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36 años de cárcel para una banda albanesa que asaltaba casas en Huesca y Cataluña

La Audiencia rebaja las condenas al considerar que no hay "prueba palpables" de algunos de los asaltos que les imputaba la Guardia Civil y que "muy pocas veces las víctimas llegaron a reconocer a los acusados".

El macro juicio contra la banda de origen albanés se celebró a finales de diciembre en la Audiencia de Huesca.
El macro juicio contra la banda de origen albanés se celebró a finales de diciembre en la Audiencia de Huesca.
Rafael Gobantes

La Audiencia Provincial de Huesca ha condenado a penas que suman 36 años de prisión a la banda de delincuentes, casi todos de origen albanés, que asaltó decenas de casas en la provincia de Huesca y en Cataluña entre mayo de 2017 y marzo de 2018. En uno de ellos, en Solsona, llegaron a apalear a uno de los moradores. 

Los seis procesados (cinco de origen albanés y otro español) se enfrentaban a penas que sumaban 53 años de cárcel, pero finalmente la Audiencia ha rebajado el castigo al considerar que en algunos de los asaltos no hay "pruebas palpables" de la autoría y "muy pocas veces las víctimas llegaron a reconocer a los acusados". 

Lo que sí está probado es que esta banda perpetró una serie de asaltos en los que sustrajeron objetos de valor (especialmente dinero, joyas y también vehículos) de viviendas de tipo chalé o adosados en urbanizaciones o lugares apartados de núcleos de población, y que en ocasiones estaban próximas a vías de circulación para facilitar su fuga.

Los asaltantes accedían al interior de las casas normalmente por la tarde o noche creyendo que sus moradores no se encontraban dentro y ejecutaban los robos mediante un patrón "silencioso". Este consistía en romper las ventanas o puertas laterales de la viviendas, o de la principal, utilizando para ello objetos contundentes como desencofradores, destornilladores y otras herramientas.

Para ello, la banda coordinaba sus acciones distribuyéndose las tareas de vigilancia y entrada en las casas o la conducción de los vehículos en los que se desplazaban -que a veces habían sido robados previamente y otras se los prestaban terceras personas-, manteniendo siempre comunicación telefónica durante la ejecución de los asaltos. Además, solían ir con prendas de color negro y pasamontañas para dificultar su identificación. 

En dos de los robos, ocurridos la misma noche en las poblaciones leridanas de Solsona y Tárrega con apenas una hora de diferencia (están muy cercanas entre sí), los miembros de esta banda se vieron sorprendidos por los dueños de las casas. En el primer caso, el propietario se encontraba en ese momento en el jardín de la casa de sus vecinos, y tras haber dejado a en casa a su hijo de corta edad, oyó unos ruidos sospechosos a través de una cámara utilizada para observar los movimientos de los bebés y volvió a su vivienda. Entonces, se encontró con tres individuos que le golpearon con una pata de cabra y unas maderas para luego darse a la fuga. Mientras, al otro dueño le persiguieron también "con la clara intención de amedrentarle", pero finalmente huyeron.

Los delincuentes fueron detenidos gracias a la operación Basilence que desarrollaron conjuntamente la Guardia Civil y los Mossos d’Esquadra tras un año de investigaciones. En Huesca, los robos se cometieron en Monzón, Barbastro, Estadilla, Fonz, Binéfar, Binaced, Albalate, Belver de Cinca, Almudáfar, Fraga, Castejón del Puente, Esplús, Nueno, Chimillas y Banastás. 

La Audiencia Provincial de Huesca celebró el macro juicio a finales del año pasado. Durante los seis días que duró pasaron más de 70 testigos. En su informe final, la fiscal reconoció que había faltado una "prueba rotunda" de la participación de los acusados en todos los hechos, pero que había "sospechas e indicios suficientes" para asegurar que habían sido los autores como vigilancias, seguimientos con GPS, intervenciones telefónicas, efectos recuperados, recibos de transferencias bancarias...

Las defensas, representadas por los letrados Olga Oseira, Javier Campo y Alejandro Sarasa, pidieron la absolución de sus clientes incidiendo en que ni en las casas asaltadas ni en los coches robados hallaron "ni una sola huella ni ADN", y que tampoco fueron identificados por testigos en ruedas de reconocimiento ni sorprendidos in fraganti por la Guardia Civil o los Mossos. También intervinieron los abogados Beatriz Alquézar y Alberto Delgado en nombre de dos compañías aseguradoras para reclamar el dinero abonado a sus clientes como perjudicados por los robos. 

Finalmente, el tribunal ha condenado a los dos cabecillas, Armand Lurthi y Andrea Nikic, a 14 y 10 años y medio de prisión respectivamente, por dos intentos de robo con violencia en casa habitada y con uso de armas, un delito continuado de robo con fuerza, otro de lesiones con instrumento peligroso y otro de pertenencia a grupo criminal. Además, el primero de ellos incumplió una orden de entrada en el país tras haber sido condenado por un hecho similar. 

Mientras, Jetmir Mata tendrá que cumplir una pena de 5 años de prisión por un delito continuado de robo con fuerza en casa habitada con reincidencia; Edmond Bregu, 2 años y 6 meses por un solo delito de robo con fuerza en casa habitada; Leonardo Nikiolli, un año por pertenencia a grupo criminal; y José María Mateu, el único miembro español de la banda, 3 años por ser cooperador necesario para un delito continuado de robo. Entre los cinco procesados tendrán que hacer frente además de indemnizaciones por valor de unos 20.000 euros.

Para los cuatro albaneses en situación irregular en España, la sentencia acuerda la sustitución de las penas por la expulsión del territorio nacional una vez que hayan cumplido la mitad de sus condenas. Además, se les prohíbe regresar a España durante diez años. 

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