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ARTESANÍA

La feria de Lascuarre se adapta al siglo XXI

Los artesanos ganaron espacio al ganado ovino en la tradicional acto de San Martín, que reunió a cientos de personas.

Hoguera de la Feria de San Martín para preparar la carne.
La feria de Lascuarre se adapta al siglo XXI
A. GAYúBAR

Lascuarre. Centenares de ribagorzanos se dieron cita ayer en Lascuarre para disfrutar de la tradicional feria de san Martín, uno de los certámenes históricos del calendario ferial altoaragonés y, posiblemente, aquel que tiene como escenario en España la localidad más pequeña de las que han sabido conservar de manera ininterrumpida este tipo de citas desde la época medieval.

Un año más, el ferial estaba situado en la explanada tras la imponente parroquia de Santa María la Mayor. Allí, al calor de las hogueras típicas de esta feria de San Martín, encendidas desde el punto de la mañana para que los asistentes pudieran comer la carne a la brasa que ha hecho célebre a esta cita, los numerosos asistentes departieron con parientes, amigos y conocidos en un ambiente relajado y festivo. Y disfrutaron con dos exposiciones de gran mérito: una de antiguos tractores como los que trabajaron las tierras de la comarca hace más de 50 años y otra de espectaculares vehículos históricos.

No faltó el ganado ovino, santo y seña durante siglos de la feria, y la exposición de otros animales domésticos como conejos, gallinas. Como no faltaron los paseos a caballo que en los últimos años se han convertido en uno de los reclamos de la feria y en una demostración de las enormes potencialidades que Lascuarre tiene para el turismo ecuestre.

Pero en el ferial hay cada vez hay más puestos de productos artesanales, de utillaje del hogar, de maquinaria y de alimentación; el ejemplo evidente de que esta Fira o feria de san Martín se va adaptando a los nuevos tiempos. Por la tarde, un campeonato de guiñote en el centro social y de una posterior sesión de baile completaron la oferta lúdica de esta singular jornada.

Lascuarre continúa ostentando la curiosa distinción de ser el municipio menos poblado de Españaa un certamen ferial de origen medieval sin interrupción desde el momento en que se instituyó la feria, allá por el siglo XII. Algo menos de ciento cincuenta habitantes conservan hoy esta villa que tuvo gran importancia económica y social en la Alta Edad Media. Pero sus calles se vuelven a llenar como antaño al reclamo de este certamen históricamente ligado a la compra-venta de ganado lanar y que, con la pérdida de importancia económica del sector en la comarca, se ha tenido que reconvertir en una jornada festiva y de encuentro de las gentes de Ribagorza.

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