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Solo hay tres perros de la ONCE en Huesca

"Un perro guía te da una autonomía que no te da un bastón", dice Sergio Brau, propietario del labrador Bánder.

De izquierda a derecha, Pilar Torres y su perro 'Hero', Sergio Brau y 'Bánder' y Ricardo Espierre con 'Geíser'
"Un perro guía te da una autonomía que no te da un bastón"
J. S. B.

Se llaman Hero, Bánder y Géiser, son dos labradores y un pastor alemán y parte de un muy compenetrado dúo cuando están con sus dueños, Pilar Torres, Sergio Brau y Ricardo Espierre, respectivamente. Se trata así de los tres únicos perros guía de la ONCE que trabajan a día de hoy en la capital oscense, y que recorren sus calles tras un tiempo de espera medio de sus usuarios de tres años y un proceso de adiestramiento de cerca de otro año.

"Va a hacer ocho años que tengo a Hero. Se llama así porque a su camada se le asignó la letra ‘H’ y los nombres de sus hermanos comienzan todos por esta letra. Lo solicité porque veía que a mis amigos de la ONCE les daba mucha seguridad. A mí además me gusta también mucho andar por el campo, por lo que pensé que sería una buena oportunidad", explica Pilar.

"Bánder tiene dos años y medio y está conmigo desde abril", interviene Sergio, "me animaron también mis amigos y me convenció el hecho de que podría tener una movilidad más amplia de la que te da el bastón". Para Ricardo, por otra parte, Géiser es su tercer perro guía y lleva con él 15 meses. "Antes de perder la vista ya tuve perros. Se trata de un animal que siempre me ha gustado y con el que pensé que podría trabajar", relata.

El primer requisito para solicitar un perro guía es ser mayor de edad y pertenecer a la ONCE. A continuación, la Asociación transmite la petición a un equipo técnico que evalúa psicológicamente al posible dueño, para determinar que se trata de una necesidad real y no un capricho, así como sus dotes de orientación y su capacidad para interactuar con el animal.

"Tienes que haber sabido manejar con destreza el bastón y se miden aspectos como tu velocidad al caminar. Un obstáculo, por ejemplo, el perro puede esquivarlo, pero una curva más pronunciada puede pasarte desapercibida cuando vas con él si no te has sabido manejar bien antes con el bastón", explica Ricardo. "El proceso de adaptación dura más o menos un mes. Duermes incluso en la misma habitación que el animal", relata Pilar. "El instructor –instructora en este caso- se traslada después a Huesca y te recomienda realizar los recorridos que llevas a cabo a diario", añade, por otra parte, Sergio. Cada año la ONCE entrega así una media de 100 perros.

A la hora de moverse por la capital oscense, ninguno de los tres ha tenido, problema alguno. Gracias en gran parte, según admiten Sergio y Ricardo, al camino abierto por Pilar cuando era la única propietaria en Huesca de un perro guía. "Nunca he tenido problemas al respecto. Al principio, cuando iba al centro de salud, tenía que avisar y enseguida lo entendían. Ahora va conmigo a todas partes, me lo llevo a clase de yoga, de compras, incluso a la piscina. Allí tiene su sitio, donde me espera mientras nado. Al supermercado prefiero, sin embargo, no llevarlo, porque allí está sometido a muchos estímulos y tampoco puede ayudarme a coger los artículos de las estanterías", explica la dueña de Hero.

"Yo, en cambio, sí que voy con Bánder al supermercado, ya que se porta muy bien. Le dejo oler un poco, sin acercarse a los productos. Para él es como una prueba de fuego, ya que, como dice mi compañera, son muchos los estímulos a los que está sometido allí", señala Sergio. "Son perros que están muy bien educados. Puedes tener a un perro muy mimado pero no bien educado. Los nuestros, aunque estén sueltos en casa, sabes que no te van a saltar sobre la cocinilla o a la mesa para coger algo", añade Ricardo.

Los tres coinciden además cómo, salvo en algún caso aislado, la actitud de los oscenses ha sido siempre ejemplar hacia sus guías de cuatro patas. "Saben que se tratan de nuestras herramientas de trabajo y que no se les puede molestar. En mi caso, incluso se enfadan contigo si no quieres que te ayuden a recoger sus necesidades del suelo", asegura Sergio. Su perro Bánder, además ha hecho ya amistad con los vecinos. "Le encanta pasar frente al bar Brasil porque sabe que le van a dar una patata", relata Sergio divertido.

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