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Subsahariano y cada vez más joven: el perfil del temporero de la fruta en Huesca

Cada año llegan a la campaña cerca de 10.000 trabajadores temporales, el 90% de ellos extranjeros. 

Mouctar, un temporero de Guinea, trabajando en una finca de Belver de Cinca.
Mouctar, un temporero de Guinea, trabajando en una finca de Belver de Cinca.
Carlos Senar

Cada año, 10.000 temporeros de media llegan hasta las zonas productoras de fruta de la provincia de Huesca para cubrir la campaña de recogida, que se alarga de abril a septiembre. Y esta temporada, el perfil de estos trabajadores temporales ha cambiado ligeramente. Crece cada vez más el número de subsaharianos, aunque empiezan a aparecer otros colectivos hasta ahora desconocidos como los pakistaníes, y son también cada vez más jóvenes.

La campaña arrancó con el temor a cubrir toda la demanda de mano de obra por las restricciones que había para viajar entre comunidades, pero finalmente pequeños y medianos productores completaron sus necesidades. "Pensábamos que iba a haber más dificultades, pero la gente llegó a trabajar y eso que muchos venían del sur de España. Quizá en las grandes fincas que llegan a 700 u 800 trabajadores sí tuvieron más problemas, pero ellos los traen de los países de origen directamente", afirma Nuria Florenza, técnico de Asaja en Fraga.

Entre los temporeros hay un 80% de hombres y un 20% de mujeres, aunque en los almacenes estos porcentajes se igualan. El rango de edad mayoritario se sitúa en torno a los 40 o 45 años, "que son la primera oleada que llegaron aquí y que han ido repitiendo con el tiempo", explica Óscar Moret, corresponsable del sector de Fruta de UAGA Aragón. No obstante, este año han aumentado los jóvenes de entre 19 y 25 años, "que pueden convertirse en la segunda oleada".

El porcentaje de españoles no llega al 10% en general «y recogiendo en el campo quizá ni al 5% porque sí que hay más de tractoristas, carretilleros o encargados de cuadrilla», añade Moret.

Currículums de españoles

Aun así, desde Asaja reconocen que la dura crisis económica provocada por la covid ha hecho que por primera vez en muchos años hayan recibido currículums de trabajadores nacionales para la bolsa "porque normalmente no vienen al campo por mucho que estén en el paro", dice Florenza.

La procedencia de los extranjeros va también por zonas. En muchas de ellas es mayoritaria la presencia de subsaharianos. "Quizá no son tan rápidos recolectando como otros, pero son buena gente y muchos los prefieren", señala Nuria Florenza.

Además, hay porcentajes elevados de rumanos, búlgaros o ucranianos, y en mucha menor medida de magrebíes, que prefieren quedarse en el Levante y sur de España. No obstante, cada vez están llegando a la zona extranjeros de nuevas procedencias como, por ejemplo, pakistaníes.

Los temporeros cobran el salario que marca el convenio agrícola de la provincia de Huesca, que fija un precio por hora de 7,40 euros, lo que supone 59,20 por una jornada normal de ocho. 

Muchos empleadores proporcionan vivienda a sus trabajadores cobrándoles un porcentaje del salario. "Se ha demostrado que es el modelo que ofrece más seguridad porque garantizas que se alojan solo tus empleados, que forman como una unidad familiar aislada", destaca Moret.

Pero hay otros que optan por compartir una vivienda de alquiler. Así, por ejemplo, los precios de estos pisos en Fraga para 3 o 4 personas suelen oscilar entre 450 y 600 euros al mes –pagan adelantos de hasta 1.500 euros– en función del tamaño, y cada trabajador paga unos 150 euros. "No les importa este gasto porque quieren tener un alojamiento digno", remarca Nuria Florenza.

Con todo, las organizaciones agrarias advierten de que a veces estas viviendas están masificadas, como una casa que se detectó este año con 7 plazas y en la que residían hasta 29 personas.

Asaja y UAGA coinciden en asegurar que no hay suficiente oferta habitacional en la zona, lo que obliga a algunos temporeros a ocupar infraviviendas. Por ello, valoran el pabellón habilitado este año en Fraga para temporeros sin techo y el trabajo de entidades como Cáritas o Cruz Roja para atenderles. "Es algo muy positivo y que se llevaba luchando desde hace años, no solo ahora por la covid", destacan. Y es que algunos se quedaron deambulando por la zona al interrumpir sus contratos por la pérdida de producción que causaron las granizadas.

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