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Cuarenta artesanos muestran en el parque sus destrezas con la madera, el metal o la aguja

Los tenderetes estuvieron muy animados toda la jornada a pesar del intenso viento que soplabaLos feriantes se mostraron contentos con el nuevo espacio, en la pérgola junto al solarium.

Cuarenta artesanos muestran en el parque  sus destrezas con la madera, el metal o la aguja
Cuarenta artesanos muestran en el parque sus destrezas con la madera, el metal o la aguja

Espadas y escudos esculpidos en mármol, cremas naturales realizadas con fórmulas antiguas, ruedas convertidas en abarcas, todo tipo de utensilios de cocina tallados en madera, alhajas de aluminio, abanicos pintados a mano, llaveros y broches cosidos con fieltro, sombreros de paja, caracoleras trenzadas en mimbre, setas deshidratadas, chocolates artesanos... La XXVII edición de la feria que organiza la peña La Parrilla atrajo a cuarenta artesanos de toda la provincia que exhibieron sus trabajos manuales ante cientos y cientos de oscenses que se pasearon por el parque Miguel Servet.

La nueva ubicación del Mercado de Artesanía, en la pérgola junto al solarium y el nuevo estanque, no disgustó a los comerciantes. "Es privilegiado. En pocas ferias ponen un sitio como este. Estamos resguardados del aire y si hiciera sol, también nos taparían los árboles", comentaba Joaquín Fumanal, de la cestería 'La Moderna' de Barbastro. En su puesto se arremolinaban caracoleras, sillones de mimbre o enea, y gorros artesanos de paja a los que los turistas no quitaban ojo. Además, habían programado dos demostraciones para que los oscenses pudieran ver como las laboriosas manos de Joaquín padre, "el maestro" como lo definía su hijo, tejían el asiento de una silla.

También artesanas eran las abarcas que, como antaño, Vicente Colomina saca de ruedas de coches. Junto a ellas ceniceros tallados en olivo, obra de un amigo, capazas para ir a la compra o botas de vino artesanas. Él es de Graus, y allí posee su propia tienda, como también la tiene la familia Fumanal en Barbastro, pero aprecian mucho estas ferias. "Necesitamos que la gente valore la artesanía", recalcaba Colomina. Su vecino barbastrense iba más allá y reconocía que para ellos este tipo de certámenes "son imprescindibles y más ahora porque tal y como está el mercado con esto de la crisis...". Y es que "aunque la feria sea muy pequeña, siempre haces nuevos clientes".

De la misma opinión se mostraba la artesana de 'Las amapolas de Nicola'. "Antes servíamos a diferentes tiendas, pero ahora, con la situación económica muchas están desapareciendo, y esta es una posibilidad más de vender", explicaba. Lo sabe bien porque lleva años en este negocio y ya se ha organizado para recorrer el mes de julio el sur de Italia y en agosto, el Pirineo con su bisutería de aluminio, cobre plateado, cristal de murano y piedra dura. "Estos pendientes -señalando unos de los más sencillos-, costará unos 20 minutos realizarlos, pero a veces la gente no lo valora". Tal vez por eso o tal vez la crisis, más de uno de los comerciantes aseguraba ayer que entre los cientos de curiosos alguno que otro intentaba regatear.

También las hilanderas de Almudévar tuvieron su hueco en la feria y triunfaron. "Nos han hecho muchas fotos, sobre todo los niños, y lo que más gusta son estas prendas que hemos tejido con pelo de mastín", comentaba Nelly Cajal. Ella era la encargada de torcer dos 'husadas' para formar el hilo que tejía una compañera. Antes de eso, una mujer 'escopiñaba' (limpiaba) la lana, una segunda la cardaba, había otra que formaba copos y una última, con el huso, sacaba el fino hilo que son capaces de convertir en cálidos patucos para dormir, calcetines, gorros y bufandas.

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