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Huesca

Montaña

Los aludes han matado a 81 personas en las últimas décadas en el Pirineo aragonés

Se cumplen 18 años del accidente más trágico, el que enterró a una unidad militar en Benasque con nueve víctimas mortales

El 11 de marzo de 1991, una expedición compuesta por un centenar de militares salió a realizar prácticas de montaña en la cara norte del macizo de la Maladeta. Cuando los soldados regresaban al campamento base, en dirección a los Llanos del Hospital de Benasque, una avalancha de 200 metros de frente los enterró. Ese día solo pudieron ser rescatados cinco cadáveres. El último cuerpo apareció una semana después. Entre las víctimas se encontraban el teniente Alvaro Fernández, el cabo primero Ricardo Dorado y los soldados de reemplazo Juan Antonio Pozuelo, José Luis Rodríguez, Joaquín Pérez, José García, Jorge Górriz, José Manuel Tallón y David Vives, soldados de reemplazo, la mayoría catalanes, aunque también había un navarro y un joven de Grañén.

Este lunes se cumplen 18 años del que ha sido el accidente más trágico que se recuerda en la montaña oscense. Para conmemorar la fecha compañeros de las unidades de montaña del Ejército y familiares de las víctimas participaron este sábado en un homenaje, con una marcha hasta la Tuca Blanca de Paderna, el lugar del suceso.

Esos nueve militares forman parte de una larga lista de personas que han perdido la vida sepultadas por la nieve en las últimas décadas. Un estudio realizado por Emilio Leo, jefe de la unidad de Protección Civil de la subdelegación del Gobierno en Huesca, y José Antonio Cuchí, profesor de la Escuela Politécnica, que actualiza el que ya hicieron en 2003, recopila los sucesos más graves ocurridos desde el siglo XIX. Su estadística parte del año 1953, cuando se tienen registros oficiales del primer accidente de montaña como tal por un alud. Desde esa fecha hasta el 2017, periodo del estudio publicado en la revista Lucas Mallada, del Instituto de Estudios Altoaragoneses, se produjeron 80 víctimas mortales. A estas hay que sumar otra en 2018, un monitor de Formigal que esquiaba fuera de pistas.

En los últimos decenios destaca por su mortalidad precisamente la década de los años 90, debido precisamente al accidente de Benasque y a otro que ocurrió en Candanchú, con 6 víctimas. La tendencia ascendente en el número de muertos, heridos e ilesos tiene que ver, señalan, con el aumento creciente de las actividades de montaña.

El mes más trágico es enero y el mayor porcentaje de víctimas procedía del País Vasco (28%), seguido de Aragón (26%) y Navarra (12%). En cuanto a las actividades que practicaban, el 78,8% tenían que ver con el montañismo, en diversas modalidades, incluyendo el esquí de montaña o la escalada. "Es evidente que este colectivo, que se mueve por un territorio no protegido, es el más afectado por los aludes y debería ser objetivo preferente en la formación", indican los autores. 

También accidentes laborales

El esquí alpino y el ‘snowboard’ alcanzan el 16,3%. El menor porcentaje corresponde a accidentes laborales, un 3,7%. Y es que también trabajadores que limpiaban las carreteras han perdido la vida bajo la nieve, como los dos operarios fallecidos en 1971 en la del balneario de Panticosa.

El estudio analiza también el fenómeno de las evacuaciones masivas. En este caso no se puede hablar de accidentes sino de personas que se quedan aisladas. La mayor parte se han realizado en establecimientos hoteleros del valle de Benasque y del balneario de Panticosa.

Recurrentes y evitables

Para Emilio Leo, el número de víctimas crece a medida que la actividad humana ha invadido las zonas de aludes. "Los accidentes han aumentado por la mayor frecuentación de la montaña", señala este responsable de Protección Civil. La mayoría de los fallecidos practicaban deportes de montaña y además ellos mismos los han provocado. En su opinión, ya existe más conciencia sobre el problema, con cursos de formación y elaboración de mapas. Han surgido iniciativas como Alurte, en Canfranc, y los clubes deportivos y las federaciones preparan mejor a sus integrantes.

