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Huesca

"…Que te quiero verde" recupera la variedad con 100 kilos de tomate rosa

Los vecinos de la Puebla de Fantova, en la Ribagorza, se propusieron hacen unos meses recuperar la variedad autóctona de tomate de montaña y ya han recogido y comercializado su primera cosecha. 

Imagen del tomate de montaña
"…Que te quiero verde" recupera la variedad con 100 kilos de tomate rosa

Hace unos meses, los escasos cien habitantes de La Puebla de Fantova se unían para comercializar, en una red de consumidores de cultivos ecológicos, el tomate rosa de montaña: una variedad que en la comarca que ya solo crece en huertas familiares y prácticamente desconocido en los mercados de consumo masivo. Ha pasado de generación en generación, pero su cultivo se estaba perdiendo paulatinamente por el cambio de gustos en la siembra.

 

Hasta el pequeño núcleo de población de la Ribagorza aragonesa llegaba atraído por un antiguo molino, Javier Selva, un sociólogo madrileño que se acercó para restaurar el viejo edificio y acabó “enamorado” de la zona. “Después de un tiempo por aquí tuve claro que quería hacer algo por ella”, declara. Ahora vive a caballo entre la capital española y la localidad de Fantova, que forma parte de lo que hace años fue una tupida red de pueblos y casas que hoy se encuentran abandonados. Y aunque de producir tomates se trata y evitar su extinción, el objetivo más claro es el de revitalizar la zona. “Queremos demostrar que aunque la explotación se a pequeña, si los productos se miman y se presentan en buenas condiciones, pueden ser rentables permitiendo vivir en este tipo de poblaciones”, relata Selva.

 

A través de la plataforma de financiación colectiva Namlebee, este proyecto de agricultura sostenible, al que sus creadores denominaron "...Que te quiero verde", consiguieron recaudar, en poco de un mes, cinco mil euros para su puesta en marcha, gracias a la aportación de alrededor de cien mecenas de Aragón, Cataluña, Madrid, País Vasco y Holanda. Y hace escasos días, a más de 700 metros de altura, el terreno donde se plantó la cosecha, entre los valles del Ésera y del Isábena –y tras sobrevivir incluso a una granizada-, veían brotan los primeros 100 kilos de tomates y en unos días llegarán hasta sus destinatarios –incluso hasta uno de los restaurantes más famosos de Madrid-. “Esta primera cosecha ha sido la culminación de un proyecto en el que llevábamos trabajando desde hace años”, explica Selva, quien asegura estar “encantado” con la gran acogida que ha tenido la iniciativa y el “éxito” que ha cosechado.

 

“Este proyecto trata de recuperar una parte de la agricultura de la zona y hemos querido que este sea el primer producto ecológico elaborado por los hombres y mujeres que apuestan por mantener vivos sus pueblos y paisajes", explica Javier Selva, impulsor de esta iniciativa que ha dado trabajo a dos mujeres jóvenes de la zona.

 

 Un proyecto de colaboración vecinal

“…Que te quiero verde” es otro ejemplo de colaboración e implicación vecinal. La finca ha sido cedida por uno de los vecinos, otros aportan su mano de obra y los agricultores de la zona controlan la producción. Además, un vivero cercano suministra las semillas, un diseñador ya ha creado una marca y un logotipo, varios vecinos trabajan en el armazón del invernadero y un herrero del pueblo se comprometió a construir un toldo para proteger el producto de las heladas de la primavera y del granizo del final del verano.

 

Este proyecto puede ser un comienzo para nuevos cultivos en la zona, ya que, según apunta Selva, ya están pensando en llevar acabo otras iniciativas similares como la elaboración de productos cosméticos, cursos de verano o la plantación de otras frutas o verduras.

 

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