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Acaba condenado por traficar al investigar un robo en su restaurante del Pirineo

La Audiencia de Huesca sostiene que el registro del local en el que hallaron las drogas no violentó el derecho a la intimidad del acusado y le impone una pena de dos años de cárcel.

Interior del Palacio de Justicia de Huesca.
Interior del Palacio de Justicia de Huesca.
Rafael Gobantes

La Audiencia Provincial de Huesca ha condenado a dos años de prisión y una multa de 840 euros al propietario de un restaurante de una localidad del Pirineo, de 42 años, que fue sorprendido traficando con drogas por agentes de la Guardia Civil cuando acudieron a impedir un supuesto robo en el establecimiento.

La sentencia considera probado que el 26 de octubre de 2018, sobre las 2.30 de la madrugada, dos guardias civiles que estaban de servicio escucharon una alarma que procedía del interior del establecimiento. Tras realizar una primera inspección, los agentes observaron que una de las ventanas estaba abierta y forzada y también un destornillador en el aparcamiento que podía haber sido usado para romper la ventana.

Tras dar aviso a la Central Operativa de Servicios de Huesca y con el fin de investigar la posible comisión de un delito contra el patrimonio, los guardias accedieron al establecimiento por la ventana fracturada, en cuyo interior observaron que la caja registradora se encontraba reventada y tirada en el suelo del comedor.

Al comprobar el resto de estancias del restaurante para verificar la posible presencia de algún sospechoso, hallaron diversas sustancias. De ellas, dos estaban destinadas al tráfico ilícito por parte del acusado: 18 pastillas de color rosa de éxtasis que estaban sobre una estantería situada detrás de la barra y que habían alcanzado en el mercado ilícito un valor de 183,42 euros; y una planta de marihuana con un peso de 131,17 gramos colgada de una viga del techo del almacén, con un valor de 661,04 euros. Otras dos, en cambio, eran para autoconsumo: 0,19 gramos de anfetamina sobre una especie de bandeja o plancha de la cocina, valorada en 4,94 euros; y 12,57 gramos de setas alucinógenas en una caja sobre una estantería del almacén.

El fiscal tipificó los hechos como un delito contra la salud pública en su modalidad de sustancias que causan un grave daño y pidió una pena de seis años de prisión para el acusado, además de una multa de 2.500 euros.

La defensa, por su parte, solicitó la absolución de su cliente al entender que los agentes de la Guardia Civil examinaron minuciosamente todas las dependencias y encontraron las sustancias que estaban escondidas tras un "irregular registro" de dos horas y media de duración que no tenía ninguna conexión con el supuesto delito de robo que estaban investigando. A su juicio, los guardias deberían haber precintado el lugar y solicitar una orden de entrada y registro al juez.

"No podían cerrar los ojos"

Sin embargo, el tribunal rechaza que se haya visto violentado el derecho fundamental a la intimidad personal al concluir que la entrada de los agentes en el establecimiento estaba "justificada" por la averiguación de un delito flagrante contra el patrimonio, "lo que determinó el registro de todas las dependencias por si el autor o autores del robo pudieran encontrarse escondidos en el lugar". Además, recalca que todas las sustancia se encontraban "a la vista" y que los guardias "no podía cerrar los ojos" por su hallazgo "casual". También niega que el registro hubiera tenido una «excesiva duración», como alegó la defensa. Con todo, debido a la "escasa cantidad" de algunas de las drogas incautadas, rebaja la pena a dos años de prisión.

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