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aragón, pueblo a pueblo

Valle de Lierp, una tierra de segundas oportunidades

Este municipio que agrupa a siete núcleos de población ha recibido en lo que llevamos de milenio a varios profesionales llegados de las ciudades, que encontraron aquí nuevos alicientes vitales.

Acurrucado bajo el amparo protector del monte Turbón, la montaña mágica por excelencia de las tierras ribagorzanas, el Valle de Lierp parece sestear en espera de tiempos mejores. Una impresión algo equívoca, porque varios proyectos e iniciativas empresariales en marcha confirman que la siesta de sus vecinos ha acabado; los pueblos que lo conforman se han sacudido un marasmo que ha durado demasiado, y afrontan con ilusión un futuro del que se niegan a ser borrados.

El Valle de Lierp es uno de los pocos espacios transversales que discurren en dirección este-oeste en el territorio pirenaico, singularidad que le otorga un innegable atractivo; con la reciente mejora de sus comunicaciones, este hecho confiere una notable importancia como vertebrador de las comunicaciones en la Ribagorza central y, por extensión, en el entorno prepirenaico. Esta circunstancia abre un amplio abanico de posibilidades de desarrollo al municipio que hasta ahora tenía vedadas, y quizás –tan sólo quizás, porque no parece del todo evidente– explique la llegada en los últimos años de un grupo de nuevos pobladores que sigue creciendo; llegan al municipio persiguiendo sus sueños de renacimiento personal y reinvención laboral.

Sin embargo, las cosas nunca suelen ser tan claras como parecen. Las gentes que están llegando a los siete núcleos de este valle y municipio –Piniello, Pueyo, Sala, Pociello, Serrate, Padarniu y Egea– lo hacen atraídos por motivos muy alejados de unas boyantes expectativas de futuro crematístico. Más bien al contrario; como recuerda desde Reperós María Hero, la tranquilidad del lugar fue lo que les atrajo a ella y a su marido hasta este rincón del valle que, confiesa, "tiene su propio microclima protegido por el Turbón dentro del, valga la redundancia, microclima de la zona, con temperaturas de tres grados más en invierno y tres menos en verano que le convierten en el auténtico Shangri-La de Huesca". Escaparon de un negocio próspero en Barcelona "porque queríamos cambiar nuestro estilo de vida" y comenzaron a diseñar en 2002 una propuesta de turismo rural y paseos en ‘quad’ con la restauración de Casa Tomaso, que les llevó cuatro años después a residir permanentemente en esta pequeña localidad "que es nuestro auténtico hogar".

Algo parecido sintió el ex militar Javier González, un leonés que, tras buscar por todo el Pirineo su lugar en el mundo, lo encontró en este Valle de Lierp al que se trasladó con su empresa Travelux de promoción de alternativas culturales. "Para mí –sostiene– este rincón prácticamente virgen es un paraíso, el único sitio por explorar en el espacio pirenaico con las ventajas añadidas de su nivel de radiación solar, similar al de Sevilla. Además, está su gente, la gastronomía y la geomorfología". Javier anda embarcado ahora en un montón de proyectos; acaba de abrir un coqueto bar-restaurante en las dependencias de las piscinas municipales, ofrece rutas por el entorno y propuestas turísticas en alta montaña específicas para personas con discapacidad; también programa encuentros culturales, debates internacionales sobre temas como la violencia de género, desfiles de moda, creación de rutas gastronómicas y hasta setenta y tres rutas senderistas; además, bucea en la recuperación de tradiciones culturales y religiosas de la zona.

La barcelonesa Carmen Castany y el ilerdense Óscar Garanto fueron pioneros en esta corriente de llegadas al Valle de Lierp con su quijotesco proyecto de recuperar en Padarniu la imponente Casa Fumenal, perteneciente a los ancestros de Óscar, y hacer de ella el hogar en el que cimentar un proyecto de vida familiar. Biólogos ambos, con unas consolidadas vidas laborales bien remuneradas en Barcelona, decidieron en 2003 dar un cambio radical a sus vidas persiguiendo el sueño de crear una granja-escuela bajo la sombra del Turbón, que se convirtiera en punto de encuentro y debate sobre la biodiversidad. El proyecto todavía no está cumplido en su totalidad, pero Casa Fumenal se ha convertido en un acogedor albergue y centro de numerosas actividades relacionadas con el medio natural, que recibe la visita de gentes llegadas de los sitios más insospechados y acumula unánimes parabienes de todos sus visitantes. "A pesar de todas las dificultades, nuestra decisión ha merecido la pena por la calidad de vida, el disfrute permanente del paisaje y la naturaleza y por la intensa vida familiar que estamos desarrollando con nuestros tres hijos", comentan Carmen y Óscar en discurso cómplice.

