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Sarousse, la última osa aragonesa

La hembra abatida a tiros era el único ejemplar establecido de forma permanente en Aragón. La presencia de la especie depende ahora de la expansión de la población del valle de Arán y Francia.

Sorita debajo del Portalet, a finales de septiembre. Por su aspecto podría estar preñada.
Sorita debajo del Portalet, a finales de septiembre. Por su aspecto podría estar preñada.
Oficina Francesa de Biodiversidad

Sarousse era la última osa aragonesa. Haciendo caso del refranero, "uno es de donde pace, no de donde nace". Por eso, la hembra abatida el domingo por un cazador en el Valle de Bardají, aunque tuviera origen esloveno (nació en 1999), fuera liberada en Francia en 2006 y pasara sus primeros años en el valle de Arán, adquirió la 'nacionalidad' aragonesa cuando en 2010 decidió que el mejor lugar para pasar el resto de su vida era el macizo del Turbón, en la comarca de la Ribagorza. Neré, Sorita, Claverina o Canelito deambulan esporádicamente por Aragón, pero solo ella permanecía de forma estable en la Comunidad. 

Con su desaparición, la presencia de la especie en el territorio depende más que nunca de la expansión desde el vecino valle de Arán. Entre Benasque y Luchón, por ejemplo, existe un paso constante de ejemplares. También frecuentan otros valles fronterizos, como el de Pineta o el de Gistaín. Goiat es la mejor prueba de que para los osos no existen fronteras. 

¿Por qué mueren los osos?

Las tres muertes registradas este año, todas achacables a la mano del hombre, aunque en circunstancias muy distintas, son el peor balance desde el inicio del programa de reintroducción hace25 años. Según datos del departamento de Territorio y Paisaje de la Generalitat de Cataluña, entre 1996 y 2019 se han contabilizado 40 ejemplares muertos en los Pirineos: 3 por enfermedad o por edad, 1 por atropello, 3 por disparos, 4 por accidentes naturales (caídas), 1 por un rayo, seguramente hasta 6 por infanticidio (crías de primer año mayoritariamente), 1 por posible envenenamiento y el resto van desapareciendo sin dejar rastro. Al cabo de dos años sin detectarlos se dan por muertos. 

Sarousse se fue sin dejar descendencia. Cuentan los expertos que la trajeron de Eslovenia creyendo que era una hembra joven, pero erraron en los cálculos sobre su edad. Deambulaba solitaria, sin contacto con otros congéneres. A diferencia de ella, otras hembras han demostrado este año su fertilidad. Han aparecido al menos seis camadas , una cifra récord (en 2019 nacieron 10 cachorros de cinco hembras), que se sumarán a los aproximadamente 50 ejemplares contabilizados en el censo oficial del 2019. 

Aragón no ha detectado ningún cachorro. Sorita y Claverina, liberadas por Francia en 2018 (la segunda pasa buena parte del tiempo en Aragón), no han tenido oseznos este año. Su suelta se hizo precisamente para favorecer el crecimiento de la población en la parte occidental de la cordillera, donde solo había machos, hasta ahora con poco éxito. Sorita parió dos crías, pero fueron víctimas de la depredación de un oso. Este año, por las imágenes captadas, podría iniciar la hibernación preñada.

Guillermo Palomero, presidente de la Fundación del Oso Pardo, valora la "escasa conflictiva" de Sarousse en un territorio "sin medidas de prevención para el ganado". "De vez en cuando mataba alguna oveja o robaba alguna colmena, y nada más". La DGA le atribuyen este año seis ataques con cuatro ovejas muertas y la destrucción de 10 colmenas.

En opinión de este experto, era "un símbolo" de un oso asentado en un territorio "sin generar excesiva alarma". No opinan lo mismo los ganaderos, que sí se quejaban de sus incursiones y de la necesidad de estar permanentemente pendientes de los rebaños. La polémica creció sobre todo a raíz de la suelta de las dos hembras al otro lado de la comarca de la Jacetania y del valle navarro del Roncal. "Sarousse ha llevado una vida muy tranquila, era bien conocida su presencia permanente allí con una mínima conflictividad", resume Palomero, quien recuerda la protección máxima de esta especie en Europa y en España.    

Otra polémica se refiere a la pérdida de los collares GPS. Goiat lo extravió en la Ribagorza aragonesa recientemente y la transmisión de los dispositivos de las últimas osas liberadas por Francia tampoco funciona, de manera que hoy por hoy ningún oso en el Pirineo tiene seguimiento por GPS. Las huellas, rastros genéticos o cámaras de fototrampeo son las únicas pistas para ir tras sus pasos. "No podemos tenerlos a todos radioequipados. Hay que asumir una serie de riesgos", señala el responsable de la Fundación.  

Respecto a su posible actitud agresiva frente al hombre, como en el caso del cazador de Valle de Bardají, Palomero aclara que es más defensiva que ofensiva. Su organización ha pedido una declaración escrita por parte de los cazadores de conocimiento de las buenas prácticas a seguir en un área con presencia de los animales salvajes. En Les, en el valle de Arán, uno mordió a un cazador y lo derribó antes de salir huyendo. "En caso de toparse con uno recomendamos que la persona se identifique de lejos para que el animal pueda cambiar de itinerario pero sin demostrar una actitud agresiva porque un oso que se defiende tiene muchas armas para hacer daño", dice, sin querer prejuzgar lo ocurrido en los últimos instantes de vida de Sarousse. 

  

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