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Huesca

LA GRADA

Una caldera de pasión lleva al Huesca a la victoria

La afición respondió como nunca ante la importancia del partido y El Alcoraz estuvo a reventar para llevar al equipo en volandas. La victoria es un paso de gigante para que el Huesca se quede un año más en Segunda.

El Alcoraz se transformó ayer en una caldera de pasión. Más de 90 minutos de emoción y de épica, porque este equipo está abonado al sufrimiento. La afición entendió la importancia del partido y se enchufó desde minutos antes del pitido inicial. No rebló con el gol de Enrique. Ni flaqueó cuando Don Antonio Doblas evitó el 0-2 al matar un jugadón de Tristán que se cosió el balón a su bota desde el centro del campo y se plantó delante del gran portero en dos quiebros. Igual la estampita de san Antonio portada por un aficionado echó una mano, porque ayer era todo necesario para frenar al Cádiz, primero, y para doblegarlo, después. Alcorazados era la punta de lanza de la afición. Bien su tifo y buena la leyenda: "Juntos luchamos, juntos vencemos". Bastante currado, con la cruz de San Jorge dominando el fondo de la tela. Los Fenómenos sacaban su banderón por su lado. Al revés, pero efectivo. Si alguien es maniático, pues nada, que siempre lo saquen así.

El Cádiz llegó con Tristán como bandera. Sigue siendo un lujo de jugador. Al menos mientras la gasolina le dura. Se pegó con Corona, con Helguera. Con todo aquél que pasaba a su lado. Los gaditanos se aprovechaban de un Huesca deslabazado. Un puro manojo de nervios. La grada era lo mejor del partido. La afición era el jugador número 12. Y es que el Huesca tardó 30 minutos en saber que el Cádiz tenía portero.

El partido viajaba más cerca del 0-2 que de otra cosa cuando en estas Helguera cazó el empate. Vaya gol. No se lo creía. De los de buscar en Youtube. El cántabro se quedó dos segundos parado, alzó los brazos y luego ya se volvió loco. Se fue al banquillo, aplastó a Paredes, chocó con Corona y el delegado Villacampa echaba mano de su móvil para hacer una foto que puede ser histórica. Tres minutos después, casi desde el punto donde lanzó su misil tierra aire a la escuadra izquierda de Dani, llevó el esférico a cinco metros de la cepa del poste derecho. El fútbol es lo que tiene; o limpia las telarañas o agujerea la publicidad.

El 1-1 dejaba la puerta abierta para quedarse con los tres puntos en juego. El primer tiempo ya moría con la grada enchufadisima y la afición del Cádiz ahogada entre los cánticos oscenses. Eso sí, los gaditanos eran pocos pero bulliciosos. Sus cánticos no se escuchaban, pero la coreografía era acompasada.

La segunda parte arrancó con un sustito del Cádiz y el riesgo de que el partido entrara en el terreno de la bronca. Espárrago quitó a Tristán y el sevillano casi deja de regalo un gol de falta. Se fue por poco, encogió el corazón de la grada y volvieron las dudas a un Huesca con algo más que un pié en la Segunda B.

Calderón empezó a mover el banquillo. La entrada de Moisés fue vitoreada como la entrada de los aliados en París. Tan atronadora que la retirada de Rodrigo pasó desapercibida. Menuda ovación se llevó el delantero que luego fue vital para habilitar a Camacho en el gol de la victoria. Pero hasta ese momento, el pánico se apoderó de la grada. No era para menos. Helguera perdió los nervios con un rival, se revolvió, el árbitro lo vio y lo echó. Con 10 jugadores se afrontaba la recta final del choque y la necesidad de ganar. Casi nada. Y allí empezó a carburar mejor el Huesca. Camacho salió de la nada para apuntillar al Cádiz. El 2-1 se festejó como si la permanencia fuera un hecho. Al final, todo El Alcoraz pedía la hora. No se quería sufrir más porque el Cádiz amenazaba con empatar el partido.

Tras el pitido final, la alegría se desbordó Calderón y los jugadores salieron al centro del campo para agradecer a la afición el respaldo ofrecido. Rico y Sorribas lanzaron sus camisetas a la afición. Armando Borraz salió al campo empujado por el capitán.

Al final, desde el centro del campo, Doblas y Camacho correspondían a la ovación de los aficionados en una imagen que sonó a despedida.

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