El clima "fantástico", la orientación "excelente", la luz "preciosa", el paisaje, la tranquilidad, la magia que emana el Turbón y la muy activa asociación cultural del Turbón-Valle de Lierp, que se ha constituido en el municipio hace unos pocos años y ha generado desde entonces gran cantidad de actividades de tipo cultural, educativo y social –que están contribuyendo notablemente a dinamizar este territorio ribagorzano– fueron las razones que convencieron a la historiadora Margarita Castillo y al psicólogo Claudio Rezzia para trasladarse definitivamente aquí el pasado mes de octubre. Margarita razona su decisión. "La gente es muy acogedora, te hacen sentir bien, el valle está excelentemente comunicado, con carreteras óptimas y la ventaja de que uno puede estar muy tranquilo; ésta era la vida que queríamos". Muy implicados ya en la vida local, ambos enseñan orgullosos el coqueto museo local.

De veterano asiento

Frente a estos nuevos pobladores, Mari Mar Bisús y José María Carrera representan la continuidad histórica del poblamiento en el municipio. Propietarios de Casa Castel, José María entretiene su jubilación realizando delicados trabajos de artesanía en madera, mientras que Mari Mar trabaja para la Comarca en el programa de Ayuda a Domicilio, gestiona unos demandados apartamentos de turismo rural y aún encuentra tiempo para colaborar activamente con Cruz Roja. Reconocen que la vida en el Valle es tranquila. "Estamos súper bien, no tenemos que correr, hay tiempo para pasear y vivir; no somos esclavos exclusivos del trabajo", comentan con una sonrisa. Ambos revelan igualmente el agobio y estrés que les supone desplazarse hasta la capital "e, incluso, en muchas ocasiones a Graus por el bullicio que existe".

La pareja suspira por el regreso a casa de su hija y su yerno, que ahora trabajan en Barbastro; no les importaría nada retornar. "Sería bonito, porque supondría una apuesta por mantener vivos estos pueblos, ya que como no venga gente joven a garantizar el futuro, en pocos años esto está todo acabado", sentencia Mari Mar.

Museo Etnológico: al rescate de la forma de vida rural y la historia de los pueblos locales

Inaugurado hace ahora un par de años, el Museo Etnológico del Valle de Lierp merece una detenida visita. En unos 100 metros cuadrados de la antigua abadía del núcleo de Serrate se preservan un total de 170 objetos, que proceden de una veintena de casas del municipio; hay aperos de labranza y utensilios de labores cotidianas y oficios olvidados e, incluso, el original horno de pan de la casa abacial. Su diseño propone al visitante un recorrido temático por dos salas acondicionadas, con una zona a modo de presentación de este Valle de Lierp. Los mentados temas del trabajo en el campo y los oficios olvidados del día a día comparten espacio con la casa, tradiciones, ritos y devoción popular; todo se plasma en este singular espacio museístico que también da fe de creencias singulares de este valle, como la relacionada con el toque de la campana de Serrate, que aleja las tormentas cargadas de pedrisco o la bendición de términos desde la ermita de la Virgen del Pueyo para la protección de las cosechas contra plagas y tempestades, documentada ya en esta zona en el año 1736.

En datos

Comarca: La Ribagorza

Población: 46

Distancia a Huesca, su capital de provincia: 120 km

Los imprescindibles

Iglesias y ermitas

Una propuesta circular para recorrer los núcleos de este extenso municipio, a los pies de la montaña mágica del Turbón, permite conocer una docena de templos de distintas de épocas y estilos. En la imagen, San Esteban de Egea.

Un bello enclave pirenaico

El libro de José María Ariño y Fernando Sahún es un perfecto manual para adentrarse en este rincón del Pirineo y, como apuntan los autores, un homenaje para honrar la memoria de todas las personas que les precedieron aquí.

La Plana del Turbón

Accesible llanada a algo más de 2.000 metros de altura con fantásticas vistas; es el punto de partida clásico para ascender a la cumbre del pico. Su refugio de catorce plazas es punto de encuentro de montañeros y excursionistas.

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