Leo recuerda que los aludes son recurrentes y que casi todas las muertes se podían haber evitado porque tienen que ver con decisiones personales. "En las poblaciones, y Canfranc es un ejemplo, se pueden tomar medidas pero el que sale a la montaña depende únicamente de la autoprotección", señala.

Según concluye el estudio, el conocimiento sobre la problemática de los aludes ha aumentado en paralelo al riesgo que sobre las vidas humanas supone el incremento de las urbanizaciones, infraestructuras y actividad deportiva en zonas de peligro. «Es necesario perseverar en la construcción de defensas de las infraestructuras, a la que vez que impulsar campañas de formación e información a los montañeros y esquiadores de montaña y fuera de pistas para que valoren el riesgo de los itinerarios, y por supuesto, utilizar equipos que faciliten el rescate».

Sexta causa de riesgo natural

Más de la mitad de las víctimas registradas a nivel nacional se han producido en el Alto Aragón. El porcentaje varía según las décadas, pero entre los años 1995 y 2017 fue del 55%. Hay que tener en cuenta, por otra parte, que los aludes son la sexta causa de fallecimiento debido a riesgos naturales en el país. Entre 1995 y 2016, la primera fueron las inundaciones (339 personas), seguidas de temporales marítimos (258), temperaturas (204), vientos (147), incendios forestales (133) y aludes (55). Por detrás están los rayos (53), la nieve y el frío (25) y los terremotos (9).

Las avalanchas más trágicas ocurrieron:

5/1/1826

Hospital de Benasque. La noche de Reyes, un alud derriba el edificio. Mueren cinco mujeres y tres niños. El hospitalero, padre y esposo de las víctimas, se salvó al no estar allí. Los cadáveres se recuperaron tres meses después.

1/2/1890

Puerto de Ansó. Mueren cinco miembros de un grupo de ocho hombres que iban a Francia. Los cuerpos se extrajeron en verano.

1/7/1953

Monte Perdido. Dos cordadas de la Escuela Militar de Montaña son arrastradas al caer un sérac (bloque de hielo fragmentado del glaciar). Fallecen dos capitanes.

1/4/1971

Carretera al balneario de Panticosa. Un alud de nieve primavera cae sobre un grupo de tres obreros que trataban de abrir la carretera y mata a dos. El conductor de la máquina quitanieves permanece dentro seis horas hasta que es rescatado.

15/5/1980

Monte Perdido. Pierden la vida tres alpinistas franceses en la ascensión. Un cuarto se salvó.

19/1/1985

Candanchú. En la Rinconada, próxima a la estación, 12 jóvenes esquiadores vascos y navarros son arrollados por un alud desencadenado al parecer al cortar una capa de nieve virgen. Mueren cinco de ellos y el instructor y se puede rescatar con vida al resto.

10/2/1991

Astún. Seis esquiadores de travesía franceses se ven sorprendidos por una avalancha fuera de pistas. Solo sobrevivieron dos que se protegieron tras una roca.

11/3/1991

Tucas de Paderna (Benasque). Un alud atrapa a una unidad de la Brigada de Cazadores de Alta Montaña y mueren nueve militares. El rescate dura 11 días.

6/1/1995

Sallent de Gállego. Seis montañeros vascos, de 17 a 23 años, mueren en el descenso del refugio de Respomuso. El último se encontró cinco meses después.

4/1/2008

Formigal. Tres esquiadores fuera de pistas fallecen atrapados por un alud de 300 metros de longitud. Uno era un trabajador de la estación.

9/1/2010

Pico Collarada (Villanúa). Una avalancha de placa de 400 m mata a tres esquiadores de montaña navarros: dos hermanos y un cuñado.

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