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entrevista

Luis Alberto Recio «Estuve sepultado por la avalancha 30 minutos, la nieve parecía hormigón»

Uno de los militares que sobrevivió al alud de la Tuca de Paderna recuerda, en el 29 aniversario de la tragedia, cómo fue el accidente en el que perdió a nueve compañeros.

El subteniente Luis Alberto Recio, en su actual destino en Zaragoza en la AALOG 41.
El subteniente Luis Alberto Recio, en su actual destino en Zaragoza en la AALOG 41.
Raquel Labodía

El subteniente Luis Alberto Recio (Ágreda, 1963) es uno de los supervivientes del accidente más grave ocurrido en el Pirineo aragonés, el alud de la Tuca de Paderna (Benasque). Formaba parte de la expedición militar que el 11 de marzo de 1991 se vio sorprendida por un alud que mató a nueve compañeros. Él se salvó casi milagrosamente. En el aniversario, volverá al lugar de la tragedia para participar en el homenaje que se hace anualmente a los fallecidos. Especialista en esquí y escalada, con la experiencia de 38 años en el Ejército, dice que en la montaña "nada es seguro".

Usted formaba parte de la expedición formada por un centenar de militares, mandos profesionales y soldados de reemplazo, que hacían hacía una travesía para ascender a laTuca de Paderna. ¿Las condiciones del tiempo y de la montaña hacían prever la tragedia?

La noche anterior habíamos dormimos en el refugio militar de Cerler, que hoy se llama ‘Álvaro Fernández’, en homenaje al teniente muerto en la avalancha. Amaneció sin nubes, con un sol radiante y muy buena visibilidad, ideal para una ascensión con esquís a un pico nevado. Había sido un año de muchas nevadas. De subida pasamos por la zona de la avalancha sin problema, y eso que a veces oyes rumores o crujidos. El capitán tomó bastantes precauciones: mandó a una sección a dormir en los Llanos del Hospital, donde iniciamos la marcha, para comprobar el tiempo; y consultó con el guarda del refugio de La Renclusa. Por la noche heló, y esas condiciones suelen ser seguras, aunque en la montaña nada es seguro.

¿En algún momento llegaron a intuir el peligro?

A las 10.30 o las 11.00 la temperatura había subido bastante. Al variar las condiciones, se vio que no convenía pasar por la ruta prevista. En una de las paradas, el capitán nos llamó a los mandos, nos pidió la opinión y decidió que nos dieramos la vuelta y bajáramos por el mismo itinerario.

Se les vino encima un frente de nieve de 200 metros, ¿han llegado a saber qué lo causó?

Evidentemente después de un accidente así se hicieron estudios. Uno analizó las capas de nieve. La novena capa, contando desde la superficie del manto, no había cohesionado como las demás y sobre ella se deslizó toda la nieve. Fue un alud de placa.

¿Cómo recuerda el momento de la avalancha?

Bajábamos en grupos de 8 o 10, cada mando con 8 o 10 hombres detrás, como hacemos las unidades militares en los movimientos en montaña. Oímos un tremendo estruendo, como un cañonazo. Entonces me di cuenta de que se había una avalancha. La gente empezó a gritar ‘avalancha, avalancha’ e hicimos lo que se debe hacer en estos casos: ver dónde era y coger una diagonal lo más rápida posible para evitar la trayectoria. Resultaba complicado porque era un alud de grandes dimensiones, sobre todo para mi grupo, que estaba debajo de la zona de ruptura. Cogí una diagonal muy rápida, grité a los que venían conmigo e intentar salir. Llegó un momento en que casi, casi había salido, miré atrás y al volver la vista no pude evitar chocar con el que iba delante. Caí y ya solo recuerdo que la nieve me enterró.

"Casi, casi había salido, miré atrás y al volver la vista no pude evitar chocar con el que iba delante. Caí y ya solo recuerdo que la nieve me enterró"

¿Cuánto tiempo estuvo sepultado por la nieve?

