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El ecosistema acuático de Guara tarda más de 30 días en recuperarse del paso de barranquistas

El grupo de investigación Restauración Ecológica de la DGA con sede en la Politécnica de Huesca ha analizado el impacto en el Formiga y la Peonera y lo hará en el Mascún y Vero para tener resultados “más contundentes”.

Las investigadoras Luisa Pérez y Rocío López Flores, recogiendo muestras en la Peonera.
Las investigadoras Luisa Pérez y Rocío López Flores, recogiendo muestras en la Peonera.
L. P./R. L. F.

El barranquismo atrae a miles de aficionados al Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, uno de los principales enclaves de Europa para la práctica de esta actividad. Y aunque es fundamental para el desarrollo económico de la zona, el paso de tantos turistas también deja un rastro sobre el estado ecológico y la biodiversidad del río. El grupo de investigación Restauración Ecológica del Gobierno de Aragón, con sede en la Escuela Politécnica de Huesca, ha realizado ya dos estudios sobre el alcance de este impacto medioambiental y ambas han concluido que los ecosistemas acuáticos recuperan su estado original a partir de los 30 días después del pisoteo de los barranquistas.

El último estudio ha sido publicado en el número 20 de la revista Lucas Mallada, del Instituto de Estudios Altoaragoneses, que incluye artículos de investigación inéditos de distintas ramas científicas. Entre ellos está ‘Evaluación del impacto del barranquismo y la resiliencia de las comunidades acuáticas del barranco de la Peonera en el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara’, firmado por Rocío López-Flores, profesora del área de Ecología de la Politécnica, y Luisa Pérez, investigadora novel. Un trabajo financiado con la convocatoria de Proyectos de Jóvenes Investigadores de la Universidad de Zaragoza, con mecenazgo de la Fundación Ibercaja.

El objetivo final es poner encima de la mesa datos sobre los efectos que tiene el barranquismo para que los responsables de Guara puedan tomar decisiones que favorezcan un uso cada vez más sostenible. "Nosotros no tomamos decisiones porque nuestra misión no es regular. Somos científicas y nuestra competencia es estudiar y determinar qué afecciones se producen y dar herramientas a los gestores para la toma de decisiones", subraya Luisa Pérez.

La investigación trata de determinar si una demanda excesiva puede poner en peligro los valores ambientales que dan atractivo a la propia actividad del barranquismo, y determinar el impacto que produce el continuo paso de turistas sobre el perifiton (conjunto de organismos de bacterias, hongos, algas y protozoos) y los macroinvertebrados, que son la base de la cadena alimentaria del resto de especies asociadas al río.

Un primer estudio realizado en el año 2013 en el Formiga ya reveló que había una disminución importante de la biodiversidad y de la calidad ecológica y que el barranco necesitaba más de un mes para recuperarse.

En esta ocasión eligieron la Peonera, en el Alcanadre, por ser otro de los barrancos más frecuentados de la Sierra de Guara. Y, siguiendo la misma metodología que en el Formiga, analizaron diferentes índices de diversidad y estado ecológico y la estructura de estas comunidades antes y después de la temporada.

Las autoras establecieron tres estaciones susceptibles de muestreo por debajo de la fuente de Tamara. En la primera, con aguas rápidas y no afectada por el pisoteo de barranquistas, llevaron a cabo un control antes y después de la temporada. Unos 100 metros más abajo, en una zona también sin tránsito, realizaron un experimento in situ para determinar la capacidad de recuperación de los ecosistemas acuáticos tras una perturbación continuada. Y fijaron una tercera zona con paso de deportistas para la toma de muestras de seguimiento.

Un 95% menos de clorofila a

El experimento reveló que un pisoteo continuo durante 7 días provocaba una caída del 95% de la concentración de clorofila a, pero se recuperaba a partir del día 15 y alcanzaba los niveles iniciales a los 30 días. También los macroinvertebrados acuáticos se redujeron a la mitad. "La calidad de la comunidad depende de la abundancia y del tipo de familias que viven en cada tramo del río", señala.

Toma de muestras en el río Alcanadre.
Toma de muestras en el río Alcanadre.
L. P./R. L. F.

No obstante, los resultados han revelado diferencias entre las consecuencias que tiene el barranquismo en el Formiga y en la Peonera, de mayor caudal y cauce más ancho. En el primero, los datos indicaron que había un impacto negativo en la zona alterada respecto a la zona control, mientras que en el segundo se observaron menores diferencias.

Y para encontrar las causas de estos distintos niveles de impacto en función de las características morfológicas de los barrancos, Luisa Pérez y Rocío López-Flores han ampliado la investigación de la mano del Instituto Universitario de Ciencias Ambientales para examinar la tendencia en el Formiga, "para ver si ha habido un impacto acumulativo año tras año". Además se está extendiendo el estudio al Mascún y el Vero gracias a un contrato con el departamento de Biodiversidad de la DGA, y a la colaboración de los muestreos en los barrancos del cuerpo de APN, con el objetivo de diseñar el seguimiento del estado ecológico de los barrancos de Guara, y así poder determinar el punto de partida. Los resultados estarán en 2020.

Y es que no existen apenas referencias sobre estudios de los ecosistemas acuáticos en barrancos salvo una investigación en las Blue Mountains de Australia, en una zona protegida y de características similares a Guara.

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