Huesca
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TRADICIONES

Albelda revive una jornada de siega en medio de una gran fiesta popular

La tormenta de la madrugada no impidió la faena, que fue seguida por numeroso público.

La fiesta se completó con otras actividades tradicionales.
Albelda revive una jornada de siega en medio de una gran fiesta popular
C. SILVáN

Un cielo azul y luminoso anunciaba ayer un buen día de siega, sin embargo, la tierra, henchida del agua de la tormenta que cayó sobre Albelda de madrugada -que dejó entre 10 y 15 litros por metro cuadrado-, lo desmentía. A pesar de esto, la Asociación de Mossos i Carreters d'Albelda y todos sus colaboradores no desistieron de su empeño de recrear por décimo tercer año una siega tradicional, aunque el resultado no fuera tan brillante como en años anteriores, cuando el tiempo les acompañó algo más en esta fiesta.

Tampoco los numerosos visitantes que cada año acuden a esta celebración dejaron de hacerlo, la mayoría con la intención de "cazar" alguna instantánea que refleje la plasticidad de la recreación. La buena respuesta de los comarcanos y vecinos de otras zonas fue uno de los aspectos que destacó el presidente de la asociación, Vicente Sancho, para quien "es una satisfacción ver que cada año vienen más visitantes y hay más gente que quiere colaborar, como las hilanderas de Plan, que han repetido su asistencia en la muestra de antiguos oficios".

Desde antes de las 10.00, las decenas de personas que colaboran en el desarrollo del festejo ya ultimaban preparativos en la era de la partida de Ancarpi, donde se desarrolla toda la fiesta de la siega y la trilla al estilo tradicional, a mano y con máquinas tiradas por caballerías, siete trabajando en los tiros, además de burras para el traslado de las cargas. A pesar de que la humedad que conservaba la mies y de que la era no se había secado del todo, los Mossos i Carreters hicieron todo lo posible por completar su tarea, que iniciaron pasadas las 10.30.

Entre las novedades, se contaba una muestra de la ropa interior que llevan segadores y segadoras, "hemos creído que además de mostrar lo que se llevaba por fuera, también se podían enseñar los interiores", comentó Vicente Sancho. La ropa se mostró en un tendedor, junto a un lavadero. Además, se celebró la tercera edición de oficios tradicionales, como la carpintería manual, la elaboración de cañizos o la hilatura de lana. Para los niños se ofrecen paseos en burro y la visita a los diferentes corrales con animales de granja poco corrientes, como ponis y pollinos, aunque también hay cabras y pollos.

Todo un despliegue que comienza en otoño con la siembra, motivo que es aprovechado por la asociación albeldense para convocar una fiesta parecida, pero con otras herramientas y faenas que han ido rescatando del olvido "para que los jóvenes sepan cómo era la vida del campo antes de las cosechadoras con aire acondicionado", añadió Sancho.

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