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"El primer día subí a esquiar en chándal"

Aficionado al esquí.

Fernando Lafuente, en una de sus escapadas a los Alpes.
"El primer día subí a esquiar en chándal"

¿Cómo se aficionó al esquí?

Empecé con 11 años en los Salesianos. Nos propusieron probar a esquiar. Nos llevaban y traían, nos daban la comida, nos dejaban los esquís y un bono de diez viajes que te picaban, no había forfait entonces. Así le fui cogiendo el gustillo.

¿Era una afición cara entonces?

Mi familia era humilde, pero pagábamos 80 pesetas por todo. El primer día subí a esquiar con un pantalón de chándal y pasé mucho frío. Las botas eran de cordones y me llegaban por encima del tobillo y los esquí eran casi unos tablones.

Con su altura, ¿no le dio por jugar al baloncesto?

Me hacían jugar en el colegio, pero no me iba. Mido 1,90 y en esa generación era el más alto de la clase. Pero también era muy torpe y al final acabé jugando a voleibol hasta que me fui fuera a estudiar. Con lo único que he continuado es con el esquí.

¿Con qué frecuencia practica?

Ahora no tanto como me gustaría. Soy un apasionado del esquí, pero no dispongo de mucho tiempo y subo tres o cuatro veces al Pirineo cada temporada. Lo que sí hago desde hace unos años es ir una semana al año a los Alpes, en un viaje de amigos con Peña Guara, cuando la agenda lo permite. Este año es electoral y no va a poder ser. Llevo más 35 años esquiando y ya me he recorrido todas las estaciones del Pirineo aragonés. Empecé en Candanchú, luego en Formigal, enseñé a esquiar a mis hijos en Astún, en Panticosa hasta fui a unos juegos escolares y a Cerler he ido alguna vez, pero al final ya conoces todos los recovecos y el cuerpo te pide probar sitios nuevos.

¿Ha ganado algún premio?

Tengo buen nivel, pero solo participé de pequeño en los juegos escolares. Creo que ganamos, pero no por mí, desde luego, porque el deporte nunca ha sido mi fuerte.

¿Con quién le gusta esquiar?

Con mis amigos y mi mujer. He esquiado mucho con mis hijos, pero ahora ya tienen 19 y 21 años y ya no van con papá. Cuando mi hijo pequeño casi no sabía andar ya lo llevaba entre las piernas por Astún.

¿Y no ha encontrado en política compañeros de esquí?

Del Ayuntamiento he coincidido alguna vez con Jorge Escario y con Roberto Bermúdez de Castro.

Y el rato del telesilla da para alguna confidencia que otra, ¿no?

Sí, es verdad. Pero sobre todo sirve para recuperar fuerzas, porque a esta edad ya no es lo mismo.

¿Qué le aporta esta afición?

En el esquí compites contigo mismo. Me gusta esa sensación de tranquilidad, el paisaje y, sobre todo, el sonido del esquí, me relaja y me despeja la mente. Bajo nuevo, aunque con agujetas.

¿Sueña con un Pirineo olímpico?

Sí que me gustaría. Unos juegos dejan inversiones en el territorio y lo da a conocer. Además, como aficionado, es disfrutar de lo máximo en el deporte blanco.

¿Ha sabido aprovechar Huesca capital el potencial de tener tan cerca el turismo de nieve?

Estamos en ello. Desde que tengo la responsabilidad de turismo en el Ayuntamiento, nuestro empeño ha sido precisamente que Huesca deje de ser una ciudad de paso y sea punto de encuentro y de distribución del turismo a otros lugares de la provincia. Tenemos la fortuna de tener el Pirineo pero es también un handicap, porque el esquiador que llega en AVE o avión quiere estar a pie de pista, no alojarse en Huesca e ir otra hora en autobús.

¿Y qué se puede hacer en las otras áreas que dirige, Fomento y Comercio, para remontar la situación actual?

El turismo interior está aguantando bastante, según las cifras que tenemos, igual que el de congresos; pero en las empresas y el comercio la crisis nos está dando fuerte, como en todos los sitios. Muchos de los proyectos que teníamos a principio del mandato no han podido salir, no por falta de esfuerzo del Ayuntamiento, sino porque Huesca no es una isla en esta coyuntura. Pero seguimos trabajando, pese a nuestros recursos limitados.

¿Conserva el optimismo del que hacía gala al entrar en política?

Es que no se puede ser pesimista. Hay que pensar que el futuro va a ser mejor que lo que tenemos ahora. Y sobre todo soy muy optimista con mi ciudad. Yo creo en Huesca, soy un ferviente enamorado de esta ciudad y de sus posibilidades.

¿Aún mantiene el ritmo de trabajar 14 horas diarias con el que llegó del mundo empresarial?

Pues sí. Llevo desde los 23 años haciéndolo, cuando tenía casi 150 trabajadores a mi cargo. No sé hacerlo de otra manera y también lo he vivido en casa, porque teníamos un negocio y me han enseñado que no se puede mirar la hora, sino sacar el trabajo adelante.

¿Ser político era lo que se esperaba hace ocho años?

No. Y siempre lo digo. Algún amigo incluso me echa en cara que yo decía que no quería saber nada de la política. Pero cuando me lo propusieron fue en el momento idóneo. Era de los que decía 'si yo estuviera allí hubiera hecho las cosas de tal forma'. Y vi la oportunidad.

¿Tiene tiempo para otras aficiones, como tocar el laúd?

No, tuve que dejarlo. Siempre he tenido instrumentos, una guitarra, una bandurria, una armónica, un teclado, un gitarrico... Y a los treinta y pocos años, un día mi mujer me regaló un laúd. Tuve que aprender a tocarlo y a leer partituras. Estuve cinco años en la orquesta de pulso y púa Atenea, de la asociación de vecinos de Santiago y Mª Auxiliadora, hasta que la política me hizo dejarlo. Me encantaban las rondas por los pueblos.

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