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Huesca

Aragón extraordinario

El sueño del suizo y el renacer de Pano

El pequeño pueblo está volviendo a la vida gracias al empeño de Kurt Fridez, un suizo viajero enamorado de este rincón ribagorzano; lleva 30 años en el esfuerzo.

La rotundidad de la frase no deja lugar a dudas. "Es normal que me enamorara de este sitio; además tiene unas puestas de sol únicas". Así de concluyente se muestra Kurt Fridez cuando rememora su historia de amor incondicional con Pano, un rincón perdido de Ribagorza en el que este suizo cabezota, siempre con las ideas muy claras, encontró su auténtico lugar en el mundo. Bajo sus desvelos, el pueblo está renaciendo paulatinamente; había quedado abandonado por completo en la década de los sesenta del pasado siglo.

La historia de la rehabilitación integral de este pequeño núcleo, un exiguo caserío dependiente del municipio de Graus construido entre abruptos roquedales, rodeado de densos pinares y situado a los pies del castillo de su mismo nombre, es la de los esfuerzos de Kurt por recuperar la vida en las calles de la localidad.

Impulso familiar

Kurt acometió primero la tarea de recuperación y rehabilitación del pueblo en solitario, y desde hace unos años lo hace ayudado por sus cuatro hijos -Lucas, David, Simón y Micael-, nacidos ya en Pano y protagonistas ellos mismos de una exitosa aventura de restauración gastronómica en el pueblo con su brasería L’Alcina; el establecimiento se ha convertido en los últimos meses en uno de los pequeños templos culinarios de moda en la Baja Ribagorza.

El padre del cuarteto llegó aquí en 1988; ya entonces no quedaba ninguna casa habitable en Pano, después de que el lugar hubiera sufrido un prolongado proceso de despoblación desde comienzos del pasado siglo, que se agudizó en los años cincuenta y principios de los sesenta. Todavía no se explica muy bien la razón del flechazo; el caso es el pueblo, su especial emplazamiento y la tranquilidad que impregna todo el territorio circundante le enamoraron. Así, Kurt se animó a emprender una tarea ciclópea en el que entendió era el sitio en el que quería vivir, y en este empeño sigue más de tres décadas después, desafiando obstáculos, imprevistos, soledades y accidentes de todo tipo.

Sus esfuerzos están insuflando una nueva vida con la recuperación de alguno de sus edificios más característicos y con la programación, a través de una Fundación creada al efecto; esta institución sirve de marco para distintas iniciativas culturales y medioambientales, que van a tener en el futuro como estandarte y sede principal el edificio de la antigua iglesia de San Vicente, en cuya rehabilitación está ahora Kurt centrando sus esfuerzos; se ha empeñado en que esté finalizada a lo largo de 2021. Según comenta, está previsto que una vez rehabilitada se convierta en un centro para la promoción de la cultura y el arte en la zona, con la realización de diferentes iniciativas que pretenden integrar las más diversas tendencias creativas, desde la música a la literatura, pasando por la escultura, la pintura o las propuestas videográficas.

Paralelamente a esta idea, Kurt trabaja también en la restauración de otros edificios, que piensa convertir "en un futuro próximo" en un pequeño hotel y en residencias de turismo rural aprovechando la demanda existente motivada, entre otros factores, por la cercanía del templo budista de la vecina Panillo.

El ‘click’

"Era junio del 88, estábamos mi pareja y yo realizando una ruta en bici por los Pirineos y decidimos bajar por el Isábena para subir por el Ésera, pero hacía mucho calor; vimos a la salida de Graus un desvío a la izquierda, decidimos tomarlo y cuando vimos el caserío y el entorno de Pano tardé apenas dos minutos en comprender que era el lugar en el que quería estar", recuerda. Aún tardó tres años en hacer efectivo ese sueño e instalarse definitivamente en este pueblo que, salvo periódicas estancias en Suiza para trabajar en la empresa familiar y recaudar fondos para invertirlos en la rehabilitación del lugar, ha convertido en su hogar permanente y va rehabilitando "poco a poco".

No está siendo un empeño fácil; el tema de las complicadas comunicaciones y la permanente reivindicación de una mejora de la estrechísima carretera que comparten sus vecinos de Troncedo y de la Aldea de Puy de Cinca es un ejemplo. No obstante, Kurt entiende que "tenemos que evitar quedarnos impasibles ante la caída de muros y ruinas que bien tratadas podrían ser casas que inspiraran a nuestra generación y a las futuras sobre una convivencia en unas construcciones tradicionales que respetan el entorno y el ecosistema". Con ese arrojo, sin duda propio de la tierra aragonesa, se antoja complicado que Kurt no consiga alcanzar sus nuevas metas o, quién sabe, mejorarlas incluso.

Datos de interés

Comarca. La Ribagorza.

Cómo llegar. Desde la salida de Graus en dirección a Benasque hay que tomar una pequeña carretera local que conduce a Panillo y al templo budista Dag Shang Kagyu. Pasado el desvío a este último, a un kilómetro hay otro desvío a mano izquierda que lleva a Pano y a la aldea de Puy de Cinca. Retomada de nuevo la carretera, se sigue ascendiendo hacia Troncedo, en la divisoria de Ribagorza y Sobrarbe.

Dónde comer. El viajero puede encontrar (hay una oferta amplia y variada) posada en la vecina Graus. Para comer por estos pagos, además de optar por la brasería de Pano, es muy recomendable reservar mesa en Casa Bielsa de Salinas de Trillo, una casa de turismo rural que ofrece una honesta cocina basada en productos de elaboración propia.

Las setas. Cuando llega el otoño, y en las primaveras lluviosas y cálidas, los montes de Pano y Troncedo se llenan de buscadores de setas por la feracidad y variedad de especies que hay en estos parajes.

>> Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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