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El tiempo

La 'sequía' de nieve en el Pirineo, una de las peores de los últimos inviernos

Los datos de la reserva nival indican que se trata del séptimo peor año en las últimas dos décadas. No hay nevadas desde el 16 de diciembre pero los expertos aseguran que la situación "no es excepcional"

Montañas como estas del valle de Hecho aparecen con apenas unas manchas de nieveIñigo Ayllón/Refugio de Góriz

Dos meses después de las primeras nevadas, el Pirineo apenas aparece teñido de blanco. El manto de nieve, lejos de crecer, va a menos. La ‘sequía’ se nota en las estaciones de esquí y en otras actividades de montaña. El anticiclón permanece anclado en Aragón, con más calor en los valles del norte que en los llanos del sur, y al menos hasta el día 9 no se vislumbra un cambios de tiempo. El arranque de 2019 ofrece uno de los peores datos en cuanto a reserva nival desde que hay registros, pero los expertos afirman que esta situación no excepcional porque "todavía queda mucho invierno por delante".

El primer boletín de nieve emitido por la Confederación Hidrográfica del Ebro, a principios de noviembre, destacaba "un arranque bastante fuerte y muy temprano". No fue un buen presagio, porque desde el 16 de diciembre no ha habido precipitaciones y el escaso manto acumulado se fundió con las altas temperaturas. Es posible esquiar en unos 80 kilómetros en cinco estaciones aragonesas, pero Candanchú y Javalambre aún no han abierto, e incluso han tenido que aplazarse pruebas deportivas. Además, en la alta montaña hay que subir a 2.400 m para encontrar un manto continuo.

Desde que la CHE hace cálculos de la reserva nival, a partir de la temporada 2002-2003, ha habido inviernos peores. La estimación esta semana en la cuenca del Ebro, principalmente en el Pirineo aragonés, es de 493 hectómetros cúbicos de agua equivalentes, lo que representa el séptimo peor registro. En los últimos 17 años, el dato más desfavorable a 1 de enero se dio en 2008 (261). También están por debajo 2005 (469), 2007 (317), 2012 (307), 2013 (353) y 2016 (261).

Los técnicos del área de Hidrología aseguran que "no es una situación anómala ni excepcional". Comparada con el 2018 sí hay un claro contraste, pero es que el pasado fue un año inusual (1.116 hm3). "Igual que hay años en los que empieza a nevar en noviembre, en otros lo hace en enero. La evolución de la innivación es bastante incierta. Con lo que hay ahora no podemos dar el invierno por perdido", aseguran, recordando que las principales acumulaciones se dan en febrero, marzo y abril, "que es cuando nieva fuerte", aportaciones que se pueden traducir en agua para los ríos en la época del deshielo.

Los agricultores miran a las montañas

La nieve, además de un recurso turístico, es un embalse natural que aprovechan los agricultores. "La buena, para que el deshielo sea prolongado y llegue a junio es la que cae hasta Reyes, porque está a temperaturas muy bajas y se hiela. La nieve primavera, hoy cae y mañana ya no está", comenta el presidente de Riegos del Alto Aragón, César Trillo. Los regantes miran al cielo, pero también a las montañas, que este año no ven blancas.

"Asociamos la Navidad con nieve y esquí, pero es a principios de enero cuando suelen entrar las borrascas", comenta la nivóloga Rocío Hurtado, pese a reconocer que este año está siendo muy desfavorable, pues las altas temperaturas han impedido incluso fabricar nieve artificial. Diciembre suele ser anticiclónico, dice, con niebla en el valle del Ebro y calor en el Pirineo por la inversión térmica. "No todos los inviernos son iguales", recuerda, "aunque nuestra memoria sea corta y nos acordemos de las grandes nevadas del año pasado". En 2018 hubo una gran sucesión de borrascas que iban dejando 5 o 10 cm. Otras veces no son tan frecuentes pero cae un metro. Hace dos inviernos nevó el 30 de noviembre y no volvió a hacerlo hasta el 9 de enero, 40 días después, indica Hurtado. Todavía hay margen, y precisamente a partir de ese día es cuando se prevé un cambio de tiempo, aunque sin saber muy bien qué traerá.

Cambio de hábitos 

Los refugios de alta montaña, acostumbrados a medir los espesores en metros, están este año a cero. Solo hay unos centímetros, apenas 30, en los más orientales y más elevados, como la Renclusa (32) y Cap de Llauset (28). "La nieve empieza a partir del refugio", comenta el guarda de Bachimaña, José Ángel Sánchez, y esto ha obligado a variar los hábitos de los montañero. "No hay suficiente para hacer esquí de travesía pero sí demasiada para los senderistas", señala.

El Pirineo vive uno de los inviernos con menos nieve

El registro de nieve en el refugio de Góriz, lo mismo que en la mayoría, es de cero centímetros. Solo se ven algunas manchas dispersas. 

Los refugios, estas semanas más accesibles, han incrementado la ocupación. "Está viniendo más gente", afirma Sánchez, para quien tampoco es un invierno excepcional. En su sus 20 años de oficio, recuerda navidades sin nieve y otras con 1,5 m. Este año llegó anticipadamente, "pero se ha ido por el calor". En Bachimaña, estos días las mínimas han estado en torno a 2 grados, por encima de lo que marcaban los termómetros en los Monegros.

El anticiclón es bien recibido, más que la sucesión de borrascas del 2018, que no daba tregua y ahuyentó a los clientes. "Vale más que no haya demasiada nieve y que haga bueno", dice pensando en su negocio, "pero más que ahora sí sería deseable, porque todos vamos a remolque de las estaciones de esquí y si en las pistas no tienen, es malo para todos", comenta Sánchez.

En Góriz, otro refugio a más de 2.000 metros, han tenido temperaturas de 12 grados estos días. Según Luis Muñoz, en sus 12 años de guarda, ha habido algún enero con poca nieve, aunque este es de los que menos. "Cuanta menos nieve hay, más gente viene. Ahora se puede llegar hasta aquí sin pisar nieve o evitándola en su mayor parte. Hemos tenido mucha gente en Nochevieja, unas 70 personas, cuando otros años había 20 o 30". Curiosamente, el año pasado, la carretera a la pradera de Ordesa permanecía cerrada por riesgo de avalanchas, lo que provocó anulaciones de reservas.

La falta de nieve está condicionado las actividades de los montañeros. El guía Íñigo Ayllón explica que ha tenido que adaptarse a las nuevas condiciones. "No se puede ni esquiar ni hacer raquetas. Se han cancelado actividades o se han sustituido por rutas de senderismo, aunque ha habido que hacerlas con más precaución. Ahora, en lugar de buscar la nieve evitamos la poca que hay", aclara.

 





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