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XEREZ 1 - SD HUESCA 3

Roberto alumbra el camino

Dos golazos del ariete madrileño, que se estrena como artillero este año, guían la victoria del cuadro oscense en un gran partido. Los de Onésimo mostraron un alto nivel de concentración, mucha intensidad en la presión y facilidad para crear ocasiones.

Luis Helguera conduce el balón y salva la entrada de un futbolista del Xerez durante el partido de ayer en Chapín.
Roberto alumbra el camino
áREA 11

Huyamos del error de pensar que ahora son muy buenos y antes eran muy malos. Ni una cosa ni la otra. Pero señálese también que el Huesca de Jerez explotó virtudes que hasta ahora habían aparecido en pequeñas dosis. Solo con un encuentro completo se dinamita Chapín, donde muchos caerán porque los de casa sueñan con volver a Primera. Tres golazos, dos de Roberto y uno de Bauzá, dieron forma a la primera victoria de la temporada. Adiós al desasosiego por esta semana, que ya tocaba respirar un poco de paz.Cómo resumir el partido sin abusar de los tópicos ni dejarse llevar por una alegría contagiosa. Ese sería el reto. Quizá habría que empezar por subrayar el excelente grado de concentración con el que el equipo oscense saltó al campo. La mancha de colores (ayer con el rojo y el blanco de la cruz de San Jorge) se movió con más uniformidad que nunca. Formidable intensidad en la presión. Sensación de equipo organizado que sabe lo que quiere y que lo impone sin pedir permiso al rival.

Si a esa disciplina táctica se le une el acierto, que es algo más que la guinda del pastel, el resultado puede ser un triunfo contundente amparado en el sacrificio pero también en el talento. Solo así se le hace de menos al Xerez, cuya alineación recuerda más a la de un conjunto de Primera con algún ex internacional en sus filas.

Los tres puntos sirven además para dar un pisotón al descenso. No se le deja muy lejos pero por lo menos su aliento no es tan molesto. Claro que lo importante es que esto no sea flor de un día. Tardaremos en ver un partido tan sobresaliente como el de ayer, pero sí debe permanecer la solidaridad mostrada en el feudo jerezano, ese apoyo mutuo, continuo y entusiasta que pedía Sorribas, siempre mesiánico, el sábado en su rueda de prensa. Del discurso al césped por la vía rápida.

La alineación encerraba una pequeña sorpresa. Cabrero dejó su posición a Andrés. El meta boleano no lo estaba haciendo mal, pero Onésimo quiso dar la alternativa a un cancerbero prometedor, seguro en sus maneras y con gran toque de balón, lo que no es desdeñable en el fútbol de hoy. El portero cedido por Osasuna estuvo bien. Pudo hacer algo más en el gol del Jerez, pero posiblemente estaba tapado.

También el esquema del míster pucelano tenía miga. Quizá lo más ajustado sería hablar de un 1-4-1-4-1. La traducción era que Sastre jugaba con más espacio por delante de la defensa, apoyado unos metros más adelante por Helguera y Bauzá, cada uno ligeramente escorado. Funcionó el sostén y también los enganches de cada banda. Camacho, algo caído a la izquierda, y Gilvan, excepcional a pierna cambiada, generaron mucha enjundia en la zona de tres cuartos, la antesala del palco de Roberto, enorme por fin en la ejecución de la suerte suprema.

La teoría se queda en palabrería vana si no está coloreada por el gol. El quiste se empezaba a hacer insidioso. Dos en seis partidos. Parecía una broma. Pero Roberto lo arregló ayer con dos acciones mágicas en el primer tiempo. En una intuyó la posición adelantada de Lledó y le envió un recado desde cuarenta metros de esos que no se elevan mucho pero después caen presos de una extraña gravedad. A los porteros se les dobla la mano cuando ven venir un meteorito tan mentiroso.

Siete minutos más tarde, el propio ariete de Hortaleza, inflado de orgullo, se atrevió a volear un gran servicio de Helguera. Torera complicidad que generó un tanto de gran belleza, de esos que al delantero le hacen creerse el rey del mambo, el tipo más feliz de la tierra en los seis segundos siguientes a la consecución.

El Jerez se quedó mudo. Todo su peligro en esta fase del encuentro lo encarnaron Bermejo y José Mari. Sumaron tres acciones a las que Andrés respondió con eficacia. Y no hubo más Jerez.

En la segunda parte, Onésimo tuvo la habilidad de quitar a Ochoa, que llevaba una tarjeta y se pudo ganar la segunda tres veces en cinco minutos. Puede que le perdonasen un penalti además de las cartulinas, si no en una mano inoportuna sí en un derribo a un atacante. Por si acaso salió Corona antes de que el Huesca se quedara en inferioridad.

El equipo oscense tenía el encuentro como Felipe II lo que quiera que le pusieran en la bandeja: franco y diáfano, un caramelo sin envoltorio que había que engullir para que el Jerez no soñara con la remontada. A la contra, con Camacho y Gilvan, se pudo sentenciar. El brasileño envió un balón a la madera.

Sin embargo fue Héctor Font el que alumbró Chapín con un disparo desde lejos al que Andrés tardó en reaccionar, seguramente con poca visión porque venía del rechace de una falta. Antes de que la palabra duda apareciese en la mente del Huesca, Bauzá copió a Zidane en una enganchada de zurda que colma para meses. Ya tienen gol sus nietos. Esa parábola preciosa cerró el chiringuito. Esto va para arriba.

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