Despliega el menú
Huesca

Un equipo de buzos trabaja a 65 m bajo el agua para reparar la presa de El Grado

La operación de colocación de dos escudos en los desagües de fondo se realiza en condiciones muy difíciles.

Los submarinistas salen de la campana tras izarla a una plataforma instalada en el embalse.
Un equipo de buzos trabaja a 65 m bajo el agua para reparar la presa de El Grado
Rafael Gobantes

Trabajan bajo el agua, a 65 metros de profundidad (equivalente a la altura de un edificio de unas 20 plantas) y sin visibilidad, guiándose únicamente por el tacto. "Es como bucear en un vaso de chocolate", dice Antonio Giménez, jefe del equipo de siete buceadores que durante varias semanas se encargarán de colocar unos escudos a modo de tapones en los túneles de la presa de El Grado para permitir llevar a cabo la reparación de las compuertas de fondo, muy deterioradas, ya que desde su inauguración en 1969 no se habían sustituido. Se trata de una de las primeras obras de estas características realizadas en España por su complejidad, fundamentalmente debida a las tareas submarinas.

Esta presa, que da servicio a más de 130.000 hectáreas de Huesca y Zaragoza, dentro del sistema de Riegos del Alto Aragón, es la más alta de las que explota el Estado en la cuenca del Ebro: desde los cimientos mide 130 metros y desde el cauce, 90.

Los trabajos comenzaron a finales de octubre, al acabar la campaña de riego, pues era necesario rebajar el nivel del agua. Desde entonces, los buzos realizan dos inmersiones diarias. Debido a la profundidad, descienden dentro de una campana hasta la embocadura de los túneles, a 65 m. Solo pueden permanecer fuera de la cápsula entre 30 y 40 minutos. En este tiempo recorren la galería, de 140 metros, utilizando torpedos en lugar de aletas, para colocar el tapón que permita cerrar la entrada de agua y trabajar desde dentro en seco. Al volver a la cápsula, esta sube poco a poco, por la descompresión, hasta salir a la superficie, a una plataforma flotante instalada cerca de la presa. La operación dura dos o tres horas. "Se trata de ir respirando dentro de la campana, siguiendo unas tablas que marcan las paradas que hacemos y cambiando de aire a helio o a oxígeno", explica Giménez.

2,7 millones de inversión

La profundidad no es el único inconveniente. También se enfrentan a la falta de visibilidad por la turbidez. "Todo lo hacemos a tientas, lo que entorpece bastante. No se ve absolutamente nada. Vamos tocando las paredes y con unas líneas guía para no perdernos", señala el jefe de operaciones de Sumergia, la empresa subcontratada por la adjudicataria de las obras, Inhisa Hidráulica. Giménez le resta importancia a los problemas. Están acostumbrados a operar en embalses, aunque también trabajan en el mar, en plataformas petrolíferas o haciendo tendidos de cable.

Ya han realizado la mitad del trabajo con la colocación de un escudo y ahora procederán a poner el segundo. A partir de entonces, ya en seco, Inhisa procederá a sustituir las compuertas. La Confederación Hidrográfica del Ebro invertirá 2,7 millones de euros en la reparación de los desagües de fondo, por donde normalmente sale el caudal ecológico o que permiten la evacuación cuando el nivel se sitúa por debajo de los aliviaderos.

"El problema que se nos plantea es cómo cerrar aguas arriba de las compuertas para trabajar en seco y poder sacarlas y sustituirlas. Lo hemos abordado con trabajos subacuáticos para la colocación de dos escudos que se están instalando en estos momentos", explica Francisco Álvarez, responsable del proyecto por parte de la contratista. Los escudos se bajan hasta la embocadura de los túneles, se introducen los 140 metros de la galería y se encajan para dejar la zona sin agua y proceder a la demolición y extracción de las compuertas viejas. Según Álvarez, se encuentran en un avanzado estado de deterioro y "los desagües de fondo de una presa han de estar operativos para evacuar el agua ante una emergencia".

Un obra compleja

Inhisa y Sumergia han colaborado otras veces. "Los submarinistas son clave, es la parte más compleja", señala el responsable del proyecto, con experiencia en trabajos similares en presas. "Hemos hecho obras a más profundidad y entrando en galerías de cierta longitud, pero una combinación de ambas cosas, 65 metros bajo del agua y entrando 140 metros en una galería, es de las primeras que se hace en España".

En otros embalses hay ataguías  que permiten hacer visitables las compuertas, pero no es este el caso, y lógicamente no se podía plantear el vaciado. Sí se ha bajado el nivel para bucear a menor profundidad y estar más tiempo bajo el agua. El Grado se encuentras a la mitad de su capacidad y las reservas se almacenan en la vecina presa de Mediano.

Etiquetas
Comentarios