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Ascaso, entre la soledad de seis casas y la reivindicación del cine indie

El festival de cine más pequeño del mundo comenzó su andadura hace siete años. 

Proyección al aire libre en la era-cine de Ascaso
Proyección al aire libre en la era-cine de Ascaso
Muestra Ascaso

Las seis casas de la aldea pirenaica de Ascaso (Huesca), que reclaman vida a más de mil metros de altitud sobre el Valle del Río Ara, dejarán de lado la soledad de la despoblación gracias a la muestra de cine más pequeña del mundo que organiza la Asociación de Vecinos y Amigos del pueblo y que este año celebra su octava edición del 27 al 31 de agosto.

Este pueblo, que podría considerarse "patrimonio arquitectónico aragonés", cuenta con más sombras que luces por la falta de energía eléctrica, saneamiento, servicios básicos y la vida, que solo lideran en la actualidad una familia originaria de allí y dos amigos encargados de la casa rural y que son codirectores de la muestra, Miguel Cordero y Néstor Prades.

Estas características hacen que Ascaso forme parte de la "España Vaciada" que reclama sus derechos a las administraciones públicas, en este caso, a través del séptimo arte.

Por medio de este festival, el pueblo, según mantiene Cordero, "llama la atención" y "hace ruido" para solicitar "decisiones claras y tajantes" que apuesten por "rellenar los dos tercios del territorio español que están en soledad y necesitan ayuda".

"¿Te imaginas que en casa solo tuvieras útiles dos habitaciones y el resto las tuvieras vacías? Sería un sinsentido y una pérdida de dinero. Esto es lo que pasa con los dos tercios que están vacíos y generan problemas. Podríamos tener muchos más ingresos si la parte interior del país se desarrollara", explica Cordero en declaraciones al hablar sobre la "falta de interés" que hay en esta zona a la que, hasta día de hoy, no ha llegado la luz eléctrica de "manera normalizada".

Aunque estas características y la tardanza en la concesión de subvenciones por parte de los organismos públicos hacen que cuelgue de un hilo la realización de la muestra y que otros festivales con más ediciones hayan tenido que cerrar, Ascaso se envuelve en un ambiente "mágico" en el que combinar cine con los sonidos de la naturaleza y el cielo lleno de estrellas es posible.

"La gente habla sobre las estrellas que van a Cannes o a Hollywood y yo siempre digo que nosotros tenemos muchas más. No éramos muy conscientes de lo especial que era Ascaso hasta que la gente lo empezó a decir", apunta el codirector del festival.

Cordero recuerda que el día que decidieron emprender este proyecto en 2012 estaban viendo 'La chica más feliz del mundo', de Radu Jude, en una reunión vecinal y fue entonces cuando acordaron ampliar el aforo hasta un máximo de 250 personas por el tamaño del pueblo y crear una muestra cinematográfica que "fuera al aire libre y a una escala más humana".

"Queremos ver el cine que las grandes industrias y multinacionales no quieren que veamos dándole esa institución económica a películas que a veces no la tienen y apostando por el futuro del cine como una experiencia colectiva lejos de la televisión, el teléfono o las plataformas como Netflix", asegura Cordero al desear un festival donde "250 locos" apuesten por el cine indie y por pasar "unas vacaciones de película".

Todo empezó como "una chapuza" por un reiterado "lo hacemos y ya está", pero Cordero reconoce que, cuando empezó a llover el primer año y se encontraron bajo la borda destruida de Ascaso, se dieron cuenta del peligro que tenía hacer las cosas de esta manera, de la posibilidad que tenían "de salir en las noticias porque a alguien se le había caído una viga en la cabeza" y de que, si volvían a emprender esta muestra, tenían que restaurar el pueblo.

Los sueños se hicieron realidad gracias a un crowfounding que permitió comprar materiales de obra para rehabilitar el pueblo e incluir espacios para los coloquios con los directores de las películas, así como aumentar la calidad de la producción que, en sus primeros días, se basaba en "una lona donde las letras se traspasaban y un proyector que se colocaba en medio del público".

Ahora, además de disfrutar del cine con "una mayor calidad", la muestra cuenta con la exposición 'Nazarín' de Álvarez Bravo -cedida por la Fundación Televisa- que llega a Ascaso en mitad de un viaje Madrid-México para hablar sobre el surrealismo de Luis Buñuel y acompañar a la cata de vinos de Enate ("aliado" de la muestra), las comidas "populares", los conciertos y la entrega del Premio Ascaso que reconoce la labor de "acercar el cine de autor al medio rural".

Este pueblo renace en verano por el trabajo de 30 voluntarios de diferentes nacionalidades (españoles, holandeses, belgas y alemanes) y expertos en la materia que organizan el festival, visualizan las casi 800 piezas recibidas, seleccionan aquellas que se van a presentar y reciben "a los que buscan un cine más independiente lejos de los efectos especiales, los que suben a la zona de acampada y a los turistas que encuentran la muestra de casualidad", explica su codirector.

En invierno apenas hay luz ni comunicación pero este verano, bajo la luz de la luna, la aldea "semiabandonada" se volverá a revitalizar con pequeñas dosis de cine artesanal que ayudará a "reflexionar sobre uno mismo" con la proyección de Simón del Desierto y Los Olvidados homenajeando a Luis Buñuel y de filmes de autor como 'Zaniki' (Gabriel Velázquez), 'Ashmina' (Dekel Berenson) o 'La Madre Buena' (Sarah Clift).

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