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Todavía falta frescura

El Huesca ganó al Lleida en un duelo discreto que mostró falta de rodaje. Los jugadores notaron la carga de trabajo acumulada.

Imagen del banquillo oscense, con Onésimo a la cabeza, durante un momento del partido de anoche en Lérida.
Todavía falta frescura
HERALDO

En un partido se diría que correcto para las fechas en las que estamos, el Huesca se adjudicó el ‘Ciutat de Lleida’ gracias a un solitario gol de Roberto. La prueba, que no fue vistosa, sirvió en el objetivo de meter kilómetros y chispa en las piernas de los jugadores, a diez días de que comience la Liga. Entre las caras nuevas, Ochoa destacó por su solvencia como central zurdo. El equipo catalán, de Segunda B, presentó una digna batalla.

Onésimo le dio rango al partido. Además de hacer convocatoria, eligió un once inicial en el que tiene pinta de haber muchos titulares del próximo día 28, cuando arranque lo serio en Ponferrada.

La aparición de Rico en el lateral derecho fue significativa. El vasco mostró el año pasado que su polivalencia le puede alojar de forma amable en la retaguardia. Molinero y Robert son los otros aspirantes a esa demarcación.

Corona, Ochoa y Marcos completaron la zaga en Lleida. Su presencia era predecible. Hasta que llegue otro defensa, ellos regentan los principales galones.

En el centro del campo, el míster pucelano colocó a Helguera con Sastre, combinación conocida que siempre ha funcionado de forma notable. En los costados situó a Gilvan y Gallardo, y dejó a Camacho que trabajase la media punta por detrás de Roberto.

El Lleida venía de perder por dos a cero en Binéfar, pero ayer estaba en juego su trofeo, por lo que expuso seguramente mayor aplicación. De hecho, el equipo de Emili Vicente fue el que mandó los primeros diez minutos, el tiempo que tardó el cuadro oscense en darse cuenta de que enfrente había toro, que la prueba era exigente y que a diez días del inicio del campeonato no se debe escatimar en la entrega.

No obstante, haber entrenado un par de horas por la mañana, más el desgaste acumulado días atrás, influyó en el ritmo algo mortecino que acompañó el manejo de la pelota por parte del Huesca.

Puestos a buscar atenuantes, tampoco el césped del Camp d’Esports estaba para muchas filigranas. El verde no era precisamente el color dominante.

En este contexto tan relativo de los bolos veraniegos, hay que quedarse con la compenetración que va creciendo, con las ‘sociedades’ que pueden ir enriqueciendo los matices de este equipo.

Hay otros aspectos que no cambian, como la hegemonía que imprime Corona, la ascendencia que tiene sobre la actitud del equipo en cualquier envite. Otro doctor en funciones es Helguera, que radia la táctica como una prolongación de la pizarra sobre el campo. Marca cuando hay que presionar y cómo. Sigue siendo el capo.

En busca de nuevos horizontes, Onésimo permutó las posiciones de Gallardo y Gilvan. El Huesca mandaba sin estridencias ante un Lleida que no se arrugaba y también desfilaba por las cercanías del área de Cabrero.

Pero ocasiones, lo que se dice ocasiones, apenas se produjeron. Buena parte de las llegadas del cuadro azulgrana se abortaron por fueras de juego que en algunos casos ofrecieron dudas.

Onésimo movió el banquillo al cuarto de hora de la segunda mitad. Introdujo a Sorribas y Molinero en el lugar de Gallardo y Ochoa. Este último, casi recién llegado al equipo, se manejó con mucha solvencia como central zurdo. Puede hacer olvidar a Dorado. Experiencia le sobra. El ingreso de Molinero sirvió para que Rico adelantara su posición, otra de las variantes que contempla el cuerpo técnico. Y la entrada de Sorribas fue para observar otra vez a Helguera como central junto a Corona.

Mediada la segunda parte, Roberto García hizo de tacón el gol del triunfo, tras aprovecharse de un clamoroso fuera de juego. Pero todo lo que sube al marcador es válido. Una muesca más para el fusil de ‘Torreta’.

Valentino saltó al campo poco después. Hay interés en el Huesca en cederlo al Lleida. También apareció Jokin para poner electricidad al último cuarto de hora. Galán pudo sentenciar en un mano a mano muy franco, pero el marcador ya no se movió.

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