Huesca
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El gran legado hidrológico y forestal de Benito Ayerbe

Canfranc rinde homenaje al ingeniero de montes en el centenario de su muerte por su trabajo en la prevención de torrentes y aludes cuando se construyó la estación.

Retrato de Benito Ayerbe a partir de una foto.
El gran legado hidrológico y forestal de Benito Ayerbe
Facilitado por Tomás Ayerbe

El paisaje natural del valle de Canfranc hoy no sería el mismo si no fuera por la labor del ingeniero de montes Benito Ayerbe. A pesar de su importancia, su proyecto, que se ha convertido en patrimonio natural, histórico y científico, no es suficientemente conocido, aunque su innovación en las defensas de la estación internacional de Canfranc fueron referentes a nivel nacional y en toda Europa. Ayerbe no pudo finalizar el gran reto que le supuso su proyecto, ya que falleció repentinamente a los 45 años, en 1917.

Algunas de estas obras tienen un siglo, pero siguen siendo ejemplo del éxito de la corrección hidrológico-forestal, y resulta fundamental la inversión para su mantenimiento. Cuando se cumplen 100 años de su muerte, el Ayuntamiento de Canfranc y el Instituto de Estudios Altoaragoneses le han rendido tributo con la celebración ayer de una jornada-homenaje y la inauguración de un memorial en el paseo de Los Ayerbe de Canfranc.

Él perteneció a una saga de ingenieros forestales que realizaron una destacada y pionera aportación a la hidrología forestal española del siglo XX. Esta se produjo, en particular, en obras de corrección de torrentes y aludes en el Pirineo de Huesca. Benito Ayerbe llevó a cabo dos trabajos: en el torrente Los Meses, cerca de Canfranc, y "el trabajo mayúsculo de la defensa de la estación internacional", tal y como recordó en su conferencia de ayer Ignacio Pérez-Soba Díez del Corral, doctor ingeniero de Montes, decano del Colegio de Ingenieros de Montes en Aragón.

El problema de los Arañones surgió cuando en 1908 comenzaron las obras del túnel de Somport y las de la estación ferroviaria. Esta se hallaba en la desembocadura de cuatro torrentes por la izquierda y de uno por la derecha, todos con gran actividad y desprendimientos de aludes, destacando el de Estiviellas y Epifanio. Lo curioso fue que las obras de la estación empezaron antes de que se realizaran los estudios en la montaña. Ayerbe dio a conocer los problemas y redactó una propuesta para realizar los primeros trabajos, "pero nadie le hizo caso entonces".

Tras visitar obras de defensa en Francia, que fracasaron al no ser efectivas, descubrió que había que innovar y Canfranc "era un reto". Hacia 1911 se inventó el dique vacío, que retiene el torrente pero deja pasar los arrastres sin forzar la estructura y quedando vacío para los aludes del año siguiente. Ese año proyectó tres estructuras de este tipo en Epifanio. Su proyecto se valoró en 1.258.000 pesetas, pero solo pudo disponer de 15.000.

Entre 1915 y 1916 los aludes destruyeron varios edificios de la explanada de la estación, pero ninguno procedía de Epifanio, donde ya se habían hecho obras. Esto facilitó fondos y ayudas para el ingeniero. Se designó como su ayudante a Florentino Azpeitia, que finalizó el proyecto de Ayerbe tras su muerte. Hasta 1930, que duraron las obras, se repoblaron 640 hectáreas de monte con 7 millones de árboles, se construyeron 71 diques entre 3 y 15 metros de altura y se canalizaron los torrentes. La inversión fue de algo más de 8 millones de pesetas. Posteriormente, José María Ayerbe realizó obras complementarias.

Pero, como aseguró Pérez-Soba, la corrección "no es una solución absoluta ni eterna". El último gran alud en el torrente Epifanio ocurrió en 1970, con todas las obras ya terminadas y, aún así, logró llegar a la playa de vías de la estación y derribar varios vagones de mercancías. Estivellas está aún más activo, con aludes en 1986 y 1993 que llegaron ambos hasta la iglesia de la localidad.

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