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La final de nuestro Mundial

El Huesca juega esta tarde (18.00) el partido más importante de los dos últimos años. Debe ganar al Cádiz para conservar opciones de salvación.

Vicente Pascual y Juanjo Camacho porfían por una pelota durante el entrenamiento de ayer por la mañana en el Instituto Montearagón.
La final de nuestro Mundial
JAVIER BLASCO

Es difícil recordar un partido que haya levantado más expectación que este, cargado de alicientes por lo que hay en juego y aderezado con otro lleno para la historia en El Alcoraz. El tiempo se detiene en ocasiones así. Da igual que el Cádiz lleve una trayectoria ascendente y que el Huesca se haya estancado en las últimas semanas. A las seis empieza una final con mayúsculas y en ellas no hay favorito que valga ni apoyo que se pueda escatimar. Es un día grande. Para darlo todo.

Hay tantos equipos implicados en el descenso, tantos encuentros con algo en juego por abajo y también por arriba, que las cuentas se hacen infinitas y poco resolutivas. La gran verdad es que si el Huesca gana habrá dado un paso de gigante hacia la salvación y que si pierde habrá dado el mismo paso en sentido opuesto.

Más que nunca hay que dejar las matemáticas al margen y pensar con el corazón. El equipo azulgrana precisa al menos cuatro de los seis puntos que quedan por disputarse para conseguir la permanencia. La escasa suma en las ocho últimas semanas, en las que los resultados han sufrido una clara involución, tienen la culpa de una situación tan delicada. Pero lo importante es que hay remedio.

El Huesca está entusiasmado y su entorno también. El conjunto de Calderón ha dado múltiples muestras de fortaleza en momentos complicados, tantas como para creer en él y convencerse de que puede ganar al Cádiz, que llega con un punto más en la clasificación. Tras el empate en el Ramón de Carranza, el triunfo significaría arrebatarle el golaverage particular, cuestión fundamental porque el cuadro amarillo se quedaría a dos puntos de distancia y un empate de los oscenses en Vigo podría ser suficiente para dejarlo por detrás en la tabla.

La feliz idea de tirar los precios por los suelos va a propiciar un Alcoraz lleno hasta las grietas, con más de cinco mil almas gritando para no despertar del sueño tan pronto y llegar a tierras gallegas con opciones de permanecer un año más en Segunda.

Los aficionados gaditanos no llegarán al centenar y su presencia debe quedar sumergida entre la marea azulgrana. Habrá que ver cuántos llegan despechados y sin entrada, dispuestos a pegar la oreja al muro o a negociar la reventa en la trastienda desafiando las fuertes medidas de control.

Al partido no le falta morbo por ningún lado, ni siquiera por la condición de cadista consumado que admite el entrenador local, Antonio Calderón. Es normal que le desagrade verse en este fregado, porque desea al mismo tiempo la victoria del Huesca esta tarde y que el Cádiz no baje, premisas que posiblemente no puedan coincidir. La profesión manda sobre los sentimientos, aunque no los gobierne.

No es previsible que Calderón introduzca grandes novedades para este encuentro. El andaluz es amigo de vencer o morir con las mismas botas. Por eso lo normal es que juegue Corona en el eje de la retaguardia e incluso que De la Vega repita en el lateral izquierdo, a pesar de que no se encuentra especialmente cómodo en esa tesitura. No veremos a Borrego, que ayer no acudió al entrenamiento por una gastroenteritis, según explicaron los médicos. Tampoco a Sorribas, aunque la presencia del gran capitán podría ser una sorpresa de última hora por aquello del factor emocional. En la delantera se espera a Moisés, aunque Rodrigo tiene opciones. Y si Rico vuelve al lateral, Vegar cobraría protagonismo.

El Cádiz viene envalentonado. Aunque los últimos resultados le hayan hecho ver la luz, tiene miedo de la derrrota en Huesca porque entonces terminaría la Liga a lo sumo con cincuenta puntos. Y con ese bagaje, por increíble que parezca, ya descendió hace dos años a Segunda B. El recuerdo le crea congoja. Y eso que los gaditanos cierran la Liga frente a un Numancia salvado que tiró la toalla hace días. Pero ese triunfo podría no resultar suficiente.

Esta es la tarde más importante para elevar a los altares el lema que guía espiritualmente al club: Fieles siempre sin reblar.

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