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Mariano Sala: "Teníamos que impedir la locura de subir 7 u 8 motos grandes al Aneto"

?Uno de los protagonistas del ascenso de un vespino al techo pirenaico recuerda la anécdota 48 años después.

Mariano Sala posa en la puerta de su bar, el Rabasón, donde se ideó la locura de subir un vespino al Aneto
Mariano Sola posa en la puerta de su bar, el Rabasón, donde se ideó la locura de subir un vespino al Aneto

Han pasado 48 veranos, pero en Benasque todavía se recuerda la hazaña de los seis jóvenes del pueblo que auparon una vespino al techo de los Pirineos. Esto es, hasta la misma cima del Aneto. Parecía una empresa imposible, una cabezonería sin salida, pero los chavales tuvieron la maña de desmontar el vehículo, repartirse las piezas y cargarlas hasta la cumbre, donde se cruzaron con unos montañeros que accedieron a inmortalizar el momento.


Sobre el número de integrantes de la expedición hubo siempre ciertas dudas, pues quienes hasta ahora habían documentado la historia desconocían si el autor de la foto de familia era un séptimo benasqués o un excursionista que pasaba por ahí. Esta segunda tesis es la que coincide con la realidad, según confirma uno de los protagonistas de la ascensión, Mariano Sala, propietario del bar Rabasón, uno de los de más arraigo en la villa.


A sus 78 años y aunque se le escapan algunos detalles, Mariano echa la vista atrás y recuerda aquel verano de 1968 en que se reunieron "una veintena de vecinos en mi bar para ver qué hacíamos con el asunto de los motoristas de Mataró que querían subir el Aneto, lo cual veíamos como una barbaridad".


Esa fue la única motivación para llevar un vehículo a tan alta cota. "Nuestra intención era única y exclusivamente conservacionista, teníamos que impedir la locura de subir siete u ocho motos grandes al Aneto porque el daño que le iban a hacer a la montaña era muy grande. Y creo que nuestra acción, al adelantarnos a una acto que solo buscaba publicidad, lo impidió en buena medida", afirma Mariano, que en aquel momento acababa de entrar en la treintena.


"En el pueblo -añade el montañés- no sentó nada bien que una excursión patrocinada, con un fin comercial, se propusiera hacer esa barbaridad. Por eso quedamos todos los interesados y decidimos adelantarnos y estropearles la foto. También se nos dijo en el pueblo que estábamos medio locos y que la publicación de nuestra foto iba a repercutir negativamente en la percepción del peligro que se tenía de la montaña".



Foto de familia delante de la imagen de la Virgen del Pilar


Los muchachos salieron antes del alba del 3 de agosto, a eso de las 4.00, y regresaron en torno a las 19.00. La expedición la formaban el propio Mariano Sala, Ramón Ferrer (natural de Benasque, ya fallecido, que trabajó como guía de montaña y guarda forestal), dos hermanos zaragozanos de apellido Cota que acostumbraban a veranear en la localidad oscense y otros dos jóvenes cuyos nombres no ha sido posible recuperar. Las famosas fotografías fueron remitidas a la revista 'Montaña' por Santiago Vilaseca, "un barcelonés que veraneaba en el pueblo y que participó en la organización, aunque no subió", rememora el hostelero.


Frente al fin ecologista de unos, la marcha iniciada en la provincia de Barcelona pretendía acceder a la cima a lomos de "unas motos de la marca Bultaco, de gran tamaño y muy de moda por aquel entonces" y bajo el patrocinio de tres marcas comerciales. Que el vespino de Benasque fuese más veloz acabó siendo importante. "Su idea era usar una especie de cuerdas resistentes para pasarlas enteras, sin desmontar, por el Puente de Mahoma. Una barbaridad", apunta Mariano.


El guía y apasionado de la literatura de montaña Narciso de Dios, autor de la película documental sobre el Aneto 'La línea gigante', aclara que "los integrantes del club motociclista de Mataró no llegaron a cruzar el Puente de Mahoma, donde desistieron y dieron media vuelta".


El ejemplar de 'La Vanguardia' del 30 de junio da cuenta de la presentación del proyecto, que pretendía iniciar el ascenso el 3 de agosto y culminarlo seis días después. En el artículo se detalla que las ruedas habían sido "equipadas con unos grampones (sic) especialmente diseñados y construidos por los propios expedicionarios, con el fin de evitar resbalones al cruzar los heleros". Aunque no se ha podido comprobar, se cree que la hilera de motos que acometió el ascenso fue menor que la ideada en inicio.


Por tanto, la machada de los chicos de Benasque habría frenado y minimizado el ataque medioambiental. El regreso de los valientes al pueblo tuvo cierto toque épico. "Lo celebramos a lo grande aquí, en el bar, porque éramos conscientes de que nuestra idea había sido útil", recuerda un orgulloso Mariano a través del teléfono del Rabasón, el mismo escenario en el que la anécdota dio sus primeros pasos.

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