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Huesca
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CIVISMO

Bando sí, pero también denuncias

Los ciudadanos ven con buenos ojos el llamamiento del alcalde a los dueños de los perros para que recojan los excrementos, pero la mayoría piensa que caerán en saco roto si no se toman medidas más duras.

Dos empleados de la brigada limpian una de las decenas de zonas verdes que hay en la ciudad.
Bando sí, pero también denuncias
R. GOBANTES

«Estos jardines del Matadero son como un campo de minas». Mª Ángeles Nasarre no puede ser más explícita cuando se le pregunta por los incívicos dueños de perros que deciden no recoger los excrementos de su mascota y hacia quienes va dirigido el primer bando del alcalde Luis Felipe que, bajo el título de 'Cuidemos Huesca', hace un llamamiento también a los que pasean con la bicicleta por las aceras. No es la única que considera que las cacas de los animales son un problema generalizado en muchas de las zonas verdes ciudad. Da igual que se pregunte a los que juegan junto a esta instalación municipal, a los que pasean por el parque Miguel Servet o a los que se divierten entre las olas de Artillería, todos critican a los propietarios que siguen esta conducta. Sin embargo, piden más, quieren que se les denuncie para acabar con la situación.

La antigua vía del tren convertida ahora en zona verde, el parque de las olas de Artillería, los terrenos ajardinados del barrio de Los Olivos, sobre todo la calle Teruel el pasaje Lucero, los alrededores del Centro Cultural del Matadero, el paseo de las Autonomías... y así hasta 26 zonas se han detectado en la ciudad en las que los excrementos de perros, que sus dueños no recogen, se han convertido en un problema. El alcalde lo incluye como segundo punto de su bando, pero los ciudadanos lo consideran mayor problema que las bicicletas. No hay nada más que acercarse a un grupo de madres y preguntar para que los ánimos se enerven.

«Soy fumadora, pero no lo hago en el parque. Igual que a mi me podrían denunciar si incumpliera la norma, deberían multar a los dueños de los perros que no recogen los excrementos. Si no hay sanción...», comentaba María Pilar Esparza, quien junto a María Ángel Carmona y Liria Sánchez vigilaban a sus hijos, que jugaban en la zona infantil del parque de las olas. «Yo el otro día vi a un niño con una caca en la mano», añadía una de sus compañeras. «Y si no la quieren recoger que les pongan un pañal», subraya la otra.

Todas compartían la misma opinión, que es un problema generalizado en las zonas verdes de la ciudad y que el bando no es suficiente. Para ellas, si no hay multas será difícil que los incívicos se den por aludidos y cambien de actitud. Además, una de ellas insistía en que también debería hacerse un llamamiento a los que llevan razas calificadas como 'peligrosas' sin el correspondiente bozal.

Aunque no todos los dueños de perros son incívicos. El bando del alcalde Luis Felipe habla de «algunos vecinos» y María Arruego lo confirma. «Yo saco a pasear al perro de mi hija y recojo los excrementos», comentaba. Y como buena ciudadana y concienciada con la causa añadía que incluso se ha atrevido en alguna ocasión a llamar la atención de quien no lo hace cuando pasea junto a las antiguas vías del tren ahora convertidas en zona verde. «Y te contestan como unos maleducados». Para ella este bando está bien, pero al igual que el grupo anterior entiende que no es suficiente.

«Tendría que estar castigado», recalcaba también Santiago Martín, quien disfrutaba del sol del mediodía en uno de los bancos junto al Matadero. «Hay que tomar medidas y no solo advertirles», añadía. Para él, los dueños de los perros deberían cuidarlos bien en casa, sacarlos siempre atados a la calle y por supuesto, según cuales, con bozal. Él fue uno de los pocos que quiso meter baza en el llamamiento a los ciclistas que circulan por las aceras. Aunque no fue para defender la posición del alcalde, sino para criticar la poca facilidad que da la ciudad a los que gustan moverse con ella. «No hay carriles adaptados en el centro y por eso se suben a las aceras». Además, explicaba que en la ciudad también escasean los rebajes en los bordillos y a la altura de los pasos de peatones para facilitar el paso de carritos o de sillas de ruedas. Es más, describía a Huesca, en estos aspectos, como «una ciudad infame».

Aunque también, pero son minoría, los hay que consideran que los perros y las bicicletas no son un problema. «Me parece bien que el alcalde haga el llamamiento, pero no me parece algo exagerado ni los excrementos ni las bicicletas», concluía Antonio Chaparro mientras jugaba al balón con sus hijos entre las verdes dunas del parque de las olas, esas que gustan tanto a los niños y a los canes oscenses.

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