) u objetos tan curiosos como el cuenco de la parroquia de Benavente, una pieza del siglo XIV de tradición mameluca, probablemente procedente de Siria.

Solo 16 obras (una cruz procesional, una crismera, el citado bol, maderas policromadas, una arqueta y una escultura) se exhiben en las salas del Museo de Lérida, y otras dos, en la iglesia de San Lorenzo de esa ciudad. Ocultos en el fondo de reserva permanecen desde hace décadas 121 objetos (30 de orfebrería, 27 textiles, 22 de madera policromada, 2 pinturas sobre tela, 4 piedras talladas, 3 documentos y 5 arquetas y tampones).

"Podemos intuir que algunas están en peor estado de conservación. Las del almacén no las hemos visto, y en principio las piezas en exposición no habrá que restaurarlas, aunque una obra de arte siempre es un objeto vivo", explica María Puértolas, subdirectora del Museo Diocesano Barbastro-Monzón, donde ya está todo preparado para recibirlas. No ahora, hace 10 años, cuando se inauguró pensando precisamente en albergar la colección. "El museo ya nació con espacio reservado para esas piezas", añade. Más de 20 están presentes a través de fotografías, que pronto serán sustituidas por el original.

Puértolas destaca que se trata de un conjunto "muy variado", con piezas "muy sobresalientes", sobre todo de estilo románico y gótico, que completarán el relato museográfico del arte sacro de la diócesis. Cuando lleguen se unirán a las más de 300 que ya alberga. Respetando los tiempos que marca el protocolo de transporte, se hará un estudio pormenorizado de cada una, para decidir sobre su exposición, aclara la subdirectora.

"El museo, que celebra su décimo aniversario, está preparado para recibir las 111 piezas. El discurso museístico ya se concibió pensando en las que faltaban", reitera el director, Ángel Noguero. El centro abrió sus puertas el 15 de diciembre del 2010 tras una inversión del 10 millones de euros del Gobierno de Aragón, en una clara apuesta por disponer de un espacio digno para albergar los bienes retornados.

"No sabemos cuántas y cuáles se expondrán. Habrá que recolocar algunas piezas. Las más importantes son del románico, frontales de altar, que ya tienen su sitio preparado, y restos de retablos góticos", dice Noguero. No todo son grandes obras artísticas, también hay objetos de liturgia, algunos muy singulares, "que ni siquiera conocemos porque no han estado expuestos", lamenta el director, quien recuerda a quienes han desaparecido durante el largo litigio, iniciado en 1995 con la segregación de las parroquias aragonesas de la diócesis de Lérida. "Derramarían lágrimas de emoción porque lucharon y sufrieron mucho". Entre ellos, su antecesor, Enrique Calvera, fallecido en junio y que dedicó los últimos 25 años de su vida a lograr el retorno de los bienes.

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