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Huesca

GEOLOGÍA

El congosto del Isuela esconde una fuente caudalosa pero poco conocida

Del interior de la cavidad de San Clemente, situada aguas abajo de la presa de Arguis, surge un manantial intermitente de aguas subterráneas en un estrecho fluvial que esconde diversos alicientes.

Interior de la cueva de San Clemente en periodo de sequía, cuando no hay un fuerte caudal de agua.
El congosto del Isuela esconde una fuente caudalosa pero poco conocida
E. VIÑUALES

Poco antes de llegar a la presa de Arguis, un viaducto de la actual carretera N-330 (que une Huesca y Sabiñánigo) deja abajo a mano izquierda, a pocos metros, la enorme entrada de una cueva que se abre en la pared de roca, un discreto rincón natural en el que pocos conductores se fijan. Es en este estrecho congosto natural donde el río Isuela se ha abierto camino entre los grandes espesores de calizas que bajan desde la Sierra de Gratal -al oeste- y el Pico del Águila -al este-, para dar lugar así a la llamada Foz de San Clemente. Y es allí, en el seno de dicho pasaje geológico, en la margen derecha del río, donde se localiza la cueva también llamada de San Clemente o de San Climén.

El espeleólogo de Peña Guara, Esteban Anía, explica que «la cueva es conocida desde siempre, y que ya se veía desde la antigua carretera que sube al Monrepós, aunque ahora quizás sea más evidente». Lo más curioso de ella es que del interior de la misma nace una surgencia de agua intermitente, la llamada fuente de San Clemente, cuyo fuerte caudal solo es visible después de continuados periodos de lluvias, haciendo brotar así al agua subterránea que drena el interior oculto del macizo de Gratal y creando una cascada interior que se desploma desde una altura de 25 metros.

La cavidad ya fue explorada por el Grupo de Investigaciones Espeleológicas de Peña Guara en los años 60, pero siempre fue poco visitada porque hacía falta realizar una escalada de dificultad para acceder a lo que es en verdad su galería principal, una entrada que se encuentra colgada, es decir, en el techo interior de la primera sala. Esteban Anía recuerda que «fue en los años 80 cuando instalamos un pasamanos con cable que, aprovechando una cornisa que se inicia en el exterior, permite ir ganando altura y hace mas fácil la visita al corazón espeleológico de este paraje».

Pero, ¿qué esconde el interior de la cueva de San Clemente? Aparte de la bonita estética de su gran boca y su cascada de agua, la cueva tiene cierto interés espeleológico, ya que posee un desarrollo de unos 800 metros hasta su terminación en un sifón de agua, a partir del cual solo es posible continuar buceando», comenta Anía, quien prosigue: «A finales de los 90 superamos dicho sifón y tres más, que por su longitud y distancia de la boca exigían ya un mayor despliegue de medios -como portear mas botellas de oxígeno para espeleobuceo-», concluye.

Por otra parte, las gentes del lugar conocen bien la historia que bien recoge el blog montañero 'A0 A vista' y donde se cuenta que «el nombre de la cueva no es casual. La hagiografía de San Clemente dice que este santo fue condenado por los romanos a trabajar en las minas, donde la necesidad de agua de los esclavos era grande. Para aliviar la sed de los condenados, San Clemente golpeó la pared de la mina logrando al instante que manara agua limpia y potable. La relación de cueva-mina y agua está clara».

En dicho blog '(http://a0avista.blogspot.com) también se explica que en tiempos de trashumancia, cuando los ganaderos del Pirineo bajaban a las reses a la tierra llana, era costumbre gastar la novatada a los repatanes al pasar por la cueva de San Climén: «Los pastores veteranos advertían a los jóvenes de la existencia del gigante Fotronero en las inmediaciones de Arguis donde había que pagar la manta, una especie de impuesto revolucionario para que el gigante no atacara. Si alguno de ellos se negaba a pagar este peaje, al llegar a la boca de la cueva se oía al gigante -evidentemente, interpretado por alguno de los veteranos- amenazando al incauto novato por no haberle pagado. El eco de la ronca voz producido en la cueva y rebotando en el congosto del Isuela debía de provocar el pavor en quienes pronto accedían a pagar lo que fuera por no tener que verse las caras con el Fotronero».

En la foz de San Clemente los más curiosos advertirán que pocos metros más abajo, entre los álamos y la profusa vegetación, hay otra sorpresa desconocida para las muchas personas que cada día atraviesan velozmente estos paisajes a golpe de acelerador: se trata de un antiguo puente en arco, llamado del Escalar, que quizás remonte su origen a los siglos XIII o XIV.

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