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El deshielo alcanza su ecuador

La red de telenivómetros de la CHE permite determinar el volumen de nieve. Ya se ha fundido la mitad, sobre todo por las altas temperaturas registradas en el mes de abril.

Mediciones en la nieve. Técnicos de la Confederación Hidrográfica del Ebro han realizado en los últimos días inspecciones para calibrar algunos de los 12 telenivómetros que conforman la red de la cuenca. Nueve de ellos están en el Pirineo aragonés. En la fotografía, el de Quimboa, en el municipio de Ansó.
Mediciones en la nieve. Técnicos de la Confederación Hidrográfica del Ebro han realizado en los últimos días inspecciones para calibrar algunos de los 12 telenivómetros que conforman la red de la cuenca. Nueve de ellos están en el Pirineo aragonés. En la
CHE

Técnicos del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) han revisado en los últimos días algunos de los 12 telenivómetros que la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) tiene repartidos por el Pirineo y la cabecera de la cuenca para medir el espesor del manto de nieve y la cantidad de agua que contiene. Esta es una información fundamental para estimar la aportación de la reserva nival, un embalse en diferido, de cara a planificar con mayor seguridad la gestión de las presas.

Los aparatos automáticos, junto con una red de 112 balizas, permiten determinar que en estos momentos, en la cuenca del Ebro, hay 856 hectómetros cúbicos de agua equivalentes en forma de nieve, una cifra que está por debajo de la del año pasado en las mismas fechas, pero en niveles similares al promedio de los últimos cinco.

Como explica Marisa Moreno, jefa de Hidrología y Cauces de la Confederación, la nieve ya lleva fundiendo dos meses y todavía le quedarán otros tantos. El máximo volumen de reserva se alcanzó en febrero, aproximadamente un mes antes que en 2016. Los expertos calculan que ya se ha derretido el 50% del total de la cuenca y solo permanece por encima de los 2.000 metros. Las acumulaciones son mayores en la mitad oriental del Pirineo, en las subcuencas del Gállego, el Cinca o en el Ésera, y menores en la del Aragón.

Las altas temperaturas de abril fueron la principal causa de esta anticipación. Otros años se retrasa a junio, como ocurrió en 2013, cuando se produjeron las inundaciones del valle de Benasque. "Llevábamos varios años con un desfase temporal hacia adelante. La nieve alcanzaba su máximo en meses posteriores y el deshielo comenzaba avanzado el año, e incluso se daba en junio. Este año ha sido más normalizado, se ha anticipado", comenta Marisa Moreno.

De cara a la gestión de los embalses, interesa que el deshielo se retrase, para que la nieve pueda ayudar a llenarlos cuando la campaña de riego ya está avanzada, aclara Adolfo Álvarez, jefe del centro de procesos del SAIH.

Por su parte, Guillermo Pérez, técnico del Sistema de Ayuda a la Decisión (SAD), encargado de realizar las previsiones que facilitan la gestión, comenta que la primavera ha sido poco lluviosa y que el caudal de los ríos prácticamente era solo de fusión de nieve. "Las tormentas de estos días son las primeras que tenemos desde hace semanas", dice.

La nieve que se funde se está encontrando con los embalses casi llenos, ya que aunque el consumo para riego ha sido alto por el calor y la falta de precipitaciones, el deshielo los ha ido nutriendo. Presas como El Grado o Barasona están a más del 90% de su capacidad, La Sotonera roza esa cifra (89%) y Mediano se acerca (83%). En la cuenca del Noguera-Ribagorzana también son importantes las reservas de Santa Ana (75%), Escales (82%) y Canelles (69%).

Adolfo Álvarez, Guillermo Pérez y otro técnico se desplazaron la semana pasada a algunos de los telenivómetros de la red repartida por la cuenca para calibrar los sensores y comprobar que las estaciones automatizadas dan información correcta. Están repartidos entre los 1.800 y los 2.500 metros de altitud. Nueve de ellos, en el Pirineo aragonés: Quimboa (Ansó), Canal Roya e Izas (Canfranc), Bachimaña (Panticosa), Lapazosa (Torla), Ordiceto (Bielsa), Renclusa (Benasque), Eriste (Sahún) y Salenques (Montanuy). Hay otros dos en Lérida, Airoto (Alt Aneu) y Aixeu (Alins), y uno en la cordillera cántabra, el de Valdecebollas (Palencia).

Una vez al día se conectan a un satélite y transmiten datos a la oficina del SAIH, referidos a las últimas 24 horas, sobre temperatura, altura de la capa de nieve y estimación del equivalente en agua. Los telenivómetros se complementan con la red de 112 pértigas fijas que desde un helicóptero permiten evaluar visualmente el espesor.

Como explica Guillermo Pérez, resulta "imposible" calcular el volumen exacto de nieve almacenado, por ello hay que recurrir a modelos matemáticos de estimación, en función de precipitaciones y temperaturas, apoyados en las balizas y los telenivómetros. También se utilizan imágenes de satélite para ver la superficie innivada. La CHE es el único organismo que hace estas mediciones, ya que las de la Agencia Estatal de Meteorología van más enfocadas a la predicción de avalanchas.

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