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Una victoria contra la diabetes tras una aventura de 332 km con 9.281 m de desnivel

El barbastrense Arturo Carvajal ha completado un reto de cinco rutas seguidas de BTT y montaña por el Pirineo para visibilizar "que deberíamos adaptar la enfermedad a nuestro estilo de vida y no al revés".

A principios de 2019, a Arturo Carvajal, un joven de 27 años de Barbastro, le dieron una noticia que le cambió la vida: padecía diabetes tipo 1, lo que le obligaba a empezar a pincharse insulina cada día y cada vez que comía. Y una de las recomendaciones que le dieron es que durante el primer mes dejara de hacer todo tipo de deporte. "Fue un palo muy duro por la enfermedad y también porque pensé que igual no podría volver a hacer deporte exigente, que es lo que más me gustaba", confiesa. 

Sin embargo, con fuerza de voluntad y conociendo cada vez mejor la enfermedad, ha logrado una importante victoria contra la diabetes. Y es que después de retomar la actividad deportiva poco a poco y de aprender cómo reaccionaba su cuerpo ante cualquier esfuerzo, se lanzó a un reto personal que hace unos meses pensaba que sería imposible: completar en cinco días seguidos, del 1 al 5 de agosto, una aventura en la que ha alternado la BTT y el montañismo para acumular un total de 331,8 kilómetros con 9.281 metros de desnivel positivo. Todo ello controlando en todo momento los picos de azúcar.

Arrancó la ruta saliendo de Barbastro con la bici hasta el valle de Benasque; el segundo día hizo el Posets por la Cresta de Espadas, enlazando así los cinco tresmiles que tiene; el tercero cruzó el Valle de Pineta de nuevo con la BTT; el cuarto ascendió a Monte Perdido por el Balcón de Pineta para continuar hasta Punta de las Olas y bajar por el Collado de Añisclo; y el quinto y último día regresó de nuevo a Barbastro con la bici. En algunas de ellas le acompañaron dos amigos, Rubén y Alberto.

A este joven barbastrense le daba "miedo" cómo iba a responder la diabetes en tantos días seguidos de esfuerzo continuo "porque son jornadas largas y duras". Pero ajustando la cantidad de insulina y las raciones de hidratos que tomaba, logró esquivar los temidos bajones de azúcar, "aunque alguno he tenido pero nada grave", confiesa. También ha controlado los rangos de glucosa en sangre, "que al final es lo que empeora la calidad de vida de los que tenemos diabetes porque va deteriorando los vasos sanguíneos y los nervios y tenemos muchas más probabilidades de padecer problemas cardíacos y otras enfermedades como la retinopatía o pie del diabético", destaca.

No obstante, una vez superada la aventura se muestra satisfecho y orgulloso porque "ha salido todo mejor de lo esperado y he logrado terminar el reto, aunque sobre todo he conseguido adaptar la diabetes", valora. En este sentido, destaca que ha mantenido los rangos de glucosa prácticamente constantes dentro de  la normalidad "y además inyectándome dos tercios menos de insulina de lo que hacía habitualmente", se felicita.

Espera que su ejemplo sirva para visualizar y animar a todos aquellos que conviven con diabetes tipo 1 a conocer bien la enfermedad y como actúa en todos los aspectos de la vida diaria "ya que deberíamos adaptar la diabetes a nuestro estilo de vida y no al revés y no dejar de hacer cosas por miedo", remarca. 

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