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PIRINEO

La Guardia Civil sigue sin pistas del danés desaparecido hace un mes en Benasque

La búsqueda continúa, aunque el rastreo en la montaña no es tan intenso. Hay otros dos extranjeros no localizados.

La búsqueda se centró en un principio en el valle de Estós.
La Guardia Civil sigue sin pistas del danés desaparecido hace un mes en Benasque
R. GOBANTES

Lo han buscado por tierra, aire y agua, y no han encontrado nada. Los especialistas de montaña de la Guardia Civil de Benasque han rastreado un sinfín de caminos, han sobrevolado diversos valles y rutas habituales e incluso han mirado en barrancos peligrosos que se sitúan junto a rutas frecuentadas por los turistas, pero no ha hallado ni una pista del paradero del senderista danés que ayer hizo un mes que desapareció.

Ahora las salidas no son diarias, pero esporádicamente se siguen recorriendo algunos caminos en busca de cualquier indicio que permita localizar al senderista.

En la mañana del 14 de septiembre, el hombre salió temprano del hotel en el que se alojaba. En la recepción no dijo a donde se dirigía y a la recepcionista tan solo le comunicó que se quedaría en el establecimiento una noche más. J. M. N., de 65 años, 1,80 metros de altura, de complexión delgada, poco pelo y canoso, partió con una pequeña mochila y llevaba encima su documentación, aunque dejó en la habitación los medicamentos para la tensión y el colesterol, así como el billete de avión de vuelta para su país, previsto para justo una semana después de su llegada, para el martes 21 de septiembre a las 19.45.

Fueron los dueños del establecimiento hotelero en el que se alojaba, el hotel Llibrada del Benasque, quienes dieron la voz de alarma de su desaparición tras comprobar que el hombre no había regresado a su habitación. Lo hicieron un jueves por la noche, dos días después de que fuera visto por última vez.

 

No dijo adónde se dirigía

"Es como buscar una aguja en un pajar", afirmaban recientemente los responsables de los equipos de rescate, que gracias a los billetes que el hombre conservaba pudieron reconstruir todo lo que hizo desde que llegó de Barcelona: cogió un autobús hasta Monzón, comió en un bar, subió a otro transporte y llegó a Benasque.

Sin embargo, nada se sabe que de lo que hizo tras cruzar la puerta del hotel. No informó a nadie de sus intenciones, lo que complica enormemente la búsqueda que un principio se centró en el valle de Estós, ya que el danés mostró interés por esta zona en su visita a la oficina de Turismo, pero también han rastreado otros muchos senderos y parajes del valle, incluso han llegado al collado de Gistaín sin hallar ni un indicio de su paradero.

Según informaron ayer, justo cuando se cumplía un mes de su desaparición, los rastreos ya no son tan intensos como los primeros días, pero se siguen realizando. Las salidas, explicaron fuentes de la Benemérita, ahora no son diarias, si bien tanto los equipos de rescate durante sus entrenamientos como las patrullas de Guardia Civil de la zona recorren los caminos y sendas más frecuentados por los senderistas sin perder detalle de cualquier pista que pueda indicarles el paradero del senderista danés.

Tampoco se ha dejado de buscar a la mujer belga que hace un año y tres meses desapareció en Colungo cuando realizaba la pintoresca ruta del Portal de la Cunarda, senda en la que abandonó a su familia para regresar antes a su casa. Fue el 12 de julio de 2009 y a pesar de los intensos esfuerzos y de que el terreno se recorrió palmo a palmo, la Guardia Civil no encontró nada acerca de su paradero. Es más, los agentes aprovechan las prácticas y ejercicios de entrenamiento que habitualmente realizan para volver a investigar el lugar en el que fue vista por última vez.

 

Más casos

No son los únicos casos en los que se ha perdido la pista de un montañero durante meses e incluso años. A Marboré, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el grupo de rescate de la Guardia Civil de Boltaña también regresa a menudo. Fue allí donde desapareció hace casi cinco años un montañero alemán.

Fue él mismo quien pidió auxilio por teléfono. Su coche fue localizado en Pineta, pero nada se supo de su paradero. Siempre se ha barajado la idea de que cayó en alguna grieta del glaciar de la cara norte de Monte Perdido, una zona bastante transitada, aunque su cuerpo nunca ha aparecido.

Algo menos, tres años, tardó en aparecer el cadáver de José Joaquín Ayete, el niño zaragozano que se perdió en la zona de Gistaín en el verano de 1996. Y hasta 18 años estuvo en paradero desconocido la joven francesa Catherine Verón, que sufrió un accidente en 1974 en el Posets. Pero el más largo de los que se recuerdan remonta al 2000, año en el que el glaciar de Tempestades, en el macizo del Aneto, devolvió los restos mortales del alpinista madrileño Joaquín López Valls, desaparecido en 1954.

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