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SD HUESCA 1-1 BETIS

A punto de tumbar al líder

El Huesca realizó un gran desgaste, defendió muy bien y pudo ganar al Real Betis con varias ocasiones en la segunda parte. Camacho logró su quinto gol en lo que va de temporada.

El central Sebas Corona sufre la tarascada de Beñat.
A punto de tumbar al líder
RAFAEL GOBANTES

De acuerdo que no era el mejor Betis posible, que Mel tuvo que echar mano de varios canteranos. Vale que tenían la cabeza repartida entre la eliminación del Getafe en la Copa y la hombrada que quieren intentar ante el Barcelona en este torneo. Pero empatar contra el líder destacado de Segunda y haber acariciado la posibilidad de ganarle dice mucho del crecimiento del Huesca como equipo.

Cómo será la igualdad de esta categoría que, de haber vencido, el conjunto azulgrana se habría colocado a tres puntos de la liguilla de ascenso (los filiales de Barcelona y Villarreal no pueden jugarla); y si hubiera perdido, la distancia con la frontera del descenso sería de dos puntos. Ahora es de tres, lo que tampoco concede licencia para tirar cohetes.

¿Y por qué mediando una sola derrota en trece encuentros el Huesca no se despega del pozo? La respuesta está en Primaria: porque no marca muchos goles y empata demasiados encuentros. Por eso no se corresponde la sensación de solidez con su progreso en la clasificación, la certeza de que Onésimo ha construido un bloque muy digno con una situación desahogada en la tabla.

Ayer al Betis se le hizo sufrir. Se le pretó en todas las zonas del campo, con extraordinario ardor y sentido colectivo. También se le dominó en ciertas fases y se le crearon ocasiones. El cuadro sevillano echó de menos a Belenguer y Dorado en la retaguardia, pero el argumento se tambalea cuando aparece Arzu como recambio. Tampoco estaba arriba Emaná, esa fuerza bruta de la naturaleza que resquebraja defensas con una mirada, pero comparecieron Molina y Rubén Castro (casi veinte goles entre los dos), que dan más sensación de artilleros de Primera que de la categoría de plata.

Contra semejante boato solo cabe meter la pierna primero, saltar antes que el rival y amedrentarle dentro del reglamento. Ante una escuadra de tanta calidad hay que dar más de lo que se tiene y así descubrir que se tenía más de lo que se pensaba.

Y eso hizo el Huesca, vaciarse en su entrega, mantener el orden posicional que le hace ser uno de los equipos menos goleados del campeonato y soltar sus clásicas dentelladas que, por desgracia, se traducen en gol menos veces de las que serían deseables.

El jugo, la verdadera enjundia, se hizo esperar hasta la segunda parte. Antes del descanso se impuso la aspereza, la conexión trabada, la pérdida rápida, la falta táctica, la exposición argumental de unos y otros en exceso matizada por corazones acelerados y sobredosis de ansiedad.

Beñat fue el principal baluarte ofensivo de los andaluces. En un mano a mano con Andrés no vio que tenía pase de la muerte para Molina. Y con un tiro lejano casi fabrica un gol de antología.

En el Huesca lo mejor llegó por la banda de Jokin. Es un poco cabra loca pero muy aprovechable. La velocidad lo es todo para él. Cuantos menos segundos tiene para decidir, mejor hace las cosas. No está exento de calidad pero lo suyo es la improvisación a mil por hora: un auto pase inverosímil, un regate desde cinco metros o un recorte de tacón para cambiarse el esférico de pierna. Con unos recursos u otros, fue el futbolista más incisivo del primer tiempo, el que más yardas avanzó por su costado y el que trazó los centros peor intencionados.

Polémica acción a la vuelta del descanso: Helguera zancadillea por detrás a un atacante que se iba directo hacia Andrés. El colegiado lo dejó en amarilla porque acudía algún defensor en la ayuda.

Y enseguida el primer gol. Arzu cometió un error penalizado en el código de parvulitos al anunciar y ejecutar mal un pase horizontal. Jokin lo vio y puso el motor de seis cilindros para neutralizarlo y avanzar como alma que lleva el diablo. Tanto corrió que solo le quedó la opción del pase atrás a Camacho. Este templó, miró en qué hueco habitaba el gol y puso la pelota de rosca lejos de la figura de Goitia. Quinto gol del aragonés, al que, por ponerle un pequeño pero, le sobró algo de ego en su celebración, ya que lo primero de todo era comerse a besos a Jokin, que fue quien le brindó la gloria y mereció la foto principal tanto como él.

Sevilla es ciudad de rito religioso y penitencia. Arzu debía ganarse el perdón después de su herejía. Y lo hizo nivelando la balanza que él mismo había trucado. Tres minutos tardó en colarse con demasiada facilidad entre la zaga azulgrana para empatar el partido de impecable testarazo.

El público gozó con una segunda parte de formidable pulso. Y vio cómo Onésimo movía el banquillo con la pretensión de tumbar al líder. Mientras el pucelano metía a Galán para acompañar a Roberto, Mel quitaba a Molina para colocar un defensa, en un gesto se diría que un tanto 'amarrategui'. Camacho, Roberto y Galán tuvieron la victoria en sus botas, aunque el Betis también pudo amargar una tarde que acabó con la afición local absolutamente rendida ante sus jugadores.

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