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Huesca

CICLISMO

El reto de la "Quebrantapata"

Con una sola pierna, Israel Hilario participó por tercera vez en la Quebrantahuesos, logrando acabarla.

La Quebrantahuesos es una mina de historias que van más allá de lo deportivo. Esta es la vida de Israel Hilario (1974), un peruano que participó por tercera vez en la “Quebrantapata”, como él la llama, y por tercera vez acabó la marcha. Su presencia pasaría desapercibida, sino fuera porque este ciclista tiene que hacer el doble de esfuerzo para realizar las pruebas, puesto que un accidente cuando tenía 17 años provocó que le tuvieran que amputar una pierna. Aún así, el destino no ha cambiado para nada sus ambiciones y sueños. Hilario es un deportista de élite reconocido, que incluso fue finalista de los Premios Príncipe de Asturias en 2005. “Al final se lo dieron a Alonso. Él partía con ventaja porque iba en un fórmula uno y yo en bicicleta”, bromea.

Israel es una persona que transmite ganas de vivir. Dos accidentes han marcado su vida y lo han forjado tal y como es. El primero fue en su infancia y fue la causa de la muerte de su madre. “Mi familia se desintegró, pero eso me hizo más fuerte”, comenta. El destino quiso que un segundo siniestro le ocurriera mientras hacía lo que más le gustaba: montar en bicicleta. “Tenía 17 años y la rueda de un camión me atropelló. Es curioso que una rueda me impulsara a seguir rodando. Fue un golpe muy duro porque me amputaron la pierna. Decidí que no iba a renunciar a mis sueños y que iba a ser un deportista profesional”.

Comenzó entonces, tras una recuperación muy “tediosa”, a pensar sobre su futuro y a defender a capa y espada el lema que marca su vida: “La discapacidad no es incapacidad”. “En esta sociedad muchos piensan que por tener una discapacidad no sirves, que eres inútil. Eso no es cierto, somos personas totalmente productivas y podemos hacer lo que nos proponemos. No tenemos porque ser seres marginados”, dice convencido. Inició una serie marchas por su país para concienciar a su gobierno y a la sociedad peruana sobre el tema. Hilario recorrió sobre su bicicleta el litoral peruano de punta a punta (2.272 kilómetros) y realizó giras por varios países latinoamericanos como el mismo Perú, Ecuador y Colombia. Sus hazañas le llevaron a que varias empresas latinoamericanas le quisieran ayudar y consiguió una pierna para poder correr con la bicicleta. Tales fueron sus méritos que fue nominado a los Premios Principe de Asturias del Deporte en 2005.

En 2006, llegó un momento en el que Israel quería seguir avanzando. “Quería ser un ciclista paralímpico. Formar parte de un equipo e ir a unos Juegos Olímpicos. Por eso me planteé la posibilidad de venir a Europa porque es aquí donde están los mejores equipos”, explica, añadiendo que “para cualquier persona un cambio de vida es muy complicado, pero para un discapacitado lo es mucho más”. Hilario recayó en Bilbao y comenzó a entrenar con el equipo Vida Paralímpica, y se esforzó para poder cumplir su sueño de ir a las olimpiadas. La mira estaba puesta en Pekín 2008, pero una lesión meses antes de la competición por una por sobrecargar en una carrera, le impidió ir. El traspié no le ha borrado las ganas y su objetivo ahora es participar en Londres 2012. “Es mi sueño. Me gustaría poder hacerlo con Perú, pero en el deporte no hay fronteras”, asegura.

Actualmente, Israel divide su vida entre el trabajo, es auxiliar de transporte, y el deporte. Cuenta con la ayuda de la Fundación Saiatu y la de su novia, Sandra, quien vive junto a él cada reto. “Es lo más importante. Ha sido una suerte encontrarla porque es mi apoyo. Si en algún momento tengo alguna duda, allí está ella para solucionarla. Le debo mucho”, comenta como toda una declaración de amor. Sandra acudió junto a Israel el pasado 19 de junio a Sabiñánigo esperarlo en línea de llegada. El “señor sin pata”, como se autodefine, terminó la carrera, a pesar de todas las penurias que pasó por el clima. Su tiempo fue lo de menos, 10 horas y 11 minutos, lo de más, su ganas, esfuerzo y su mensaje: la discapacidad, no es incapacidad.

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