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Huesca

Cruces, buzones y ofrendas que adornan (o no) las cimas

La polémica de las pintadas en el Aneto ha abierto un debate entre los montañeros sobre la presencia de símbolos en las cumbres. Los clubes piden respeto y también acotar las ofrendas porque acaban siendo basura.

Curiosa fotografía de cuatro montañeros frente a la cruz de la Peña Oroel de Jaca
Curiosa fotografía de cuatro montañeros frente a la cruz de la Peña Oroel de Jaca
Pedro Sinues

La reciente polémica de las pintadas independentistas en la cumbre del Aneto ha abierto un debate entre los montañeros sobre la presencia de símbolos en las cimas, más allá de los clásicos vértices geodésicos de hormigón. Los principales clubes de la provincia de Huesca hacen un llamamiento para que se respeten, aunque también piden acotar las ofrendas de pañoletas, banderas o pulseras que se dejan a veces anudas a estos elementos ya que las inclemencias meteorológicas las transforman en basura que ensucia la montaña.

Montañeros de Aragón de Barbastro tiene un vínculo directo con uno de los símbolos más emblemáticos del Aneto, la Virgen del Pilar, ya que fueron ellos los que en 1956 la subieron para dejar clara la propiedad aragonesa de la cima en respuesta a la gran cruz colocada cinco años antes por el Centro Excursionista de Cataluña. En 1981 hicieron lo propio los benasqueses con la imagen de su patrón, San Marcial.

Su presidente, José Masgrau, reconoce que quizá hoy en día ningún club pondría imágenes religiosas en las cumbres, especialmente porque hay más conciencia medioambiental, "pero fue fruto de una época determinada, herencia de la Europa cristina, y creo que hay que respetar la historia de las montañas ya sea uno cristiano, ateo o agnóstico. Además, no nos gusta que venga gente y menos de fuera a dañar nuestro patrimonio".

Cada año, Montañeros de Aragón de Barbastro sube al Aneto para hacerle una ofrenda de un ramo de rosas (de tela) a la Virgen del Pilar como recuerdo a la entronización que se hizo en su día, pero Masgrau admite que se ha replanteado, como gesto, hacerla en cualquier iglesia "porque entiendo que lo adecuado es dejar cuantas menos cosas mejor en la montaña y que las cumbres estén lo más naturales posibles".

Otras cruces representativas son las del Tozal de Guara o la de la Peña Oroel. La primera fue colocada en 1957 por el club Peña Guara de Huesca para conmemorar su 25 aniversario. Su presidente, Manolo Bara, considera que este tipo de símbolos son más una "tradición montañera" que algo con una significación especialmente religiosa. "Era una forma de identificar que se había conseguido hacer cima", explica. Y de hecho, hoy en día abundan en las redes sociales las fotos de montañeros junto al símbolo correspondiente de cada cumbre.

Manolo Bara coincide con la opinión de que las cimas de las montañas "no son sitios para dejar cosas colgadas o atadas porque luego cuando llueve, nieva o hace viento, se rompen", aunque él particularmente tampoco se dedica a quitar nada "porque son sentimientos de la gente".

La emblemática cruz de la Peña Oroel de Jaca, de casi 9 metros de altura, es quizá uno de los símbolos montañeros más relevantes y antiguos ya que su colocación data de 1902. Chema Tapia, del club Mayencos, afirma que "de vez en cuando aparece con alguna gamberrada, aunque no como algo ideológico". En su caso, afirma que prefiere ver las montañas "peladas" de símbolos, pero también deja claro que ante todo hay que "respetarlos". Y se une al llamamiento para no dejar ofrendas o recuerdos en las cimas "porque al final se acaban convirtiendo en basura".

Entre las cumbres más destacadas de Sobrarbe están Monte Perdido y la Peña Montañesa. En la primera alguien subió hace pocos años una figura de San Jorge luchando contra el dragón hecha de forja. Y en la segunda todavía se mantiene un antiguo buzón metálico con forma de pirámide, una costumbre que data de los inicios del pirineísmo en los siglos XVIII y XIX para que los montañeros dejaran constancia de su hazaña y sus mensajes. Alberto Bosque, presidente del club atlético Sobrarbe, señala que "a título personal me sobran todos los símbolos", y coincide con la opinión de que "quizá hoy en día ya no se pondrían cruces porque los tiempos cambian y no representan a todo el mundo". Aun así, aboga por respetar "el contexto histórico de cada momento".

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