Por lo que me dijeron mis compañeros, entre 25 y 30 minutos, a un metro de profundidad.

¿Y cómo pudo sobrevivir?

No lo sé. Solo recuerdo los primeros 30 segundos, un minuto como mucho. Era imposible mover ni un solo músculo. Era como si en vez de nieve hubiese caído hormigón. No podía hacer nada y respiraba de forma agitada. Creo que mi cerebro desconectó, perdí el conocimiento. Al entrar aire recuperé la conciencia y lo primero que vi fue un helicóptero de los Bomberos de la Generalitat sobrevolando.

Luego busqué información sobre el tema. En los sepultamientos por avalancha se habla de ‘la hora de oro’: en la primera hora se da el porcentaje más alto de supervivientes, pasado este tiempo la esperanza es mucho menor. Yo estaba en el ecuador.

¿Qué le pasó por la cabeza en esos 30 segundos?

Era consciente de que estaba sepultado por la nieve y de que no podía respirar. Solo me venía a la cabeza que el día 31 me casaba.

¿Cómo lo localizaron sus compañeros?

Al soldado con el que tropecé cuando escapaba de la avalancha, no le enterró del todo, lo sacaron primero y dijo que yo debía estar por allí. Con las sondas me localizaron y a base de palear me rescataron.

¿Resultó herido?

Me metieron en el helicóptero de la Guardia Civil y me bajaron a Benasque. Solo tenía una herida en la mejilla.

¿Cuándo se dio cuenta de la gravedad del accidente?

Empecé a darme cuenta en la puerta del dispensario médico, cuando vi en un vehículo el cadáver del teniente, mi jefe inmediato. Y sobre todo, unas horas más tarde, cuando tuve que ir al depósito de Benasque a reconocer a los compañeros. De mi grupo murieron cinco.

"Fui consciente de la gravedad del accidente cuando vi en un vehículo el cadáver de mi teniente. Horas más tarde tuvo que ir al depósito a reconocer a los compañeros"

¿Cómo vivieron los días posteriores en los que seguían buscando víctimas?

Fueron días muy duros porque no encontrábamos a las dos personas que faltaban.

¿Condicionó su actitud hacia la montaña?

Hay gente que ha tenido accidentes en la montaña y no ha vuelto. Otros sabemos que los accidentes son inherentes a la montaña. Es un medio maravilloso pero hostil. Te aconsejan enfrentarte a ello y volver. En mi caso, no tenía alternativa: yo era un profesional de las tropas de montaña y mi trabajo era instruir a los soldados en esas misiones.

¿Este accidente cambió la conciencia sobre el riesgo?

Ha mejorado muchas cosas, desde la información meteorológica. Antes solo se hablaba de riesgo de avalanchas en el Pirineo, ahora ya hay una escala europea, observatorios nivológicos, se hacen estudios ‘in situ’…

¿Qué más se podría hacer en la prevención de avalanchas?

Se está haciendo mucho, pero siempre se puede avanzar. Lo ideal sería hacer estudios por valles. También depende de las temperadas: antes había grandes nevadas, con temperaturas muy bajas. Ahora, nieva menos y las temperaturas son más altas.

Hubo un juicio contra el capitán al mando de la expedición por una falta de imprudencia. Se le condenó en primera instancia, pero luego la Audiencia lo absolvió. La sentencia decía que allí donde haya una ladera nevada existe la posibilidad teórica de un movimiento mortal de la nieve si confluyen determinadas circunstancias que escapan al control de los seres humanos. ¿Qué le parece a usted por su experiencia en la montaña?

Ese mismo año 1991, hubo otros accidentes graves. Cerca de Astún murieron cuatro franceses (ocurrió solo un mes antes). Mientras haya nieve en la montaña y gente que vaya a la montaña, se seguirán produciendo avalanchas.

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