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Locura por verles jugar

Apenas restan 150 entradas para completar un lleno histórico en el decisivo choque del domingo ante el Cádiz.

El técnico, Antonio Calderón, reunió al grupo para charlar al comienzo del entrenamiento celebrado ayer en el campo de El Alcoraz.
Locura por verles jugar
RAFAEL GOBANTES

En apenas día y medio se han vendido casi todas las entradas. La locura por ver el partido del domingo ante el Cádiz es total. Los aficionados han recogido el guiño del club, que ha puesto precios más que populares para el encuentro, entre cinco y diez euros según la localidad. Ayer quedaban solamente 150 entradas a la venta. Lo dicho, la locura.

La directiva se ha propuesto un lleno histórico y lo va a conseguir. La mejor inversión de la temporada es facilitar que haya cinco mil gargantas apoyando al equipo en un momento tan complicado. Como lo fue el fletar once autobuses a Villarreal. Todo está conectado. Aquel gol de Camacho en el descuento tiene que ser una señal.

Cerca de 1.500 entradas son las que completan el aforo si se descuentan los socios. Y todo hace indicar que el cartel de no hay billetes se colgará antes de acabar esta semana de frenesí azulgrana.

En Cádiz hay mosqueo porque apenas van a disponer de entradas. Entienden las limitaciones de aforo del Alcoraz. Incluso la iniciativa del Huesca de querer las gradas llenas de parroquianos. Pero lamentan no poder desplazar el millar de aficionados que estarían dispuestos a movilizarse. Desde el Huesca se anunció que serían algo menos de cien entradas las que irían a manos del club cadista, incluidas las de protocolo. Ahora parece ser que pueden ser incluso menos.

La promoción de tres entradas por socio a cinco euros o a diez si es para la tribuna ha resultado demasiado tentadora, y más con todo lo que hay en juego a estas alturas, como para hacer hueco a la afición visitante. El club azulgrana se escuda en las estrecheces del Alcoraz para ocasiones de este calibre en las que, lógicamente, han de primar sus intereses.

Vuelta a los entrenamientos

En el plano deportivo, el equipo regresó en la tarde de ayer a los entrenamientos para comenzar a preparar el duelo ante el conjunto de Víctor Espárrago, previsto para las seis de la tarde del domingo en horario unificado (salvo el Numancia-Villarreal, que se jugará el día anterior).

La moral de la tropa está intacta. La plantilla asume que es perfectamente normal que estén luchando por la permanencia cuando hay diez equipos implicados en la misma guerra. Saben que dependen de sí mismos y que seguramente no harán falta los seis puntos. Con los cuatro de una victoria y un empate, lo normal es que resulte suficiente.

Pero los tres primeros deben ser los del domingo ante el Cádiz, porque todo lo que no sea ganar a los andaluces trasladaría una desagradable sensación de vértigo para la última jornada, en la que se rinde visita a un Celta de Vigo cuyo comportamiento puede ser una incógnita, y más ahora que se ha hecho público que Eusebio Sacristán no seguirá como entrenador del cuadro celeste.

En el ánimo del plantel azulgrana, en el horizonte de supervivencia, Vigo queda aún muy lejos. Antes llega la final de las finales, la hora de la verdad, el partido del ser o no ser, la cita que aglutina todos los tópicos posibles. La misma sensación de día grande se palpa entre la gente, tanto en la capital como en la provincia o incluso en Zaragoza. Quien más quien menos apura la opción de un socio 'amigo' que le facilite hacerse con una localidad.

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