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Huesca

El explorador que vivía para las plantas y descubrió la Rosa jacetana

La Diputación de Huesca recuerdó la figura del botánico, Pedro Montserrat, con un emotivo acto al que acudieron familiares, amigos y compañeros de profesión y resaltan la dedicación y el legado del científico, que falleció hace 10 meses a los 98 años.

Uno de los hijos de Pedro Montserrat, Josep María, durante su intervención en el homenaje que recibió su padre en la Diputación de Huesca.
Uno de los hijos de Pedro Montserrat, Josep María, durante su intervención en el homenaje que recibió su padre en la Diputación de Huesca.
Verónica Lacasa

"Te enseñaba a hacerte preguntas y a buscar otras vías de investigación para resolver los enigmas de las plantas". Pilar Catalán, directora del Área de Ciencias Naturales del Instituto de Estudios Altoaragoneses, fue alumna de Pedro Montserrat, cofundador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) y creador del herbario de este centro, el tercero de España en importancia. El científico, fallecido hace diez meses, estudió a fondo la flora del Pirineo y dejó un legado de más de 500 publicaciones.

Montserrat, nacido en Barcelona y altoaragonés de adopción, inició en el l IPE y en la ecología la línea del estudio de los pastos como un ecosistema de gran relevancia ecológica y que incorporaba al hombre. "Fue muy amante de estos ecosistemas y a él se debe el valor que tienen en la actualidad. Seguimos sus pasos con gran orgullo. Fue un apasionado de su trabajo y siempre estuvo encantado de difundir y compartir sus conocimientos, además de buena persona", indicó Yolanda Pueyo, directora del Instituto Pirenaico de Ecología.

Este lunes, la Diputación de Huesca le rindió un cariñoso homenaje en el que participaron familiares, amigos y botánicos que compartieron con él su pasión por las plantas. Entre ellos estaba uno de sus hijo, Josep María Montserrat, quien manifestó que era "una satisfacción ver que la obra de mi padre tiene interés... Es emocionante". Según dijo, cuando él se formó, una de las aspiraciones, que todavía lo es de muchos botánicos, era la exploración. "Y España, en aquella época, era un país muy cerrado y no había muchas oportunidades de explotar fuera del territorio peninsular donde el Pirineo era la última frontera". Añadió que lo que quedaba por descubrir estaba en la montaña, que era lo más inaccesible. "Él era un hombre muy fuerte y aprovechó su condición física y su interés por las plantas para explorar el Pirineo a la vez que hacía el doctorado", apuntó.

Llegó a Jaca en 1968 y "desde entonces no paró de estudiar los Pirineos", señaló Francisco García Novo, catedrático de Ecología de la Universidad de Sevilla que impartió una conferencia sobre Pedro Montserrat, que se estrenó en la dirección de tesis doctorales con este profesor. "Fue un gran botánico, estudiando lo que había y describiendo numerosas especies", dijo. Además, "fue un formidable ecólogo, interpretando la vegetación, el paisaje en relación con el clima y la morfología", añadió destacando el perfil humano del botánica.

Según García Novo, a Montserrat le preocupaba mucho qué habían hecho los hombres y los ganados, cómo habían conseguido vivir ahí, cómo habían evolucionado juntos y lo bien que históricamente lo habían hecho para conservar lo mucho que queda. "Encontró una cordillera muy larga, cerca de 1.000 km, muy variada, con muchas cumbres y una historia de presencia humana durante miles de años, con procesos que eran nuevos hasta que él los percibió", explicó el ecólogo. Destacó que todo ello "es como un tesoro que ahora llamamos gestión acertada de los recursos con base en la sostenibilidad y la optimización". El catedrático afirmó que ese es su legado.

Hallazgo en la Peña Oroel

Una de las muchas flores que descubrió en sus caminatas por el Pirineo se la dedicó a Jaca, donde Montserrat se sentía muy apreciado. "Yo, que soy de Mataró, lo bien que me han tratado en Aragón" recordó haberle oído decir García Novo. Y a esta tierra dedicó la Rosa jacetana, "una bonita planta que encontró en la Peña Oroel y es como un tesoro local". Descubrió muchas más, grupos difíciles de gramíneas, de pastos complicados… Según García Novo, tenía una memoria prodigiosa "porque recordaba pliego por pliego, y ha pasado de medio millón los que tenía en el armario de Jaca". "Pero no era solo un ordenador, es que sabía interpretar donde vivía cada planta, el efecto que tenía... Era una cosa extraordinaria poder hablar con él", comentó con admiración el catedrático de la Universidad de Sevilla.

No es posible entender la historia del IPE sin hablar del profesor Pedro Montserrat. Lo aseguró la directora del Instituto Pirenaico de Ecología, Yolanda Pueyo. Llegó a lo en aquel momento era el Centro Pirenaico de Biología Experimental del CSIC, que en 1983 se fusionó con el IPE, cuya labor investigadora reconoció la Diputación con el octavo Galardón Félix de Azara en 2005. La responsable del centro recordó que a él se debe la fundación del herbario, uno de los emblemas del instituto, con más de 300.000 pliegos, "gran parte de ellos, recolectados y conseguidos por el propio profesor Montserrat". 

Asimismo, supo transmitir su pasión a sus discípulos. “Siempre estaba dispuesto a ayudar y a colaborar en proyectos internacionales de forma desinteresada, aportando su esfuerzo, su trabajo, sus conocimientos y nos ha ayudado a muchos botánicos que hemos venido detrás de él”, aseguró Pilar Catalán.

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