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Huesca

Óscar Espinosa: "Era una guerra, con bajas y daños colaterales, que había que ganar para poder regresar"

Hay una casa acabada y tres en marcha, calles en obras y luz. Han tardado 10 años, pero los herederos de los antiguos vecinos empiezan a volver.

Óscar Espinosa, con Javier y Jesús Garcés, delante de la casa que construye el primero.
Óscar Espinosa, con Javier y Jesús Garcés, delante de la casa que construye el primero.
Rafael Gobantes

Casa Frechín fue la primera en reconstruirse, al otro lado del río Ara, donde nunca llegó a hacerse la presa. En el casco urbano de Jánovas están en marcha tres obras, y con la llegada de la luz y la urbanización de las primeras calles, otros propietarios se han animado a poner en pie las casas donde vivieron sus antepasados convertidas hoy en ruinas.

Óscar Espinosa es uno de los que está levantando una vivienda, Casa Agustín. Él no había nacido cuando su abuelo, del que ha recibido la herencia, se marchó en 1965. Recorre las calles embarradas junto a Jesús Garcés, que va a empezar pronto a levantar Casa Carpintero, y el sobrino de este, Javier, nieto de Emilio Garcés, el último habitante de Jánovas, que ha comprado un inmueble para empezar en primavera. "Las raíces tiran, aunque no tenga recuerdos. Era muy pequeño cuando se fueron mis abuelos", cuenta Javier. Él vive en Boltaña pero no renuncia a regresar.

"Nos echaron de malas maneras, de un día para otro, pero para recuperar nuestras tierras han tenido que pasar 10 años y todavía hay afectados a los que, a día de hoy, ni siquiera los han llamado para ofrecerles el acuerdo con Endesa". Óscar Espinosa, que además preside la Fundación San Miguel, creada para reconstruir Jánovas, lamenta el retraso, aunque él haya tenido más suerte y su casa ya se esté levantando.

Los precios de reversión están lejos de la idea inicial de Endesa de cobrar 30 veces más, el IPC actualizado. Era "un insulto", dice Espinosa. La mayoría ha llegado a acuerdos con la compañía, pues el jurado de expropiación marcaba valores más altos. "Sigue siendo injusto, pero sabíamos que no nos los devolverían gratis".

El precio por las casas, en ruinas, ha sido "simbólico". En su caso, abonó poco más de un euro por cada uno de los 350 m2 de planta. "Parece un regalo, pero es que ha habido que levantarla, porque la dejaron caer", comenta este afectado. Otra cosa son las tierras, entre 4,5 y 6 veces lo que recibieron al ser expropiados. Llevaban 40 años yermas y ha habido que ganar tierra de labor al monte, gracias a ayudas de la DGA. También con dinero del Gobierno de Aragón se ha llevado la luz y empezado a urbanizar las calles. Para el puente de la Constitución se dispondrá de servicio de electricidad definitivo hasta la antigua escuela, el primer edificio público acabado. Desde aquí a las casas correrá por cuenta de cada propietario.

No han recibido el mismo trato del Gobierno central, que pese a las promesas iniciales de una inversión millonaria, ha aplazado al 2028 el plan de desarrollo para reconstruir los servicios generales. "Si ya tardamos en la reversión, que se traslade la inversión a dentro de 10 años es otra tropelía", se queja el presidente de la fundación. La CHE sí está ejecutando con recursos propios la retirada de la ataguía del río, pero de Madrid no ha llegado un euro.

Él agradece el respaldo de la DGA para conseguir "lo básico", y acelerar así la vuelta a Jánovas. En los otros pueblos expropiaciones, Lavelilla y Lacorz, va todo más despacio, aunque está previsto iniciar las primeras casas.

"Hemos llamado a muchas puertas para negociar", afirma Espinosa. "Esto era una guerra, con daños colaterales y bajas, que había que ganar porque nuestro objetivo era volver. Nos cuesta dinero reconstruir las ruinas, y no regresamos como nos hubiera gustado, con las inversiones hechas, pero volvemos a Jánovas como propietarios de pleno derecho, dejando atrás por fin la historia del pantano".

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